La empresa pública de transporte de la capital belga, STIB-MIVB, amplia de forma notable la presencia de vehículos de cero emisiones en su red urbana.

En total, durante 2026 entrarán en servicio 50 nuevos autobuses eléctricos Mercedes-Benz eCitaro, una incorporación que forma parte de una estrategia mucho más amplia para transformar por completo la flota antes de mediados de la próxima década.
El primer vehículo de esta nueva entrega ya transporta pasajeros desde finales de enero. A lo largo de las próximas semanas se irán incorporando progresivamente el resto de unidades estándar, hasta completar 36 autobuses eléctricos que circularán en la red antes de finales de marzo.
A ellos se sumarán otros 14 autobuses articulados, cuya llegada está prevista para finales de este mismo año.
Los nuevos vehículos se integrarán en distintas líneas del sistema de transporte de Bruselas. Los autobuses estándar se utilizarán principalmente en las líneas 47, 56, 58 y 83, mientras que los articulados reforzarán los servicios en las líneas 46, 53, 87 y 89.
Esta distribución no es casual: responde a la planificación operativa de STIB-MIVB, que está reorganizando progresivamente la red para adaptar cada tipo de autobús eléctrico a las necesidades de capacidad y autonomía de cada ruta.
En el caso de los autobuses estándar, la estrategia operativa se basa en la recarga en depósito. Estos vehículos recargan exclusivamente cuando regresan a las cocheras, lo que simplifica su integración en el servicio diario.
Los autobuses articulados, en cambio, utilizan también infraestructura de carga en la red. En concreto, se apoyan en las instalaciones situadas en Pannenhuis y Westland-Moortebeek, donde pueden recargar durante la jornada operativa.
La llegada de estas nuevas unidades eleva la flota eléctrica de STIB-MIVB a alrededor de 140 autobuses de cero emisiones. Antes de esta última entrega, el operador contaba con 93 autobuses eléctricos de batería, además de 400 autobuses híbridos y 357 vehículos diésel todavía en servicio.
La transición no se ha producido de forma repentina. Los primeros autobuses eléctricos aparecieron en la red bruselense en 2018, cuando comenzaron a operar los primeros midibuses eléctricos a mediados de ese año.
Poco después, durante la segunda mitad de 2018, se incorporaron los primeros autobuses eléctricos de tamaño estándar.
El siguiente paso llegó en abril de 2019 con la entrada en servicio de los primeros autobuses eléctricos articulados.
Ese mismo año también se instalaron las primeras estaciones de recarga, tanto en terminales como en depósitos, marcando el inicio de la infraestructura necesaria para sostener una flota electrificada.
Desde entonces, la presencia de autobuses eléctricos en la red no ha dejado de crecer. Según datos del operador, los vehículos de cero emisiones han recorrido ya más de ocho millones de kilómetros en servicio.
Esta cifra se traduce en una reducción de más de 9.000 toneladas de emisiones de CO₂, teniendo en cuenta el factor de emisiones asociado al mix eléctrico de Bélgica.
Los modelos eléctricos más antiguos de la flota —principalmente autobuses de los fabricantes Bluebus y Solaris— siguen operando en distintas líneas de la ciudad.
Actualmente se utilizan sobre todo en las líneas 13, 37 y 64, donde continúan prestando servicio dentro de la estrategia de electrificación progresiva del sistema.
La nueva entrega de autobuses Mercedes-Benz eCitaro forma parte de un pedido mucho más amplio realizado en 2023. En aquel momento, STIB-MIVB encargó más de un centenar de autobuses eléctricos de este modelo.
El pedido incluía 70 unidades articuladas y 36 autobuses estándar.
Una parte importante de ese contrato ya está operativa. En concreto, 56 autobuses articulados ya circulan en la red de Bruselas.
Las unidades restantes —los 36 autobuses estándar y los 14 articulados pendientes— son las que están llegando a lo largo de 2026.
Este contrato también tuvo un papel relevante dentro de la renovación de la flota. Los nuevos autobuses sustituyeron a 51 vehículos articulados Citaro D2 Euro 5, que formaban parte de la flota anterior del operador.
Además, la adquisición se benefició de financiación europea a través del programa NextGenerationEU, orientado a impulsar inversiones en transición energética y movilidad sostenible en los estados miembros.
La electrificación del sistema de autobuses no se limita únicamente a la compra de vehículos. En paralelo, STIB-MIVB está llevando a cabo una profunda transformación de sus infraestructuras para adaptarlas a las necesidades de una flota eléctrica.
Actualmente existen dos depósitos que permiten estacionar y recargar autobuses eléctricos junto con otros tipos de vehículos: Jacques Brel y Haren. Sin embargo, varios centros logísticos están siendo remodelados para adaptarse a la electrificación.
