La energía de autoconsumo ya representa cerca del 8% de toda la generación renovable nacional.

El autoconsumo eléctrico ha dejado de ser una solución minoritaria para convertirse en una pieza de enorme peso dentro del sistema energético español.
Los últimos datos provisionales recopilados por el Observatorio de Energías Renovables de Opina 360 a partir de la información de Red Eléctrica de España muestran un crecimiento que hasta hace pocos años parecía impensable.
Durante los últimos doce meses, las instalaciones destinadas a producir electricidad para consumo propio rozaron los 12.400 GWh de generación.
La cifra supone un máximo histórico y confirma el enorme avance de los hogares, las empresas y las industrias que han decidido reducir su dependencia de la red tradicional.
El volumen alcanzado es especialmente significativo porque equivale a cerca del 8% de toda la producción renovable del país.
Es decir, una parte cada vez más relevante de la electricidad limpia que se consume en España ya no procede de grandes centrales o parques energéticos, sino de miles de pequeñas instalaciones repartidas por tejados, naves industriales y edificios de todo el territorio.
La tecnología que sostiene este crecimiento es, sin discusión, la solar fotovoltaica. Los paneles instalados en viviendas, comunidades de vecinos, empresas y fábricas generaron más de 10.000 GWh durante el último año. Ninguna otra tecnología se acerca siquiera a ese volumen.
La distancia con el resto de fuentes renovables es enorme. La biomasa, el biogás, la pequeña hidráulica o la energía eólica aplicada al autoconsumo mantienen una presencia mucho más reducida y testimonial.
Esto demuestra que el despliegue del autoconsumo en España depende, sobre todo, de la facilidad de instalar paneles solares en cubiertas y de los menores costes de esta tecnología frente a otras alternativas.
Otro de los datos más relevantes del informe tiene que ver con el destino de la electricidad producida. Más del 60% de toda la energía generada por las instalaciones de autoconsumo fue utilizada directamente por sus propietarios.
Es decir, la mayor parte de la producción se consume de forma inmediata en las viviendas, oficinas o fábricas donde se genera.
El resto de la energía, los excedentes que no se utilizan en ese momento, se vierte a la red eléctrica.
Esa electricidad sobrante puede ser aprovechada posteriormente por otros consumidores y, en muchos casos, genera una compensación económica en la factura de quien la produce.
Este modelo está permitiendo que el autoconsumo no solo reduzca la dependencia energética de cada usuario, sino que también contribuya a alimentar el conjunto del sistema.
La fotografía cambia ligeramente si se analizan las tecnologías no renovables asociadas al autoconsumo. En este segmento, la cogeneración continúa siendo la principal fuente, con 3.836 GWh generados en el último año.
Esta tecnología representa el 22,8% de toda la energía producida por instalaciones de autoconsumo. A esa cifra se suman otros 590 GWh procedentes de sistemas de residuos no renovables.
En conjunto, tanto la cogeneración como el resto de instalaciones de origen no renovable muestran un patrón similar al de las renovables: alrededor del 63,9% de la electricidad producida se destina al consumo interno inmediato.
Más allá del reparto por tecnologías, el mapa del autoconsumo renovable en España presenta una distribución territorial muy clara. Andalucía lidera con enorme ventaja, gracias a una producción anual de 3.067 GWh.
La comunidad andaluza concentra una gran parte de las instalaciones debido a la elevada radiación solar y a la fuerte implantación de sistemas fotovoltaicos tanto en viviendas como en explotaciones agrícolas e industrias.
Por detrás aparece Cataluña, con 1.917 GWh, seguida de la Comunidad Valenciana, que alcanza 1.490 GWh. Entre las tres autonomías suman el 52,3% de toda la electricidad renovable generada mediante autoconsumo en España.
No es casualidad que el sur y el arco mediterráneo sean las regiones donde el fenómeno avanza con más fuerza.
Son zonas con una mayor disponibilidad de sol durante buena parte del año, lo que permite maximizar el rendimiento de los paneles fotovoltaicos y reducir los plazos de amortización de las instalaciones.
En el extremo opuesto se encuentran territorios con un peso mucho menor dentro del autoconsumo nacional. La Rioja apenas registró 78 GWh de producción renovable, mientras que Asturias se quedó en 42 GWh.
La diferencia con las regiones líderes refleja hasta qué punto la localización geográfica sigue siendo determinante para la rentabilidad de este tipo de sistemas.
Sin embargo, hay una comunidad que destaca por un comportamiento muy particular. Madrid es la única autonomía española donde el autoconsumo representa más de la mitad de toda su generación renovable. En concreto, alcanza el 58,3% de la electricidad limpia producida en la región.
Este dato convierte a la Comunidad de Madrid en un caso singular dentro del panorama energético español.
La ausencia de grandes parques renovables y el enorme peso de las instalaciones domésticas y empresariales explican que las placas solares instaladas en edificios y naves tengan un papel tan relevante dentro de la generación autonómica.
El crecimiento del autoconsumo también puede medirse a través de la potencia instalada. Al cierre del último ejercicio, las instalaciones renovables destinadas a producir electricidad para consumo propio sumaban 9.235 MW. Esa cifra representa el 84,6% de toda la capacidad de autoconsumo existente en España.
Si se compara con el conjunto de la potencia renovable nacional, que asciende a 103.868 MW, el autoconsumo ya supone el 8,9% de toda la infraestructura verde disponible en el país.
El avance es especialmente llamativo si se tiene en cuenta que hace apenas unos años este tipo de instalaciones tenía un peso casi residual.
Una vez más, la solar fotovoltaica domina de forma abrumadora. De los 9.235 MW renovables instalados para autoconsumo, 8.856 MW corresponden a paneles solares.
Esto significa que la fotovoltaica concentra el 81,2% de toda la potencia de autoconsumo y el 17,7% de todos los paneles conectados al sistema eléctrico español.
Las demás tecnologías mantienen una aportación muy limitada. La biomasa y el biogás suman 313 MW, mientras que los residuos renovables alcanzan 32 MW. La hidráulica aporta apenas 18 MW, la eólica se queda en 15 MW y la termosolar apenas representa 1 MW.
En el apartado no renovable, la potencia total asciende a 1.675 MW. La cogeneración vuelve a ser la principal tecnología, con 1.571 MW instalados, frente a los 104 MW de los sistemas basados en residuos no renovables.
Sumando ambos bloques, España dispone ya de 10.910 MW de potencia destinada al autoconsumo. En otras palabras, el 7,4% de toda la capacidad eléctrica nacional pertenece ya a instalaciones pensadas para generar energía allí donde se consume.
La cifra marca un cambio profundo en el modelo energético español. El crecimiento de las placas solares en viviendas, empresas y fábricas demuestra que la generación distribuida está dejando de ser una alternativa marginal.
El autoconsumo se está convirtiendo, poco a poco, en uno de los pilares del sistema eléctrico, con una presencia cada vez mayor y un peso que ya empieza a rivalizar con algunas tecnologías convencionales.

