Hasta 475 km en ciudad, carga rápida en 18 minutos y una arquitectura pensada para que nos olvidemos de las furgonetas diésel.

Geely no solo quiere hacerse un hueco en Europa con turismos eléctricos. El gigante chino también ha puesto el foco en uno de los segmentos con mayor crecimiento y transformación del mercado: el de los vehículos comerciales ligeros.
Y para ello acaba de presentar una nueva ofensiva encabezada por la Farizon V7E, una furgoneta eléctrica diseñada específicamente para la logística urbana que combina una plataforma dedicada, carga rápida y hasta 475 kilómetros de autonomía en ciudad.
El debut oficial se ha producido durante el Salón del Vehículo Comercial de Birmingham, donde Farizon ha mostrado tanto la nueva V7E como la actualización 2026 de la furgoneta grande SV.
La estrategia de la marca resulta especialmente ambiciosa si se tiene en cuenta que el mercado europeo de comerciales continúa dominado de forma aplastante por los modelos diésel, que todavía representan alrededor del 80% de las matriculaciones en muchos mercados.
Farizon, integrada dentro del grupo Geely desde 2016, considera precisamente que ahí existe una enorme oportunidad. La compañía asegura haber vendido ya más de 500.000 vehículos comerciales en todo el mundo desde su creación y su objetivo es duplicar esa cifra antes de 2030.
Europa aparece como uno de los grandes escenarios para esa expansión. La nueva V7E se sitúa en el corazón del mercado de reparto urbano, uno de los segmentos más sensibles a la electrificación por cuestiones regulatorias, operativas y económicas.
Pero a diferencia de muchos rivales chinos que han aterrizado en Europa recurriendo a plataformas adaptadas o soluciones de bajo coste, Farizon ha querido apostar por una propuesta más sofisticada desde el punto de vista técnico.
La base de la V7E es una plataforma eléctrica específica de tipo “skateboard” denominada GXA-M, que incorpora tecnología “drive-by-wire”. Esto significa que sistemas como la dirección o los frenos eliminan conexiones mecánicas tradicionales y pasan a funcionar mediante controles electrónicos.
Según la marca, este planteamiento permite mejorar la precisión de conducción, acelerar la respuesta de los sistemas, optimizar la recuperación de energía y aumentar la seguridad operativa.
Pero además tiene otra consecuencia importante en un vehículo comercial: libera espacio estructural y facilita un mejor aprovechamiento interior.
Ese enfoque explica algunas de las cifras más llamativas de la V7E. El piso de carga se sitúa a solo 500 milímetros del suelo, una altura especialmente baja que facilita enormemente las operaciones de carga y descarga en rutas urbanas intensivas.
A ello se suma la ausencia de pilar central y la presencia de puertas correderas a ambos lados, lo que permite una apertura lateral de hasta 1.100 milímetros.
Las puertas traseras, por su parte, pueden abrirse hasta 270 grados. Todo el conjunto está claramente diseñado pensando en operadores de reparto y flotas urbanas, donde cada maniobra y cada segundo de acceso al vehículo tienen impacto directo sobre la productividad diaria.
La versión principal mide 4,995 metros de largo y cuenta con una distancia entre ejes de 3,2 metros. Gracias a ello puede alojar hasta tres europalés en el compartimento trasero.
El volumen de carga alcanza los 6,95 metros cúbicos en la configuración básica, aunque Farizon ofrecerá otras variantes de carrocería con longitudes de 5,49 y 5,99 metros.
En las configuraciones superiores, especialmente con techo elevado, la capacidad de carga podrá alcanzar hasta 13 metros cúbicos. La carga útil máxima anunciada es de 1.338 kilogramos.
Farizon asegura que el desarrollo de la V7E se ha centrado específicamente en maximizar el espacio útil dentro de una huella relativamente compacta. El espacio de carga ofrece 2,7 metros de longitud y 1,7 metros de anchura entre pasos de rueda, unas cifras especialmente relevantes para operadores logísticos urbanos.
Otro de los elementos más destacados del nuevo modelo es su eficiencia. La V7E estará disponible con dos baterías suministradas por CATL: una de 50 kWh y otra de 67 kWh.
