El último informe mundial de generación eléctrica confirma un punto de inflexión: las renovables superan al carbón y la solar impulsa casi todo el crecimiento de la demanda.

El sistema eléctrico mundial ha entrado en una nueva fase. El informe de generación de electricidad de 2025 deja un dato que marca un antes y un después: las energías renovables han superado al carbón como principal fuente de generación global. No se trata de un cambio simbólico, sino del resultado de una transformación estructural impulsada, sobre todo, por el crecimiento sin precedentes de la energía solar.
El dato más llamativo del año es el protagonismo absoluto de la fotovoltaica. La energía solar aumentó su producción un 30% respecto a 2024, lo que equivale a 636 TWh adicionales.
Este incremento no solo la convierte en la tecnología de más rápido crecimiento, sino que también le permite superar por primera vez a la eólica en generación total. Más aún, la solar fue responsable del 75% del crecimiento neto de la demanda eléctrica mundial, consolidándose como el principal motor de expansión del sistema energético.
Detrás de este avance hay un claro protagonista geográfico. China aportó más de la mitad del crecimiento solar global, reforzando su papel como epicentro de la transición energética.
El despliegue masivo de capacidad fotovoltaica en el país asiático está redefiniendo el equilibrio energético mundial y acelerando la sustitución de tecnologías fósiles.
La energía eólica, por su parte, mantuvo una evolución positiva, aunque a un ritmo más moderado. En 2025 creció un 10%, lo que se traduce en 238 TWh adicionales.
Aunque esta cifra es relevante, queda lejos del dinamismo mostrado por la solar. Aun así, ambas tecnologías forman ya un bloque clave dentro del sistema eléctrico, y todo apunta a que juntas superarán a la generación nuclear en 2026, consolidando el liderazgo de las renovables variables.
Otro de los elementos destacados del año ha sido la recuperación de la generación hidroeléctrica. Tras varios ejercicios marcados por condiciones de sequía, la producción hidráulica aumentó en 160 TWh.
Este repunte tuvo un efecto directo sobre el uso del carbón, especialmente en China, donde permitió reducir de forma significativa la dependencia de centrales térmicas que habían actuado como respaldo en años anteriores.
La hidroeléctrica, pese a su variabilidad climática, sigue desempeñando un papel estratégico como tecnología de equilibrio dentro del mix energético.
En el caso de la energía nuclear, el comportamiento fue estable, con un ligero crecimiento del 2% (53 TWh). Aunque continúa siendo una fuente relevante por su capacidad de generación constante, su expansión es notablemente más lenta que la de las renovables.
Este contraste pone de manifiesto una tendencia clara: el crecimiento del sistema eléctrico global se está apoyando cada vez más en tecnologías renovables, mientras que las fuentes tradicionales mantienen un papel más estático.
El gran perdedor del año ha sido, sin duda, el carbón. La generación con este combustible cayó un 0,8%, lo que supone una reducción de 82 TWh.
Más allá del descenso en términos absolutos, el dato clave es que ha perdido su posición dominante. Por primera vez, el conjunto de las energías renovables ha superado al carbón en cuota de generación, con un 33,8% frente al 33,0%. Este cambio refleja una transformación profunda en la estructura energética global.
Además, se ha producido un hecho inédito en Asia: tanto China como India registraron caídas simultáneas en su generación con carbón. Dado que ambos países han sido históricamente los principales motores del consumo de este combustible, este movimiento apunta a un cambio de tendencia con implicaciones globales.
La combinación de expansión renovable, mejoras en almacenamiento y recuperación hidroeléctrica está reduciendo la necesidad de recurrir al carbón como respaldo.
El gas natural, por su parte, mostró un comportamiento prácticamente plano. Su generación apenas creció un 0,7% (46 TWh), lo que indica que se está acercando a un techo en muchos mercados.
En sistemas eléctricos más avanzados, el gas empieza a verse desplazado por la combinación de energía solar y baterías, que ofrece una alternativa cada vez más competitiva tanto en coste como en flexibilidad.
En conjunto, la matriz eléctrica global de 2025 refleja un equilibrio en transición. Las energías renovables alcanzaron una cuota del 33,8%, superando al carbón y marcando un hito histórico.
El gas natural se situó en el 22,2%, mientras que la energía nuclear representó el 9,0% del total. Estos datos no solo muestran una redistribución de las fuentes de generación, sino también un cambio en la lógica del sistema: el crecimiento ya no depende de los combustibles fósiles.
Más allá de las cifras, el año 2025 confirma que la transición energética ha dejado de ser una previsión para convertirse en una realidad tangible.
La energía solar se ha consolidado como la herramienta principal para cubrir la nueva demanda eléctrica, mientras que el carbón inicia un declive que parece estructural.
Al mismo tiempo, tecnologías como la eólica y la hidroeléctrica continúan desempeñando un papel clave en la estabilidad del sistema.
Este nuevo escenario tiene implicaciones directas para sectores como la movilidad eléctrica. A medida que aumenta el peso de las renovables en el mix energético, el impacto ambiental de los vehículos eléctricos se reduce aún más, reforzando su papel como pieza central en la descarbonización del transporte.
El tablero energético global ha cambiado de forma clara en 2025. La caída del carbón y el ascenso de la solar no son fenómenos aislados, sino señales de un cambio profundo en la forma en que el mundo produce y consume electricidad. Todo indica que esta tendencia no solo continuará, sino que se acelerará en los próximos años.
Fuente de Datos: EMBER





