Mercedes-Benz vuelve a encontrarse en una situación que, hace apenas dos años, parecía improbable: la de tener problemas para satisfacer la demanda de sus coches eléctricos.

Los nuevos CLA y GLC impulsados por batería han generado tal volumen de pedidos que quien formalice hoy una compra deberá asumir un plazo de entrega que se adentra con claridad en la segunda mitad del año.
En la práctica, eso significa esperas de en torno a seis meses, e incluso más según mercado y configuración.
El contraste con la primera generación eléctrica de la marca alemana es evidente. Modelos como el EQC, EQE o EQS no lograron consolidar el impacto comercial que Stuttgart esperaba.
Aquellos vehículos apostaban por una estética diferenciada y por una estrategia de electrificación que, con el paso del tiempo, evidenció limitaciones tanto técnicas como de posicionamiento.
La respuesta de la compañía ha sido un giro profundo en producto y planteamiento: eléctricos más avanzados desde el punto de vista tecnológico, pero integrados en gamas reconocibles y alineados con las versiones de combustión.
Los resultados empiezan a reflejar ese cambio. Según ha explicado Mathias Geisen, responsable de ventas de Mercedes, la tendencia al alza se viene observando desde el cuarto trimestre de 2025.
En ese periodo, las matriculaciones de vehículos 100% eléctricos de la marca crecieron un 18% respecto al trimestre anterior. El dato no solo apunta a una mejora coyuntural, sino a un cambio de dinámica que se ha consolidado en el arranque de 2026.
El grueso de esa demanda se concentra en dos modelos concretos: el CLA eléctrico y el GLC eléctrico. El primero fue presentado oficialmente en el primer trimestre de 2025 y lleva algo menos de un año en el mercado.
El segundo debutó en septiembre de 2025 durante el Salón del Automóvil de Múnich y, en algunos mercados, ni siquiera ha llegado todavía a los concesionarios cuando ya acumula una cartera de pedidos significativa.
La situación es especialmente llamativa en el caso del GLC eléctrico. De acuerdo con la propia compañía, el volumen de reservas es elevado incluso antes de que muchas unidades estén físicamente expuestas en los showrooms.
Es decir, una parte relevante de los compradores ha formalizado su pedido prácticamente “a ciegas”, confiando en la reputación del modelo y en las especificaciones técnicas anunciadas.
A día de hoy, los plazos de entrega para ambos modelos se sitúan en torno a medio año. Un cliente que firme en marzo difícilmente recibirá su coche antes de agosto o septiembre.
En Alemania, donde la demanda está siendo particularmente intensa, la capacidad de suministro ya se proyecta claramente hacia la segunda mitad del ejercicio.
La propia marca admite que está intentando incrementar la producción allí donde es posible para aliviar el cuello de botella.
Geisen ha señalado que Mercedes está tratando de aumentar la capacidad productiva “donde podemos”, consciente de que una espera prolongada puede enfriar parte del impulso comercial.
No obstante, el directivo insiste en que la prioridad no es crecer a cualquier precio, sino consolidar una gama que resulte intrínsecamente atractiva para el cliente.
En ese sentido, desde la compañía se subraya que el éxito actual no está vinculado a incentivos públicos.
En Alemania se ha anunciado recientemente una nueva prima de compra para vehículos eléctricos, pero Mercedes sostiene que la tendencia alcista comenzó antes de esa decisión gubernamental.
El aumento del 18% en el cuarto trimestre de 2025 se produjo con anterioridad a la introducción de la ayuda, lo que, según la marca, demuestra que el atractivo del producto es el factor determinante.
La propuesta técnica de ambos modelos explica parte de ese interés. El CLA eléctrico arranca en España en un entorno de 48.000 euros, con cifras que oscilan entre los 48.050 y los 48.250 euros según las referencias publicadas, sin incluir ayudas o descuentos adicionales.
En su versión de mayor autonomía, el CLA 250+, homologa hasta 792 kilómetros, una cifra que lo sitúa en la parte alta del segmento europeo.