Ambas alimentan un motor síncrono de imanes permanentes de 110 kW, equivalentes a unos 150 CV, con un par máximo de 230 Nm.
La autonomía homologada alcanza hasta 204 millas WLTP combinadas para la batería más grande, aproximadamente 328 kilómetros, mientras que en ciclo urbano la cifra puede llegar hasta las 295 millas, unos 475 kilómetros.
La versión de acceso con batería de 50 kWh anuncia hasta 210 millas urbanas de autonomía. El consumo homologado se sitúa entre 15,3 y 15,5 kWh cada 100 kilómetros en entorno urbano, una cifra relativamente contenida para un vehículo comercial de este tamaño y capacidad.
La aerodinámica también ha recibido una atención importante durante el desarrollo. Farizon declara un coeficiente de resistencia de 0,27, un valor muy competitivo dentro del segmento de furgonetas medianas.
Además, el vehículo recurre a tracción delantera y anuncia un radio de giro de apenas seis metros, pensado para mejorar la maniobrabilidad en calles estrechas y centros urbanos congestionados.
En materia de carga, la nueva V7E incorpora un sistema eléctrico de 400 voltios compatible con carga rápida en corriente continua de hasta 100 kW. Esto permite pasar del 20 al 80% de batería en apenas 18 minutos según los datos facilitados por la marca.
La carga en corriente alterna alcanza 11 kW, suficiente para completar una recarga completa en menos de cinco horas. Además, el modelo dispone de función V2L con una salida de 2,2 kW, permitiendo alimentar herramientas eléctricas u otros dispositivos externos directamente desde la batería del vehículo.
Pero uno de los aspectos más interesantes de la estrategia de Farizon en Europa es que la marca está intentando evitar algunos de los errores habituales de otros fabricantes chinos.
En lugar de limitarse a competir exclusivamente mediante precio, Geely ha buscado reforzar el desarrollo técnico de sus comerciales mediante colaboraciones con grandes proveedores occidentales como Bosch y ZF.
La compañía considera que esta aproximación puede ayudar a mejorar tanto la calidad percibida como la adaptación de sus vehículos a las exigencias europeas.
Parte de ese trabajo se refleja también en la seguridad. La V7E cuenta con cinco estrellas Euro NCAP y dispone de cerca de una treintena de asistentes avanzados a la conducción.
Mientras presenta la nueva V7E, Farizon también ha aprovechado el salón británico para anunciar una actualización importante de la gama SV 2026, su furgoneta eléctrica de mayor tamaño.
La SV recibe una nueva versión denominada Core, disponible inicialmente en configuración L1 H1 con baterías de 67 y 83 kWh. Entre el equipamiento aparecen elementos como asientos calefactados, volante multifunción térmico, sistema de visión 360 grados y un paquete completo de asistentes ADAS.
Las variantes superiores añaden funciones específicas para flotas, incluyendo monitorización de carga útil, limpiaparabrisas automáticos y parabrisas calefactable. La gama SV también seguirá ofreciendo una batería de 106 kWh y autonomías de hasta 247 millas WLTP combinadas.
En este caso, el sistema motriz desarrolla 170 kW y 336 Nm de par, mientras que la carga rápida permite recuperar del 20 al 80% de batería en unos 36 minutos.
El desembarco europeo de Farizon se está realizando a través de Jameel Motors en Reino Unido, mientras que en mercados como España la marca ya ha comenzado a introducir la gama SV.
Actualmente, los precios de las Farizon Super Van arrancan alrededor de los 26.800 euros en el mercado español, aunque todavía no se ha confirmado oficialmente cuánto costará la nueva V7E. Precisamente ahí puede encontrarse una de las claves del proyecto.
Si Farizon consigue mantener precios competitivos combinados con autonomías elevadas, buena capacidad de carga y un nivel tecnológico comparable al de las marcas europeas, el segmento de las furgonetas eléctricas podría convertirse en uno de los primeros escenarios donde los fabricantes chinos logren ganar cuota de forma significativa en Europa.
Especialmente en un mercado donde muchas empresas empiezan a priorizar el coste operativo y la eficiencia por encima del valor tradicional de marca.