El arranque de la nueva línea de producción marca el primer paso de Ebro hacia el desarrollo y fabricación de modelos 100% eléctricos propios.

En este año 2026, la histórica marca española EBRO entra en una nueva etapa decisiva con el inicio de la fabricación de vehículos 100% eléctricos en su planta de la Zona Franca de Barcelona.
Tras años de reinvención, y gracias a una sólida alianza con el fabricante chino Chery, la empresa no solo ha reactivado su producción con modelos híbridos y enchufables, sino que ahora pone en marcha una ambiciosa estrategia que la posiciona en el corazón del nuevo mapa industrial de la movilidad eléctrica europea.
Hasta hace poco, EBRO operaba bajo un esquema de ensamblaje SKD (Semi Knock Down), es decir, importando vehículos semimontados desde China y completando parte del proceso en España.
A partir de febrero o marzo de 2026, se implementará el sistema CKD (Completely Knock Down), que implica que los vehículos se ensamblarán completamente en Barcelona, incluyendo procesos clave como la soldadura, la pintura y el montaje final.
Este cambio es mucho más que una mejora técnica: marca el salto hacia una producción industrial madura, con capacidad real de desarrollar una gama propia de vehículos adaptados al gusto europeo.
El primer paso visible de este cambio se da con la producción de dos modelos clave: el Omoda 5 EV y el Jaecoo 5 EV. Aunque su origen esté en la gama de Chery, su ensamblaje en Barcelona los convierte en los primeros eléctricos puros de EBRO.
Con ellos, la marca empieza a cerrar el círculo de tecnologías prometido en su hoja de ruta: motores de combustión interna (ICE), híbridos (HEV), híbridos enchufables (PHEV) y, por fin, eléctricos puros (BEV).
La nueva línea de montaje, identificada como M1 se espera que esté plenamente operativa a mediados de abril de 2026. En ese momento, la producción podría alcanzar un ritmo de 20 coches por hora, lo que supondría más de 135 unidades por turno.
Una vez completada la transición, la fábrica contará con dos cadenas de montaje (M0 y M1) funcionando simultáneamente en turnos de mañana, tarde y noche, con una producción diaria combinada de hasta 180 vehículos.
La modernización de la planta también ha traído consigo un aumento significativo en la plantilla, especialmente con la incorporación de 75 nuevos operarios para cubrir el turno de noche.
Este funcionará de domingo a jueves, con horarios adaptados para compensar la jornada diurna, incluyendo complementos salariales específicos por nocturnidad.
Pero el cambio va más allá de la producción. El ecosistema que EBRO y Chery están construyendo en Cataluña incluye también un ambicioso centro de I+D+i que abrirá sus puertas en otoño de 2026 en Cornellà de Llobregat.
Con 2.000 metros cuadrados, este centro tendrá como objetivo adaptar los vehículos a las necesidades y gustos del cliente europeo, un paso clave si se quiere competir con garantías en un mercado exigente y cada vez más saturado.
La idea es clara: no se trata solo de ensamblar en España, sino de diseñar y desarrollar desde aquí, con talento y visión europea.
La apuesta por la industria local se refuerza aún más con los planes de atraer proveedores chinos a Cataluña. Según Johnson Xu, vicepresidente de la EBRO Factory, esta medida busca fortalecer el tejido industrial auxiliar de la zona y asegurar que la tecnología sea, en sus propias palabras, «puramente europea».
La implicación es evidente: si EBRO quiere jugar un papel relevante en la nueva movilidad, necesita un control más directo sobre su cadena de suministro, y eso pasa por crear un ecosistema productivo cohesionado y eficiente.
En paralelo, la marca no ha dejado de mirar hacia el exterior. Durante 2026, EBRO comenzará a operar comercialmente en Bulgaria, Croacia, Eslovenia y Portugal.
Esta expansión se apoya en la visión compartida por Chery y las autoridades catalanas de convertir a Barcelona no solo en un polo de producción, sino también en la sede europea del fabricante chino.
Uno de los elementos que podría ser clave en este proceso es el montaje local de baterías, algo que se baraja desde mediados de 2025.
La posibilidad de contar con una línea de ensamblaje propia para este componente estratégico consolidaría a EBRO como un actor de peso en la industria eléctrica europea.
Controlar la producción de baterías, más allá de garantizar el suministro, permitiría también avanzar hacia una mayor personalización y competitividad tecnológica.
La historia de EBRO es la de una marca que, tras décadas desaparecida, ha sabido resucitar con una visión global pero anclada en el territorio.
Con la llegada de los primeros coches eléctricos fabricados íntegramente en Barcelona, la apuesta de EBRO deja de ser una promesa para convertirse en una realidad.
El reto ahora no es solo producir, sino demostrar que se puede competir en el mismo terreno que los grandes fabricantes internacionales. Y para eso, 2026 será un año crucial.









