Mercedes VLE: el nuevo monovolumen con arquitectura de 800 V y más de 700 km de autonomía

Fabricado en España, el nuevo modelo inaugura una nueva familia de furgonetas eléctricas dentro de la estrategia de electrificación de la marca.

Mercedes VLE: el nuevo monovolumen eléctrico que quiere llevar las furgonetas premium al siguiente nivel

Con este modelo, la compañía no solo presenta el relevo de la actual generación de monovolúmenes derivados de vehículos comerciales, sino que inaugura una nueva arquitectura diseñada desde cero para la electrificación.

El resultado es un vehículo que intenta borrar la frontera tradicional entre furgoneta, monovolumen familiar y gran berlina de lujo, apoyándose en cifras de autonomía inéditas en su segmento, una arquitectura eléctrica de 800 voltios y un interior pensado tanto para el transporte de pasajeros como para el ocio o el trabajo en ruta.

El VLE es el primer modelo basado en la nueva plataforma modular VAN.EA, una arquitectura concebida para vehículos eléctricos que también servirá como base para futuros modelos de la marca.

Entre ellos figura el VLS, un monovolumen aún más lujoso que pretende posicionarse como equivalente al Clase S dentro del mundo de las furgonetas de pasajeros.

Esta estrategia refleja el intento de Mercedes-Benz de ampliar el atractivo de un tipo de vehículo que tradicionalmente ha estado asociado al uso profesional o familiar, pero que ahora aspira a convertirse en una alternativa premium para viajes de larga distancia.

Uno de los problemas que históricamente han limitado la expansión de las furgonetas eléctricas es la diferencia de necesidades entre los clientes profesionales y los particulares.

Las empresas de reparto o los pequeños negocios suelen utilizar estos vehículos en rutas cortas y previsibles, con ciclos de trabajo bien definidos y recargas nocturnas en bases propias.

En ese contexto, una autonomía de alrededor de 300 kilómetros suele ser suficiente y el factor decisivo es el precio.

Para el cliente particular, en cambio, las expectativas son muy distintas. Quien compra un vehículo de pasajeros de gran tamaño espera niveles de autonomía, potencia de carga y confort similares a los de un turismo.

En muchos casos, las furgonetas eléctricas existentes han heredado plataformas pensadas originalmente para motores de combustión o para usos comerciales, lo que ha obligado a aceptar compromisos en prestaciones o en capacidad de batería.

Las cifras de ventas reflejan esa situación. Aunque las furgonetas eléctricas han crecido dentro de la gama de Mercedes-Benz Vans, su peso sigue siendo limitado.

En 2025 la división entregó más de 359.000 vehículos, de los cuales unos 28.500 fueron eléctricos, lo que supone aproximadamente un 8 % del total. El objetivo del nuevo VLE es ampliar ese mercado, especialmente entre clientes privados.

La nueva plataforma VAN.EA es la pieza clave de esta estrategia. Mercedes la describe como una arquitectura modular, flexible y escalable, diseñada para permitir diferentes configuraciones sin necesidad de grandes modificaciones estructurales.

En lugar de adaptar una plataforma fija a distintos modelos, la propia base técnica se ha concebido para ajustarse a múltiples usos.

Esto permite desarrollar desde versiones más orientadas al coste hasta variantes claramente premium.

También facilita que futuros modelos derivados como furgonetas comerciales o versiones de lujo puedan compartir la misma base tecnológica, optimizando el desarrollo y la producción.

Aunque la arquitectura se ha diseñado con prioridad para vehículos eléctricos, también se ha previsto su adaptación a motores de combustión mediante una derivación conocida como VAN.CA.

Este cambio refleja la evolución del mercado y el hecho de que la transición hacia la electrificación está siendo más gradual de lo que algunas marcas anticiparon hace unos años.

En el corazón del VLE se encuentra su sistema de baterías. Las versiones principales, VLE 300 y VLE 400 4MATIC, utilizan una batería con química NMC (níquel, manganeso y cobalto) y una capacidad útil de 115 kWh.

Gracias a esta batería y a una aerodinámica especialmente cuidada, con un coeficiente de resistencia de 0.25, la autonomía estimada supera los 700 kilómetros según el ciclo WLTP en las configuraciones más eficientes.

La arquitectura eléctrica de 800 voltios permite aprovechar potencias de carga muy elevadas en corriente continua.

En estaciones adecuadas, el sistema puede alcanzar hasta 320 kW de potencia, lo que permite recuperar energía para unos 320 o 355 kilómetros de autonomía en unos quince minutos, según los datos comunicados durante la presentación.

El tiempo estimado para pasar del 10 al 80 % de carga ronda los 25 minutos en condiciones óptimas.

Para ampliar el abanico de precios y aplicaciones, la gama incorporará también una versión VLE 250 equipada con una batería LFP (litio-ferrofosfato) de 80 kWh.

Esta variante está pensada principalmente para flotas profesionales o servicios de transporte que no necesitan grandes autonomías pero sí un coste más contenido. Aun así, se espera que su alcance real pueda situarse entre 400 y 450 kilómetros.

Las baterías de mayor capacidad utilizan celdas prismáticas suministradas por CATL y adoptan una estructura “cell-to-pack”, en la que los grupos de celdas se integran directamente en el paquete sin módulos intermedios.

