Nitin Gadkari pide a la industria acelerar el cambio hacia tecnologías limpias mientras el país impulsa el fuerte crecimiento del autobús eléctrico.

La transición energética en el transporte ha recibido un nuevo impulso desde uno de los mercados más grandes del mundo.
El ministro de Transporte por Carretera y Autopistas de India, Nitin Gadkari, ha sido tajante al afirmar que los vehículos impulsados por gasolina y diésel “no tienen futuro”, en un mensaje directo a fabricantes y actores del sector para acelerar el cambio hacia alternativas más limpias.
Durante su intervención en el Busworld India Conclave 2025, Gadkari defendió la necesidad de abandonar progresivamente los combustibles fósiles y avanzar hacia soluciones como la electrificación, los biocombustibles o los gases alternativos.
Su discurso no solo marca una posición política, sino que refleja la dirección estratégica que está tomando el país en materia de movilidad.
El ministro subrayó que el uso continuado de gasolina y diésel supone un problema tanto económico como medioambiental.
Por un lado, India depende en gran medida de las importaciones de petróleo, lo que impacta en su balanza comercial.
Por otro, las emisiones derivadas del transporte siguen siendo uno de los principales retos en términos de calidad del aire y salud pública en las grandes ciudades del país.
En este contexto, Gadkari instó a los fabricantes de equipos originales (OEM) a acelerar el desarrollo y despliegue de tecnologías más limpias.
La electrificación del transporte es, de hecho, uno de los pilares clave en esta transición. Aunque el ministro no ofreció cifras detalladas sobre turismos eléctricos, sí puso el foco en el transporte público, especialmente en el segmento de autobuses.
Según explicó, la demanda de autobuses eléctricos en India podría alcanzar las 150.000 unidades en los próximos tres años, una cifra que contrasta con la capacidad actual de producción, situada en torno a las 70.000 unidades anuales.
Este desfase anticipa un importante esfuerzo industrial en los próximos años, tanto en ampliación de capacidad como en desarrollo tecnológico.
Además, abre oportunidades para fabricantes locales e internacionales que quieran posicionarse en uno de los mercados con mayor potencial de crecimiento en movilidad eléctrica.
Más allá de la electrificación, el hidrógeno también ocupa un lugar relevante en la estrategia del gobierno indio. Gadkari confirmó que ya se están llevando a cabo proyectos piloto con vehículos impulsados por este combustible, incluyendo camiones y autobuses.
En la actualidad, el país cuenta con 10 rutas en operación dentro de estos programas de prueba. Empresas como Tata Motors, Volvo, Ashok Leyland y Mahindra & Mahindra ya participan en estas iniciativas, lo que demuestra el interés de la industria por explorar diferentes vías tecnológicas.
Para el ministro, el hidrógeno representa “el combustible del futuro”, especialmente en aplicaciones donde la electrificación directa puede presentar mayores desafíos, como el transporte pesado de larga distancia.
En paralelo, India continúa desarrollando soluciones basadas en combustibles flexibles. Gadkari destacó el papel del etanol como una alternativa viable, señalando que el país tiene capacidad para producirlo a partir de diversas materias primas.
Actualmente, ya se utilizan mezclas como el E20, y la industria trabaja en motores capaces de adaptarse a diferentes proporciones de combustible.
Este enfoque múltiple que combina electrificación, hidrógeno y biocombustibles refleja una estrategia pragmática que busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles sin apostar exclusivamente por una única tecnología.
En un país con una enorme diversidad geográfica y de usos del transporte, esta flexibilidad puede resultar clave para acelerar la transición.
El discurso del ministro también abordó un aspecto menos visible, pero igualmente importante: la seguridad en el transporte público.
Gadkari anunció cambios en los procesos de certificación de autobuses, que ahora deberán incluir registros en el portal Vahan junto con aprobaciones físicas y en vídeo. Esta medida sustituye el sistema anterior de autocertificación por parte de los fabricantes.
Con este cambio, el gobierno busca elevar los estándares de seguridad y garantizar una mayor supervisión en la fabricación de vehículos destinados al transporte de pasajeros. El ministro aprovechó para pedir a los fabricantes que prioricen la calidad, la seguridad y la comodidad, en lugar de centrarse únicamente en la reducción de costes.
El mensaje general de Gadkari es claro: la transformación del transporte no es solo una cuestión tecnológica, sino también industrial y regulatoria.
La combinación de nuevas normativas, incentivos y presión política está configurando un entorno en el que los fabricantes deberán adaptarse con rapidez si quieren seguir siendo competitivos.
En el caso de India, esta transición adquiere una dimensión especialmente relevante. Se trata del tercer mayor mercado automovilístico del mundo y uno de los que experimentará mayor crecimiento en las próximas décadas.
Las decisiones que se tomen hoy en este país tendrán un impacto significativo en la evolución global del sector.
La afirmación de que los vehículos de gasolina y diésel “no tienen futuro” puede parecer contundente, pero encaja con una tendencia cada vez más extendida a nivel internacional.
Gobiernos de todo el mundo están estableciendo objetivos para reducir o eliminar la venta de vehículos de combustión en las próximas décadas, mientras la industria acelera su apuesta por la electrificación.
En este contexto, India se posiciona como un actor clave que no solo seguirá esta tendencia, sino que podría contribuir a redefinirla. Su enfoque diversificado y su enorme mercado interno convierten al país en un laboratorio a gran escala para las distintas tecnologías de movilidad limpia.
A medida que aumente la demanda de vehículos eléctricos, autobuses de cero emisiones y soluciones basadas en hidrógeno, la presión sobre la industria será cada vez mayor.
Las palabras de Gadkari no son solo una declaración de intenciones, sino un aviso claro: el cambio ya está en marcha, y quienes no se adapten corren el riesgo de quedarse atrás.



