Liverpool arranca la mayor renovación de su red en 40 años con 100 autobuses eléctricos de dos pisos

Las primeras unidades del ADL Enviro400EV se enmarcan dentro de un plan para electrificar la flota y recuperar la gestión pública del servicio.

Liverpool arranca la mayor renovación de su red en 40 años con 100 autobuses eléctricos de dos pisos bajo control público

Liverpool ha dado el primer paso visible hacia una de las transformaciones más ambiciosas de su transporte público en décadas.

El primero de más de un centenar de autobuses eléctricos de dos pisos ya ha llegado a la región, marcando el inicio de un despliegue que no solo tiene implicaciones tecnológicas y ambientales, sino también políticas e industriales.

Las primeras unidades recibidas corresponden al modelo Enviro400EV del fabricante británico Alexander Dennis Limited, conocido comercialmente como ADL.

Se trata de autobuses de dos pisos completamente eléctricos que lucen la nueva librea ‘Metro’ en amarillo, gris y negro, una imagen corporativa que acompañará a la red bajo el nuevo esquema de control público.

Según las imágenes oficiales difundidas, estas primeras entregas pertenecen a la nueva generación del Enviro400EV presentada por ADL en noviembre de 2022.

Desde el punto de vista técnico, el fabricante indica que estas unidades pueden recorrer hasta 275 millas con una sola carga, lo que equivale aproximadamente a 440 kilómetros, tras una sesión de recarga de unos 90 minutos.

En un contexto urbano como el de la Región de la Ciudad de Liverpool, esta autonomía permitiría cubrir la mayor parte de los servicios diarios sin necesidad de recargas intermedias, algo clave para mantener la operatividad y reducir la complejidad logística en cocheras.

El modelo actual marca además una ruptura industrial relevante. La generación anterior del Enviro400 eléctrico se producía en colaboración con la empresa china BYD.

Sin embargo, en esta nueva etapa ADL asume en solitario la responsabilidad del desarrollo y la fabricación del vehículo, reforzando el posicionamiento de la industria británica en un segmento estratégico como es el del autobús eléctrico de gran capacidad.

La Región de la Ciudad de Liverpool recibirá 58 unidades de este modelo como parte de un pedido formalizado a comienzos de 2025.

A estas se sumará un número adicional de vehículos suministrados por otro fabricante británico, Wrightbus. Aunque no se ha detallado el desglose exacto, el objetivo global es desplegar alrededor de 100 nuevos autobuses eléctricos de dos pisos en la región, por lo que se espera que Wrightbus aporte en torno a medio centenar de unidades adicionales.

La integración completa de esta flota está prevista para finales de 2027. Por el momento, los nuevos vehículos no han entrado en servicio comercial.

Según la Autoridad Combinada de la Región de la Ciudad de Liverpool, las próximas semanas estarán dedicadas a la formación de conductores y a la familiarización técnica con los sistemas del autobús antes de que comiencen a transportar pasajeros de manera regular.

Esta fase de transición es habitual en la introducción de nuevas tecnologías, especialmente cuando implican cambios en la gestión energética, la conducción y el mantenimiento.

Más allá de la propulsión eléctrica, los nuevos autobuses incorporan equipamientos orientados a mejorar la experiencia del usuario.

Entre las características destacadas se incluyen mayor espacio para usuarios en silla de ruedas y carritos de bebé, sistemas audiovisuales con información en tiempo real, puntos de carga USB y conexión Wi-Fi gratuita a bordo.

Son elementos que buscan reforzar la competitividad del transporte público frente al vehículo privado en un entorno donde la calidad del servicio resulta determinante.

La llegada de estos autobuses eléctricos no puede entenderse de forma aislada. Forma parte de una reconfiguración estructural del modelo de transporte público en la región.

Como en gran parte del Reino Unido, el sistema de autobuses en Liverpool había operado durante décadas bajo un esquema desregulado dominado por operadores privados.