Este diseño permite optimizar el espacio y mejorar la densidad energética. Según el fabricante, el proceso de producción de la batería reduce en torno a un 30 % la huella de carbono frente a métodos convencionales, gracias al uso de energías renovables en algunas etapas y a componentes fabricados con más del 50 % de aluminio reciclado.

El sistema de propulsión también refleja la orientación del modelo hacia el confort y las prestaciones.

El VLE 300 emplea un motor eléctrico de 200 kW con tracción delantera, mientras que el VLE 400 4MATIC añade un segundo motor en el eje trasero para ofrecer tracción total y una potencia máxima de 305 kW.

En esta configuración, el vehículo puede acelerar de 0 a 100 km/h en unos 6,5 segundos, una cifra más propia de un turismo de altas prestaciones que de un monovolumen de gran tamaño. La velocidad máxima está limitada a 180 km/h.

Todos los motores utilizados son síncronos de imanes permanentes, una tecnología que Mercedes considera la más adecuada en términos de eficiencia y densidad de potencia.

No obstante, los ingenieros han reconocido que, a lo largo del ciclo de vida de la plataforma, podrían explorarse alternativas sin imanes permanentes debido a las incertidumbres en el suministro de materias primas asociadas a estos componentes.

El diseño exterior también refleja el intento de alejarse de la estética tradicional de las furgonetas.

El VLE mide algo más de 5,3 metros de longitud, con una anchura cercana a los dos metros y una altura inferior a los dos metros, proporciones que buscan equilibrar espacio interior y eficiencia aerodinámica.

La silueta mantiene la forma característica de un monovolumen, pero con líneas más estilizadas y una zaga redondeada.

El frontal adopta una reinterpretación de la parrilla característica de Mercedes, aunque en este caso completamente cerrada, como es habitual en los vehículos eléctricos.

La firma lumínica incorpora motivos en forma de estrella en los faros y una banda de iluminación que recorre el frontal.

En la parte trasera, los pilotos se unen mediante una banda LED que dibuja un arco en la zona superior del portón.

El interior es uno de los aspectos en los que el VLE pretende marcar mayores diferencias respecto a las generaciones anteriores.

El habitáculo puede configurarse con seis, siete u ocho plazas y combina elementos típicos de una furgoneta —como las puertas laterales correderas— con un nivel de tecnología propio de los turismos más avanzados de la marca.

El salpicadero puede integrar la llamada MBUX Superscreen, una superficie de cristal que se extiende prácticamente de lado a lado y que alberga el cuadro digital, la pantalla central y un monitor para el pasajero.

El sistema funciona sobre el nuevo sistema operativo MB.OS, desarrollado internamente por Mercedes-Benz y preparado para recibir actualizaciones remotas de software.

En la parte trasera, el sistema MBUX Rear Space Experience permite desplegar desde el techo una pantalla panorámica de más de 31 pulgadas con resolución 8K.

Este dispositivo está pensado para entretenimiento, videoconferencias o videojuegos durante los viajes. El sistema incluye una cámara integrada y compatibilidad con aplicaciones de streaming.

La modularidad del interior es otro elemento central del proyecto. Los asientos manuales pueden desplazarse a lo largo de raíles en el suelo o retirarse por completo, mientras que las versiones eléctricas permiten reorganizar el habitáculo desde la pantalla central o incluso desde una aplicación móvil.

Con tres filas de asientos instaladas, el maletero ofrece unos 795 litros de capacidad. Si se retiran los asientos traseros, el volumen puede superar los 4.000 litros.

El confort también se apoya en elementos como la suspensión neumática AIRMATIC, capaz de variar la altura de la carrocería, o en sistemas avanzados de climatización que incluyen una bomba de calor multifuente.

El modelo incorpora además dirección a las cuatro ruedas, lo que reduce el radio de giro a unos 10,9 metros y facilita las maniobras en espacios reducidos.

En términos de funcionalidad, el VLE también mejora aspectos que habían sido limitaciones en modelos anteriores.

Por ejemplo, la versión con tracción total puede remolcar hasta 2,5 toneladas, lo que abre la puerta a usos como el arrastre de caravanas, embarcaciones o remolques para caballos.

La producción del nuevo modelo se realizará en la planta de Mercedes-Benz en Vitoria-Gasteiz, una instalación históricamente ligada a la fabricación de furgonetas de la marca. Desde allí se abastecerán los principales mercados europeos.

En cuanto al posicionamiento, Mercedes ha adelantado que el precio de acceso del VLE podría situarse en torno a los 68.000 euros con impuestos para la versión básica con batería LFP.

Las variantes equipadas con la batería de 115 kWh y niveles de equipamiento más altos se moverán claramente en el territorio de los vehículos premium, con precios que pueden superar con facilidad los 100.000 euros dependiendo de la configuración.

Más allá de sus cifras técnicas o de su equipamiento, el VLE representa un movimiento estratégico en un segmento que tradicionalmente ha quedado al margen de la electrificación más avanzada.

Si el modelo consigue combinar autonomía real, capacidad de carga y un nivel de confort comparable al de un turismo de lujo, podría abrir una nueva etapa para los grandes monovolúmenes eléctricos y ampliar el papel de las furgonetas en el mercado de movilidad familiar y profesional.