Stellantis cierra la planta de motores donde se fabricó el PureTech

La histórica fábrica francesa que produjo 52 millones de motores desde 1969 cierra definitivamente y sus trabajadores fabricarán motores eléctricos.

Stellantis cierra la planta de motores donde se fabricó el PureTech

Stellantis ha cerrado definitivamente la histórica planta de Douvrin, en el norte de Francia, donde durante casi 60 años se fabricaron 52 millones de motores térmicos.

Entre ellos, los polémicos 1.2 PureTech, uno de los mayores fracasos técnicos de la industria automotriz europea que obligó al grupo a pedir disculpas públicamente.

La fábrica abrió sus puertas en 1969 bajo el nombre Française de mécanique, fruto de una alianza entre Peugeot y Renault.

Desde entonces, la planta situada cerca de la frontera con Bélgica se convirtió en una pieza fundamental de la industria europea del automóvil.

A lo largo de su historia, Douvrin llegó a acaparar el 5% de la producción mundial de motores, suministrando mecánicas para marcas como Peugeot, Citroën, Talbot, Jeep, Fiat, BMW, Volvo y Ford.

El motor más recordado fue el TU, producido entre 1986 y 2013, aunque la planta cerró con el amargo sabor del PureTech.

Este motor de tres cilindros, disponible en versiones de 82, 110, 130 y 150 caballos, incorporaba un diseño con la correa de distribución bañada en aceite que provocó cientos de miles de averías en toda Europa.

El problema fue tan grave que Antonio Filosa, máximo responsable de Stellantis, tuvo que pedir disculpas públicamente durante el reciente Salón de París.

La compañía se vio obligada a lanzar una campaña masiva de reparaciones gratuitas para los propietarios afectados.

Hace unos meses, el grupo sustituyó oficialmente el PureTech por el motor 1.2 Turbo, completamente rediseñado y disponible en versiones de 100, 136 y 100 híbrido.

Stellantis ha recolocado a la mayor parte de los trabajadores en otras fábricas de la zona.

Todo lo que debes saber para viajar con un coche eléctrico

Solo 348 empleados dieron el paso a la vecina Automotive Cells Company (ACC), la joint venture creada por Stellantis junto a TotalEnergies y Mercedes-Benz para la fabricación de baterías.

La planta de ACC, situada a pocos metros de la antigua fábrica de motores, representa el futuro de la instalación.

El plan de Stellantis contempla convertir Douvrin en su gran centro neurálgico de producción de baterías para coches eléctricos en Francia.

La transición había sido gradual desde que Stellantis decidió apostar por la electrificación bajo el liderazgo de Carlos Tavares.

Parte de los proyectos se trasladaron a la planta húngara de Szentgotthárd, antigua fábrica de Opel.

Desde el verano, solo quedaban algunas actividades de mecanizado para otras plantas del grupo.

El cierre definitivo se ejecutó este viernes, poniendo fin a una era que comenzó hace casi seis décadas.

Francia pierde así uno de los símbolos de su industria automotriz en plena transformación del sector.

La decisión de Stellantis refleja el cambio estructural que atraviesa la automoción europea, donde la caída de la demanda y la presión de los fabricantes chinos obligan a cerrar capacidad productiva.

Stellantis ha reorientado parte de sus inversiones hacia otros mercados ante las dificultades en el continente. El grupo italofrancés no es el único que enfrenta este escenario de reconversión.

La estrategia de electrificación del grupo avanza con nuevos modelos eléctricos, aunque el camino está resultando más complejo de lo previsto.

La planta de ACC, sin embargo, solo absorbió a una parte minoritaria de la plantilla original. El resto de trabajadores fueron distribuidos entre otras instalaciones del grupo en la región, aunque el impacto social del cierre es innegable.

Douvrin se suma así a la lista de plantas europeas que cierran o reducen actividad en estos meses.

La capacidad de producción sobrante en Europa se ha convertido en uno de los principales problemas del sector.

Los fabricantes tradicionales luchan por ajustar sus estructuras mientras intentan competir con los vehículos eléctricos chinos que llegan a precios muy competitivos.

El caso de Douvrin ejemplifica perfectamente esta transición: una fábrica histórica que fabricó millones de motores de combustión cierra sus puertas justo cuando a su lado crece una gigafactoría de baterías.

El futuro de la automoción europea pasa por las baterías y los vehículos eléctricos, pero el camino hasta allí está dejando numerosas víctimas.

Este cierre importa porque simboliza el final de una era industrial en Europa y los desafíos que enfrentan los trabajadores durante la transición energética.

La velocidad del cambio hacia la electrificación está forzando decisiones dolorosas que afectan a comunidades enteras que durante décadas dependieron de la fabricación de motores térmicos.

El caso de Douvrin demuestra que la transformación del sector no solo es tecnológica, sino también social.