En 2023, el alcalde Steve Rotheram tomó la decisión de iniciar el proceso para devolver el control del servicio a la esfera pública por primera vez en 40 años.

El nuevo modelo, basado en un sistema de franquicias similar al existente en Londres y actualmente en implantación en Manchester, establece que la autoridad pública define tarifas, rutas y horarios, mientras que los operadores privados compiten por la explotación de las líneas bajo contrato.

En este esquema, los autobuses eléctricos pasarán a ser propiedad de la Autoridad Combinada, reforzando la idea de una red diseñada bajo criterios de servicio público y no exclusivamente de rentabilidad privada.

El despliegue del sistema de franquicias comenzará en St Helens este otoño y se extenderá progresivamente al resto de la región hasta completarse a finales de 2027.

Este calendario coincide con la llegada escalonada de los nuevos autobuses eléctricos, lo que permitirá alinear renovación tecnológica y reforma institucional en un mismo proceso.

Desde el punto de vista financiero, el plan se apoya en el acuerdo de financiación denominado Transport for City Region, dotado con 1.600 millones de libras.

Dentro de este marco se contemplan inversiones significativas en cocheras adaptadas a la electrificación, sistemas inteligentes de billetaje y la adquisición de la nueva flota.

Además, se han anunciado cientos de millones de libras adicionales para modernizar la red de autobuses en los próximos años, con el objetivo de mejorar tiempos de viaje, accesibilidad y sostenibilidad.

La electrificación de la flota de autobuses se integra asimismo en una estrategia climática más amplia. El alcalde ha fijado como meta que la Región de la Ciudad de Liverpool alcance la neutralidad en carbono en 2035.

En ese contexto, la sustitución progresiva de vehículos diésel por unidades cero emisiones constituye una pieza central. Según declaraciones de Steve Rotheram, la llegada de esta flota eléctrica de propiedad pública representa un “punto de inflexión” para el transporte de la región, no solo por su impacto ambiental, sino por el cambio de gobernanza que simboliza.

El programa de inversiones en transporte no se limita a los autobuses.

En los últimos años la región ha desplegado una nueva flota de trenes valorada en 500 millones de libras equipada con tecnología de baterías pionera, ha ampliado la red Merseyrail hasta Maghull North y Headbolt Lane en Kirkby, ha inaugurado un nuevo intercambiador de 35 millones de libras en el centro de St Helens y ha impulsado la construcción del primer nuevo Mersey Ferry en más de 60 años.

La electrificación de los autobuses se inserta así en una visión de sistema integrado que combina distintos modos bajo una estrategia común.

Desde la óptica industrial, el pedido refuerza a dos fabricantes nacionales en un momento en que el mercado europeo del autobús eléctrico vive una transición acelerada.

La capacidad de ADL y Wrightbus para suministrar vehículos de gran autonomía, con recargas relativamente rápidas y especificaciones adaptadas al transporte urbano británico, será determinante para consolidar su posición frente a competidores internacionales.

Para los usuarios, que realizan cientos de miles de desplazamientos diarios en autobús en la región, el impacto será tangible en varios niveles: reducción de emisiones locales, menor ruido, mejora de la calidad del aire y una experiencia a bordo más conectada y accesible.

Pero el verdadero alcance de la iniciativa dependerá de cómo se articule la combinación entre tecnología, financiación sostenida y gestión pública eficiente.

Liverpool se sitúa así en un punto de inflexión donde electrificación y reforma estructural avanzan de la mano. La llegada del primer autobús eléctrico de los más de cien previstos es un hito simbólico, pero también el inicio de un proceso complejo que se extenderá hasta 2027.

En un momento en que muchas ciudades europeas revisan sus modelos de transporte y sus estrategias climáticas, lo que ocurra en la Región de la Ciudad de Liverpool será observado con atención por la industria y por otras autoridades locales.

La cuestión ya no es solo cuántos autobuses eléctricos se incorporan, sino cómo se integran en un sistema capaz de ofrecer un servicio competitivo, sostenible y bajo control público en el largo plazo.