Entre los proyectos en marcha se encuentran la segunda fase del depósito de Marly, la modernización del depósito Jacques Brel, el equipamiento completo de las instalaciones de Petit Île/Klein Eiland y los trabajos en curso en el depósito de Haren.
También se están realizando obras en el actual depósito Delta para prepararlo para el futuro funcionamiento con autobuses eléctricos.
A medio plazo, la red de infraestructuras seguirá creciendo. Entre 2033 y 2035 está prevista la construcción de un nuevo depósito adicional para autobuses eléctricos en el área de Delta, un proyecto que se desarrollará en colaboración con Bruxelles Environnement.
Otro elemento clave en la electrificación del sistema es la instalación de estaciones de recarga en terminales.
Estas infraestructuras son especialmente importantes para los autobuses articulados, que requieren recargas intermedias durante la jornada para mantener su operatividad.
Las primeras estaciones de este tipo se instalaron en abril de 2019. Dos de ellas se colocaron en la terminal de la línea 64 en Porte de Namur/Naamsepoort, mientras que otras dos se situaron en la entrada del depósito de Haren.
Estas estaciones consisten en mástiles de carga que permiten a los autobuses articulados recargar mediante pantógrafo.
El sistema funciona de forma relativamente rápida. Al llegar al terminal, el autobús eleva el pantógrafo para conectarse al mástil y recibir electricidad durante unos minutos.
Esta recarga breve permite recuperar entre 30 y 40 kilómetros de autonomía, suficiente para continuar el servicio normal en la línea.
Gracias a esta infraestructura, actualmente varias líneas del sistema pueden operarse con autobuses eléctricos articulados. Entre ellas se encuentran las líneas 46, 53, 87 y 89, que utilizan las estaciones de recarga instaladas en distintos puntos de la red.
En los próximos años se añadirán nuevas instalaciones de recarga. El operador prevé que entre 2027 y 2029 se instalen más estaciones en distintas terminales, a medida que avance la electrificación de la flota y se obtengan los permisos necesarios.
El objetivo es que, cuando la transición esté completada, un total de 18 terminales dispongan de infraestructura de recarga.
La electrificación del transporte público en Bruselas responde a una estrategia de largo plazo. La empresa de transporte tiene previsto adquirir alrededor de 300 autobuses eléctricos adicionales en los próximos años.
Estos vehículos sustituirán progresivamente a la mayoría de los 357 autobuses diésel que todavía forman parte de la flota.
El objetivo final es ambicioso: que todos los autobuses que circulen en Bruselas sean eléctricos antes de finales de 2035.
Desde el punto de vista político, el proyecto también forma parte de la estrategia de movilidad sostenible de la región.
La ministra de Movilidad de Bruselas-Capital, Elke Van den Brandt, ha señalado que la incorporación de nuevos autobuses eléctricos supone un paso más hacia la modernización del transporte público.
Según explicó, la apuesta por estos vehículos responde también a una estrategia urbana más amplia.
Los autobuses eléctricos no sólo reducen las emisiones de gases contaminantes, sino que también disminuyen el ruido del tráfico, lo que mejora la calidad de vida en los barrios por los que circulan.
Sin embargo, desde el propio operador recuerdan que la electrificación implica un cambio profundo en la organización del sistema.
El director general de STIB-MIVB, Brieuc de Meeûs, subraya que el desafío no consiste únicamente en adquirir nuevos vehículos.
La transición requiere formar al personal en el manejo de la nueva tecnología, adaptar los procedimientos de mantenimiento y desarrollar una infraestructura completamente nueva.
Esto incluye tanto estaciones de recarga en terminales como la construcción de nuevos depósitos preparados para operar con flotas eléctricas.
En ese sentido, uno de los proyectos más relevantes es el desarrollo de un nuevo depósito con infraestructura de carga avanzada en Neder-Over-Heembeek, que permitirá gestionar de forma más eficiente el creciente número de autobuses eléctricos de la flota.
La transformación del sistema de autobuses de Bruselas refleja una tendencia que se extiende por numerosas ciudades europeas, donde los operadores de transporte público están acelerando la electrificación de sus flotas.
En el caso de la capital belga, la llegada de estos 50 nuevos eCitaro no es un hecho aislado, sino una pieza más dentro de un plan a largo plazo que combina renovación de vehículos, inversión en infraestructuras y reorganización operativa.
Si la hoja de ruta se cumple, en menos de una década Bruselas podría convertirse en una de las capitales europeas con una red de autobuses completamente eléctrica.
Para los usuarios, esto significará un transporte más silencioso y limpio. Para la industria y los operadores, supone un ejemplo de cómo la transición hacia la movilidad eléctrica en el transporte público exige planificación, inversión y una transformación profunda de todo el ecosistema operativo.



