La alianza entre Renault y Ford desencadena una carambola estratégica que refuerza a la industria española del automóvil

Ampere, la división eléctrica de Renault, asumirá la producción de los próximos modelos de coches eléctricos de Ford para Europa.

La industria automovilística europea está ajustando sus equilibrios estratégicos a medida que la transición hacia la electrificación se convierte en un factor determinante para la supervivencia y competitividad de sus fábricas.

La reciente alianza entre Renault y Ford es un reflejo claro de estos reajustes. Si bien la atención mediática inicial se centró en la colaboración para el desarrollo de nuevos coches eléctricos, las implicaciones van mucho más allá del producto final: afectan a la geografía productiva del continente, a las tensiones sindicales nacionales y al futuro de fábricas clave en España y Francia.

Ampere, la división dedicada exclusivamente al coche eléctrico dentro del Grupo Renault, será la encargada de fabricar los próximos vehículos eléctricos de Ford destinados al mercado europeo.

Estos modelos, diseñados por la firma estadounidense, serán fabricados en las plantas francesas de Renault, bajo la plataforma tecnológica AmpR, lo que permitirá aprovechar la experiencia acumulada por Renault en vehículos como el Mégane E-Tech, el Scénic, el Renault 5 o el Alpine A290.

Lejos de ser una simple subcontratación, este acuerdo se ha gestado como una operación estratégica para apuntalar el papel de Francia como centro de producción de coches eléctricos.

Las plantas francesas del grupo, ubicadas en Douai, Maubeuge y Dieppe, habían comenzado a experimentar una caída en la demanda de producción, especialmente tras las dudas creadas por parte de la comisión europea respecto al fin de los vehículos de combustión.

En este contexto, la adjudicación de nuevos modelos por parte de Ford no solo garantiza su actividad industrial, sino que actúa como un salvavidas político para el gobierno francés y los sindicatos del sector, que ven así asegurada la continuidad de los empleos ligados al vehículo eléctrico.

La presión sindical en Francia no se ha limitado a defender el volumen de trabajo actual. Desde hace tiempo, algunas organizaciones venían reclamando el traslado de modelos híbridos y de combustión interna, actualmente fabricados en las plantas españolas de Renault, a territorio francés.

En este contexto, España aparece como una beneficiaria colateral del acuerdo. Las fábricas de Renault en Palencia y Valladolid seguirán centradas en los modelos híbridos, como el Austral, el Espace, el Rafale, el Captur o el Symbioz.

Además, la planta de Ford en Almussafes (Valencia) ha recibido una noticia positiva: la adjudicación de nuevos modelos de combustión interna por parte de la marca americana.

Estos modelos formarán parte de la gama global de Ford y se espera que lleguen a partir de 2028, aprovechando la capacidad industrial y la experiencia de la fábrica valenciana, que en los últimos años ha enfrentado una notable caída en la carga de trabajo.

La fábrica, una de las joyas industriales de Ford en Europa, ha estado operando con volúmenes por debajo de su capacidad óptima.

Las dudas sobre su continuidad no eran menores, especialmente después de que Ford anunciara la salida de modelos como el Mondeo, el Galaxy o el S-Max, y tras el cierre de su planta en Saarlouis (Alemania).

La noticia de que nuevos modelos térmicos e híbridos llegarán a partir de 2028 es, por tanto, una señal de confianza en su futuro a medio plazo. Aunque queda un duro periodo de transición.

La alianza Renault-Ford es una muy buena noticia para España, que gracias a los equilibrios industriales consigue garantizar el futuro laboral.

A esta buena noticia se suman otras iniciativas que están llegando a España impulsadas por la transformación del sector hacia la nueva movilidad.

La nueva fábrica de ensamblaje de baterías en Martorell que servirán para equipar a dos nuevos modelos del grupo Volkswagen, como son el ID.Polo y el Cupra Raval.

En Valencia, la empresa Power Co, está creando una planta para la fabricación de las celdas que serán las que luego se ensamblen en Martorell.

Cerrando un círculo perfecto, que garantiza que no se tenga tanta dependencia de proveedores externos.

Además, en Zaragoza se pondrá en marcha la fábrica que la compañía líder mundial en baterías, CATL, construirá para abastecer a la industria automovilística, reforzando así el papel estratégico de España en la cadena de valor del coche eléctrico.

En ese mismo emplazamiento, y como resultado de la alianza entre CATL y Stellantis, se fabricarán cuatro modelos de Leapmotor, una de las marcas chinas con mayor proyección y potencial de éxito en el mercado español.

Lo que está claro, es que estamos ante un cambio en el paradigma de la industria del automóvil. Los prejuicios y los sesgos no deben de cegar en ver el futuro, que es la nueva movilidad.

De momento y a pesar de las voces de alarma sensacionalistas, parece que España está entrando con buen pie en este nuevo e importante cambio que se está produciendo.

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