En España, las empresas de un sector tan lucrativo como el de las telecomunicaciones deberían de seguir el ejemplo.

Openreach, la empresa británica de telecomunicaciones encargada de construir y mantener la infraestructura física de red en Reino Unido, ha alcanzado las 7.000 furgonetas eléctricas dentro de su flota operativa.
Se trata de un hito relevante porque no hablamos de una flota testimonial ni de vehículos destinados a tareas secundarias, sino de herramientas de trabajo utilizadas por técnicos que se desplazan a diario para mantener cables, postes, centrales, armarios de fibra y redes de telecomunicaciones.
La compañía forma parte del ecosistema de telecomunicaciones británico y cumple una función comparable, salvando las diferencias de mercado, a la que empresas como Movistar desempeña en España en el despliegue y mantenimiento de buena parte de la infraestructura fija.
Según la información publicada, Openreach no ha planteado esta electrificación como una simple operación de imagen. La empresa ha estudiado el kilometraje, los patrones de conducción y las necesidades reales de sus técnicos para decidir qué furgonetas eléctricas encajan mejor en cada tipo de servicio.
Es un detalle importante, porque electrificar una flota profesional no consiste solo en comprar vehículos eléctricos, sino en comprobar que sirven para trabajar todos los días.
Los técnicos de Openreach utilizan estas furgonetas para construir y mantener la red de banda ancha de fibra completa en Reino Unido, tanto en zonas urbanas como rurales.
Eso implica transportar herramientas, equipos y materiales, además de cubrir rutas muy distintas según el territorio.
La compañía asegura que ha tenido en cuenta la opinión de los propios trabajadores durante el proceso, especialmente en todo lo relacionado con la carga y la planificación de los desplazamientos.
La infraestructura de recarga ha sido uno de los puntos centrales del proyecto. Openreach ha instalado más de 4.000 puntos de carga en domicilios de ingenieros y centros operativos.
También ha puesto en marcha sistemas de carga compartida y reservable para empleados que no pueden cargar en casa, además de pruebas con soluciones de carga a través de la acera.
La lección es clara: una gran flota eléctrica solo funciona si detrás hay una red de carga pensada para el uso diario. En el caso de empresas de telecomunicaciones, donde los vehículos son imprescindibles para prestar servicio, la disponibilidad pesa tanto como la autonomía.
España cuenta con un despliegue de fibra muy amplio y con miles de técnicos desplazándose cada día para instalar, reparar y mantener la red.
En ese contexto, las empresas española tienen una oportunidad evidente para acelerar la electrificación de sus vehículos de servicio, siguiendo un modelo parecido al de Openreach: analizar rutas reales, adaptar la recarga a los trabajadores y sustituir progresivamente las furgonetas diésel por eléctricas allí donde ya sean viables.
El caso británico demuestra que la electrificación de las flotas profesionales ya no es una cuestión futura. Está entrando en sectores donde el vehículo es una herramienta básica de trabajo. Y precisamente por eso resulta cada vez más difícil justificar que las grandes compañías con operaciones intensivas en carretera no avancen con mayor decisión.
Openreach ya ha puesto 7.000 furgonetas eléctricas en circulación. Ahora la cuestión es cuándo veremos un movimiento equivalente en España.



