El pozo Nicolasa se convierte en un parque energético con centrales hidráulicas, solar y turbinas de agua que dará electricidad renovable a 30.000 hogares .

El pozo Nicolasa, antiguo enclave minero de Mieres, se prepara para una nueva vida como centro de producción eléctrica renovable.
Hunosa destinará 24 millones de euros a convertir las viejas galerías y estructuras del carbón en un parque energético capaz de abastecer a 30.000 hogares asturianos.
La transformación forma parte del plan empresarial de Hunosa hasta 2028, aprobado esta semana tras el acuerdo entre la compañía pública y los sindicatos.
La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) ha respaldado el documento, que contempla inversiones totales por 110 millones de euros.
El Parque Energético San Nicolás será el segundo proyecto en importancia, solo por detrás de la reconversión de la central térmica de La Pereda.
Esta última recibirá 55 millones para sustituir el carbón por biomasa, mientras que el pozo Nicolasa concentrará 24 millones en instalaciones renovables.
La potencia estimada del nuevo parque ronda los 50 megavatios (MW), aunque estudios técnicos en curso apuntan a que podría alcanzar los 100 MW. Esa capacidad permitiría cubrir el consumo eléctrico de al menos 30.000 viviendas mediante tres sistemas de generación diferenciados.
La pieza central del proyecto será una central hidroeléctrica de bombeo reversible instalada en las antiguas galerías subterráneas. El sistema aprovechará los pozos existentes para trasladar agua hasta un depósito elevado cuando sobre electricidad en la red, almacenándola en forma de energía potencial.
Cuando aumente la demanda, el agua descenderá hacia niveles inferiores accionando turbinas que producirán electricidad.
Este mecanismo, similar al empleado en centrales hidráulicas como Tanes o Rioseco, convertirá el bombeo de agua, tarea necesaria para mantener clausuradas las minas, en parte de un sistema energético útil.
La escombrera del pozo acogerá la segunda instalación: paneles solares fotovoltaicos que transformarán la radiación solar en electricidad. La superficie disponible en este espacio, resultado de décadas de actividad extractiva, encuentra así un uso productivo dentro de la transición energética.
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El proyecto contempla además recuperar los arroyos que actualmente discurren bajo la plaza y la escombrera. Una vez canalizados en superficie, el desnivel natural de estos cauces permitirá instalar pequeñas turbinas hidráulicas que aprovecharán la caída del agua para generar electricidad adicional.
La reconversión del pozo Nicolasa no solo implica infraestructuras, sino también la continuidad laboral de parte de la plantilla. Trabajadores de la antigua explotación minera participarán en el cierre de galerías y en las labores de acondicionamiento necesarias para construir la central de bombeo.
Este aprovechamiento de conocimientos y personal vinculado a la minería facilita la transición hacia un modelo económico distinto.
La experiencia en trabajos subterráneos resulta especialmente valiosa para adaptar espacios que fueron diseñados para la extracción de carbón, no para la generación eléctrica.
El plan empresarial incluye también una posible instalación de e-metanol en una fase posterior. Este combustible sintético de bajas emisiones se presenta como alternativa para descarbonizar el transporte marítimo, uno de los sectores más difíciles de electrificar.
Su fabricación utilizaría gases sobrantes de la futura central de biomasa de La Pereda, situada cerca del pozo Nicolasa. La integración de distintos procesos energéticos en un mismo territorio ejemplifica el concepto de economía circular aplicado a la transición.
La iniciativa conecta con otras apuestas por las renovables que están transformando el mapa energético español. Extremadura ha puesto en marcha uno de sus mayores complejos solares con 330 MW de potencia, mientras regiones como Navarra atraen inversiones millonarias para producir baterías de almacenamiento.
En el ámbito local, proyectos como Morania demuestran que comunidades pequeñas también pueden liderar la transición energética mediante fórmulas cooperativas de autoconsumo.
La potencia definitiva del Parque Energético San Nicolás dependerá de estudios técnicos aún en curso.
El calendario de ejecución se enmarca dentro del plan vigente hasta 2028, aunque la complejidad de las obras subterráneas y la necesidad de certificar seguridad en antiguas galerías podrían condicionar los plazos.
El aprovechamiento de infraestructuras mineras para producir energía limpia ilustra cómo territorios marcados por la extracción de combustibles fósiles pueden pivotar hacia modelos sostenibles.
La experiencia asturiana podría servir de referencia para otras cuencas carboneras europeas que enfrentan retos similares.
La reconversión del pozo Nicolasa representa más que un cambio de actividad económica. Simboliza la capacidad de regiones industriales para adaptarse a nuevas demandas sin renunciar a su identidad productiva ni al empleo de quienes construyeron su economía sobre el carbón.







