La elevada dependencia del diésel está pasando factura a Europa con la subida de los precios: 203 millones de euros extra cada día.

Los conductores de turismos pagan 30 euros adicionales al llenar el depósito y los camiones soportan un sobrecoste de 236 euros a la semana. Un nuevo estudio de T&E señala a la electrificación como una de las principales vías para reducir esta exposición.
Europa tiene un problema con el diésel que va mucho más allá de lo que marca el surtidor de una gasolinera. La elevada dependencia de este combustible está haciendo que el continente sea especialmente vulnerable a las actuales perturbaciones del mercado, hasta el punto de asumir un sobrecoste estimado en 203 millones de euros cada día.
Así lo indica un nuevo estudio de Transport & Environment (T&E), que pone cifras al impacto que están teniendo los elevados precios del gasóleo sobre conductores y transportistas europeos.
La situación de Europa es particularmente delicada por una característica que la diferencia de otras regiones: la enorme cantidad de vehículos diésel que todavía circulan por sus carreteras.
Según los datos recogidos por T&E, el 38% de los turismos que circulan actualmente por las carreteras de la Unión Europea son diésel. Décadas de fuerte implantación de esta tecnología han dejado un parque automovilístico muy dependiente de un combustible cuyo precio se encuentra sometido ahora a una fuerte presión.
El resultado ya se nota directamente en el bolsillo. El estudio estima que un conductor de un turismo diésel está pagando actualmente unos 30 euros adicionales cada vez que llena el depósito.
El problema adquiere todavía otra dimensión cuando se analiza el transporte de mercancías.
Buena parte del consumo de gasóleo para transporte por carretera corresponde precisamente a los vehículos industriales. En este caso, el incremento del precio del combustible supone para los camioneros más de 236 euros adicionales por semana.
No es solamente un problema para las empresas de transporte. El combustible forma parte de los costes asociados al movimiento de prácticamente cualquier mercancía, por lo que un incremento sostenido del precio del gasóleo puede terminar repercutiendo sobre otros productos.
Detrás de este encarecimiento se encuentra, según el informe, la escasez existente en el mercado de productos petrolíferos refinados. La diferencia entre el precio del crudo y el del gasóleo se ha ampliado, aumentando el coste que finalmente afrontan los consumidores.
T&E señala además que esta situación está coincidiendo con fuertes beneficios para el sector petrolero. Según sus datos, ocho grandes petroleras obtuvieron 7.500 millones de euros en beneficios extraordinarios en la Unión Europea durante el primer semestre de 2026.
Todo lo que debes saber para viajar con un coche eléctrico
La paradoja es que Europa se encuentra especialmente expuesta precisamente por el enorme peso que todavía mantiene el gasóleo dentro de su sistema de transporte.
La actual situación también pone sobre la mesa las consecuencias a largo plazo de la elevada dieselización del parque europeo.
Isabell Büschel, directora de T&E España, considera que esta estrategia está teniendo ahora un importante coste económico.
«La estrategia europea de “dieselización”, que se ha prolongado durante décadas, se está volviendo en su contra. El aumento de los precios en las gasolineras está afectando a los consumidores, mientras que el incremento de los costes de transporte hace que suba el precio de todo lo demás», afirma Büschel.
El problema no se limita a la cantidad de coches diésel. También afecta a su antigüedad.
El 30% de la flota europea de vehículos diésel tiene más de 15 años, una circunstancia que T&E utiliza para plantear la posibilidad de acelerar su sustitución mediante programas de desguace vinculados a la electrificación.
Francia destaca especialmente dentro del continente, ya que concentra casi una quinta parte de todos los coches diésel de Europa.
El estudio realiza además una comparación que permite dimensionar el coste de la situación actual. Si la prima que Europa está pagando por el gasóleo se mantuviese hasta Navidad, la Unión Europea habría gastado una cantidad equivalente a la necesaria para ofrecer 2.000 euros de ayuda al desguace por cada coche diésel de más de 15 años.
Es decir, el sobrecoste generado durante apenas unos meses permitiría movilizar una cantidad de dinero suficiente para actuar sobre una parte importante del envejecido parque diésel europeo.
Aunque la electrificación es una solución estructural que necesita tiempo para renovar el parque móvil, T&E también plantea medidas que podrían reducir más rápidamente el consumo de combustible.
Entre ellas se encuentra reducir en 10 km/h la velocidad en las autopistas, además de fomentar una conducción más eficiente y aumentar el uso compartido del coche.
Según las estimaciones recogidas en el estudio, estas medidas podrían permitir reducir la demanda de gasóleo hasta un 15%.
A más largo plazo, el informe apuesta por acelerar la sustitución de vehículos diésel por eléctricos. Según Büschel, «cada vehículo diésel que sustituimos por uno eléctrico supone otros mil litros de petróleo ahorrados».
T&E también cuestiona otras posibles respuestas a los elevados precios del combustible, como aumentar la capacidad de refino o reducir los impuestos aplicados a los carburantes.
«Los políticos están barajando la posibilidad de aumentar la capacidad de refino y reducir los impuestos sobre los combustibles, lo que sólo prolongará la situación y trasladará la carga a los contribuyentes», señala Büschel.
La organización propone, en cambio, utilizar parte de los beneficios extraordinarios obtenidos por las petroleras para financiar la electrificación del transporte.
Los datos muestran hasta qué punto la dependencia energética del transporte europeo tiene consecuencias económicas directas. Con 203 millones de euros diarios de sobrecoste, mantener durante meses la actual situación supondría acumular una factura de miles de millones de euros.
Europa se encuentra especialmente expuesta porque todavía conserva decenas de millones de coches diésel en circulación y porque el transporte pesado continúa dependiendo ampliamente de este combustible.
La electrificación no puede sustituir de un día para otro todo ese parque móvil, pero cada vehículo que deja de consumir gasóleo reduce también la exposición a las oscilaciones de su precio.
La actual crisis del gasóleo introduce así un argumento adicional en el debate sobre la transición al coche eléctrico. Ya no se trata únicamente de emisiones o de cumplir los objetivos climáticos europeos.
Reducir el consumo de petróleo también significa reducir la cantidad de dinero que conductores, transportistas y empresas tienen que asumir cada vez que el precio del gasóleo se dispara.
Fuente: www.transportenvironment.org