El GLC eléctrico, por su parte, parte desde aproximadamente 71.900 euros, aunque también se han citado precios en torno a 77.125 euros según configuración y mercado.
Su autonomía homologada se mueve entre los 666 y los 713 kilómetros WLTP según versiones y fuentes disponibles.
Más allá de la cifra exacta, el mensaje es claro: Mercedes ha apostado por autonomías elevadas en combinación con arquitectura de 800 voltios y compatibilidad con carga ultrarrápida.
Esta base técnica no solo reduce los tiempos de recarga en estaciones de alta potencia, sino que posiciona a la marca en línea con los estándares más avanzados del mercado europeo.
El cambio estratégico también es visible en el diseño. A diferencia de los primeros EQ, que buscaban diferenciarse de forma muy marcada de sus equivalentes térmicos, el nuevo enfoque integra la electrificación en modelos reconocibles.
El CLA y el GLC eléctricos no rompen con la identidad visual de la gama, lo que facilita la transición para clientes tradicionales de la marca que desean dar el salto a la movilidad eléctrica sin renunciar a la imagen clásica de Mercedes.
Este reposicionamiento llega en un contexto de competencia creciente. BMW, por ejemplo, también está registrando una fuerte demanda para su iX3, con plazos que, según se ha informado, pueden superar incluso el año en algunos casos.
Volvo y otros fabricantes europeos preparan lanzamientos relevantes que mantendrán la presión en el segmento premium eléctrico. En este entorno, asegurar volumen y capacidad industrial será tan importante como ofrecer buenas especificaciones técnicas.
Para Mercedes, el éxito del CLA y del GLC eléctricos tiene además un valor simbólico. Supone validar una segunda fase de su estrategia eléctrica tras el tropiezo inicial.
La marca no ha abandonado la ambición tecnológica, pero ha ajustado el equilibrio entre innovación, diseño y precio. Geisen lo resume en una idea clara: construir coches que funcionen por sí mismos en el mercado, no solo cuando están respaldados por subvenciones.
El tirón comercial también allana el camino para próximos lanzamientos, como el futuro Clase C eléctrico, que podría beneficiarse del mismo planteamiento técnico y estético.
Si la fórmula se mantiene —arquitectura avanzada, autonomías competitivas y precios alineados con el segmento— Mercedes podría consolidar una gama eléctrica coherente y rentable en Europa.
La incógnita ahora es si la compañía logrará acompasar la producción al ritmo de los pedidos sin comprometer márgenes ni calidad.
Aumentar capacidad no es inmediato: implica reorganizar líneas, asegurar suministro de baterías y componentes electrónicos y mantener estándares industriales exigentes.
En un momento en el que la cadena de valor del automóvil sigue tensionada por la electrificación y la transición energética, cada ajuste requiere tiempo y planificación.
En cualquier caso, el dato relevante es que la demanda existe y es sostenida.
Que un SUV eléctrico del segmento medio-alto acumule reservas antes incluso de llegar físicamente a los concesionarios indica que el mercado europeo está entrando en una nueva fase de madurez.
El cliente premium ya no se limita a experimentar con el eléctrico; empieza a adoptarlo como opción principal si el producto cumple en autonomía, precio y experiencia de uso.
Para el usuario, la consecuencia inmediata es clara: quien quiera un CLA o un GLC eléctricos deberá armarse de paciencia. Para la industria, la lectura es más amplia.
El éxito de estos modelos demuestra que el mercado no rechaza el coche eléctrico por principio, sino que exige propuestas equilibradas y competitivas.
Si el producto encaja en expectativas reales de uso y coste, la demanda responde. Y cuando responde por encima de la capacidad de producción, el problema deja de ser convencer al cliente y pasa a ser fabricar lo suficiente.
En ese punto se encuentra hoy Mercedes, y de cómo gestione esta fase dependerá que el actual impulso se convierta en una tendencia estructural o en un pico puntual dentro de una transición todavía en marcha.









