España se afianza como cuarto exportador mundial de aerogeneradores

Una industria con cadena de valor completa que impulsa la independencia energética y el liderazgo tecnológico europeo.

La industria eólica española ha vuelto a exhibir su peso industrial en Europa con la presentación del nuevo Catálogo de la Industria Eólica Española, una herramienta que, más allá de su función informativa, actúa como un termómetro del estado real del sector.

La puesta de largo ha tenido lugar durante WindEurope 2026, celebrado en Madrid hasta el 23 de abril y que ha reunido a más de 16.000 asistentes, consolidándose como uno de los principales puntos de encuentro de la industria eólica europea.

Impulsado por la Asociación Empresarial Eólica (AEE), el catálogo de 2026 refuerza su papel como escaparate internacional de una cadena de valor que en el caso español destaca por su amplitud y grado de integración.

En esta edición, el documento reúne a más de 330 empresas, lo que supone un incremento de participación respecto a la edición anterior presentada en 2024 en Bilbao.

Este crecimiento no es un dato aislado, sino el reflejo de una industria en expansión tanto en el ámbito terrestre como en el marino, dos segmentos que concentran buena parte de las expectativas de desarrollo en los próximos años.

El catálogo ofrece una radiografía detallada de todos los eslabones del sector: desde los servicios de operación y mantenimiento, la logística o la promoción de proyectos, hasta los fabricantes de aerogeneradores y componentes, pasando por centros de investigación, universidades, ingenierías, consultoras, certificadoras, empresas de análisis de recurso, actores financieros y compañías especializadas en eólica marina.

Esta visión transversal permite entender hasta qué punto España ha conseguido consolidar una cadena de valor completa, uno de los elementos diferenciales frente a otros mercados.

El respaldo institucional también forma parte de esta estrategia de posicionamiento. La iniciativa cuenta con la colaboración de ICEX España Exportación e Inversiones, organismo que trabaja junto a la AEE en la internacionalización del sector a través de un acuerdo marco y un plan sectorial específico. En este contexto, el catálogo no solo ordena y visibiliza la industria, sino que actúa como una herramienta de proyección exterior en un momento de creciente competencia global.

Los datos que acompañan esta edición ayudan a dimensionar el alcance del sector eólico español. Con más de 37.000 profesionales y 287 centros industriales, España se sitúa como el cuarto exportador mundial de aerogeneradores, solo por detrás de China, Dinamarca y Alemania, y por delante de Estados Unidos.

En 2025, las exportaciones alcanzaron los 1.953 millones de euros, una cifra que refuerza el papel del país como proveedor de tecnología en los mercados internacionales.

Este posicionamiento industrial se sustenta en una trayectoria de décadas marcada por la inversión continuada, el desarrollo tecnológico y la colaboración entre empresas, instituciones y centros de investigación.

Según los datos aportados, España es además uno de los pocos países que mantiene una cadena de valor completa sin depender de terceros mercados para los componentes de mayor valor añadido, un factor clave para sostener el liderazgo tecnológico en un contexto de creciente presión geopolítica sobre las cadenas de suministro.

La fortaleza industrial tiene su reflejo directo en el sistema eléctrico. La energía eólica se ha consolidado como la primera tecnología en generación en España, con una potencia instalada de 32.910 MW.

Esta capacidad representa el 24% del mix eléctrico y permite cubrir el 22% de la demanda, contribuyendo a la estabilidad y competitividad del sistema.

Más allá de las cifras, estos datos apuntan a un papel estructural de la eólica en la seguridad energética del país, especialmente en un escenario marcado por la electrificación de la economía.

Rocío Sicre, presidenta de la AEE, sintetiza el sentido de esta publicación al definirla como “una fotografía del músculo industrial eólico” de España. En su valoración, la industria europea, y especialmente la española, afronta la responsabilidad de mantener y reforzar su liderazgo en un momento de transformación del modelo energético.

El catálogo, en este sentido, no se limita a ser un directorio empresarial, sino que contribuye a “ordenar, estructurar, mostrar y proyectar al exterior todo el valor” generado por el sector.

La referencia a los retos futuros no es menor. Entre ellos, la electrificación de la economía, la repotenciación de parques existentes, la integración de nuevas tecnologías y el desarrollo de la eólica marina aparecen como ejes clave de crecimiento.

Especialmente este último segmento, aún incipiente en España, concentra una parte relevante de las expectativas industriales y tecnológicas a medio plazo.

El concepto de la eólica como activo industrial trasciende así su papel energético. La industria no solo genera electricidad, sino que articula una red de capacidades que abarca desde la fabricación avanzada hasta la ingeniería, la digitalización o la financiación de proyectos.

Esta dimensión industrial explica por qué España ha logrado posicionarse en la élite global del sector, manteniendo una presencia destacada en las cadenas de suministro internacionales.

En paralelo, la eólica se ha convertido en una de las pocas tecnologías limpias en las que Europa conserva una capacidad industrial completa en los componentes de mayor valor añadido.

Este aspecto, subrayado en varias ocasiones por el sector, adquiere especial relevancia en el contexto actual, donde la autonomía estratégica y la resiliencia de las cadenas de suministro se han convertido en prioridades para la política industrial europea.

La evolución del catálogo, tanto en número de empresas como en alcance, refleja en última instancia una tendencia más amplia: la consolidación de la eólica como uno de los pilares de la industria energética europea.

España, con su combinación de capacidad industrial, base tecnológica y experiencia acumulada, se sitúa en una posición destacada para aprovechar esta dinámica.

En un momento en el que la transición energética entra en una fase más compleja, marcada por la integración de renovables a gran escala y la necesidad de reforzar las redes y los sistemas de almacenamiento, la industria eólica española se presenta como un actor clave no solo en términos de generación, sino también como motor económico e industrial.