Los datos reales de usuarios y pruebas independientes muestran que las baterías mantienen gran parte de su capacidad tras recorrer cientos de miles de kilómetros.

La durabilidad de las baterías sigue siendo una de las cuestiones que más dudas genera entre quienes valoran la compra de un coche eléctrico, especialmente en el mercado de ocasión.
Durante años, una parte de los consumidores ha asumido que el paso del tiempo y la acumulación de kilómetros provocarían una pérdida rápida de capacidad, reduciendo de forma significativa la autonomía y comprometiendo el valor del vehículo.
Sin embargo, los datos reales recopilados a gran escala vuelven a apuntar en la dirección contraria.
Si estás pensando pensando en comprar un coche eléctrico:
Dos análisis independientes realizados recientemente sobre miles de vehículos eléctricos ofrecen una fotografía especialmente interesante sobre el envejecimiento de las baterías. Por un lado, el canal francés La Chaîne EV recopiló información de 3.055 coches eléctricos, incluyendo cerca de 1.500 registros de estado de salud de la batería.
Por otro, la empresa sueca Riddermark Bil analizó más de 8.200 vehículos usados mediante pruebas específicas realizadas con el sistema Aviloo FlashTest.
Aunque ambos estudios presentan metodologías diferentes y no pueden considerarse ensayos científicos de laboratorio, sí aportan algo especialmente valioso: una enorme cantidad de datos procedentes de vehículos que circulan diariamente en condiciones reales.
Los resultados coinciden en una conclusión fundamental. La degradación existe, como ocurre en cualquier batería de litio, pero se produce de forma mucho más lenta y moderada de lo que todavía imaginan muchos compradores.
En el caso de la encuesta francesa, el estado de salud medio, conocido como SoH (State of Health), alcanzó el 94,8%. Este indicador refleja la capacidad que conserva una batería respecto a cuando salió de fábrica.
Un valor del 100% corresponde a una batería nueva, mientras que un 90% implica que la batería mantiene nueve décimas partes de su capacidad original.
Lo más llamativo es que el 88% de los vehículos analizados seguía conservando al menos el 90% de su capacidad inicial. Son cifras que contrastan con la percepción todavía extendida entre algunos consumidores de que las baterías sufren una degradación acelerada a medida que acumulan kilómetros.
La evolución observada según el kilometraje resulta especialmente reveladora. Los vehículos con menos de 50.000 kilómetros mostraban una media del 95,9%. Entre los 50.000 y los 100.000 kilómetros el valor apenas descendía hasta el 94,7%. En aquellos que habían recorrido entre 100.000 y 150.000 kilómetros, el promedio se situaba en el 93,6%.
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La tendencia continuaba siendo gradual incluso cuando se alcanzaban cifras que tradicionalmente se consideran elevadas en la industria del automóvil. Los coches con aproximadamente 200.000 kilómetros mantenían una media del 92,1%, mientras que aquellos que habían superado esa barrera seguían registrando un notable 90,2%.
Estos datos dibujan una curva de degradación muy diferente a la que durante años se utilizó para cuestionar la viabilidad del coche eléctrico. Lejos de sufrir una pérdida brusca de prestaciones, las baterías parecen experimentar una reducción progresiva y relativamente predecible de capacidad.
Las conclusiones obtenidas en Suecia refuerzan todavía más esta percepción. Riddermark Bil sometió a pruebas completas más de 8.200 vehículos eléctricos usados, encontrando una salud media de batería del 93,7%.
Además, nueve de cada diez vehículos superaron las evaluaciones sin registrar incidencias relevantes.
La distribución de resultados también resulta significativa. La mayor parte de los vehículos mantenía entre el 90% y el 95% de su capacidad original, mientras que aproximadamente un tercio seguía por encima del 95%.
Quizá uno de los datos más sorprendentes del análisis sueco sea que únicamente dos vehículos presentaron una salud inferior al 70% dentro de una muestra superior a las 8.200 unidades. Se trata de una cifra prácticamente residual que pone en contexto el temor a encontrarse con baterías severamente degradadas en el mercado de segunda mano.
La importancia de estos resultados aumenta si se tiene en cuenta que el kilometraje mediano de la muestra alcanzó los 69.885 kilómetros. Algunos modelos analizados superaban ampliamente los 80.000 kilómetros de media e incluso rebasaban los 115.000 kilómetros en determinados casos, sin que ello se tradujera en pérdidas significativas de capacidad.
Otro aspecto interesante de ambos estudios es la posibilidad de comparar el comportamiento de diferentes fabricantes.
En la encuesta francesa, Kia encabezó la clasificación con un espectacular 99% de capacidad media conservada. Hyundai se situó inmediatamente después con un 98%. Volvo alcanzó el 96%, mientras que MG registró un 95%, aunque sobre muestras más reducidas.
Tesla, que contaba con una representación especialmente elevada dentro del estudio, obtuvo una media del 93,5%. Teniendo en cuenta que muchos de los Tesla incluidos acumulaban kilometrajes importantes, el resultado sigue siendo especialmente sólido.
Por su parte, el análisis sueco permitió profundizar todavía más en determinados modelos concretos. El Kia Niro EV destacó con una salud media del 98,1% tras 82 pruebas realizadas. También sobresalieron el Kia EV6 con un 96,4% y el Kia e-Niro con un 96,2%.
Entre los mejores resultados aparecieron igualmente el BMW i4 con un 95,6% y el Volvo XC40 con un 95,3%.
Tesla volvió a mostrar cifras consistentes gracias al elevado número de unidades analizadas. El Model Y equipado con batería de 60,5 kWh registró una media del 94,7%, mientras que la versión con batería de 78,8 kWh alcanzó el 93,8% sobre una muestra de 1.127 vehículos.
El Model 3 también presentó resultados muy similares, con un 94,4% en la versión de menor capacidad y un 93,6% en la de mayor batería.
Otros modelos destacados fueron el Audi Q4 e-tron, Audi e-tron 55, Volkswagen ID.3, Polestar 2, Volkswagen ID.4 y Skoda Enyaq iV, todos ellos moviéndose en una horquilla comprendida entre el 93,5% y el 94,5% de salud media.
Más allá de los rankings, estos datos permiten abordar una cuestión que sigue generando debate dentro del sector: el comportamiento de las baterías NCM, una de las químicas más extendidas en la industria.
Con frecuencia se afirma que las baterías NCM (níquel, cobalto y manganeso) sufren una degradación elevada frente a otras tecnologías más recientes como las LFP. Sin embargo, los resultados observados en miles de vehículos reales invitan a matizar considerablemente esta idea.
Las baterías NCM sí se degradan, como cualquier batería de litio. La degradación cero no existe. No obstante, los datos muestran que dicha degradación suele ser relativamente limitada y compatible con una vida útil muy prolongada.
Muchos de los modelos mejor posicionados en estos estudios utilizan precisamente químicas NCM y continúan conservando más del 90% de su capacidad tras años de uso y decenas o incluso cientos de miles de kilómetros.
La realidad que reflejan los datos es que factores como la gestión térmica, la calidad del sistema de control de la batería, las estrategias de carga y descarga o el diseño global del vehículo pueden tener tanta o más importancia que la propia química empleada.
Esto ayuda a explicar por qué vehículos equipados con baterías NCM siguen mostrando estados de salud superiores al 93%, 94% o incluso 95% después de largos periodos de utilización.
Otro elemento relevante es el creciente protagonismo del SoH en el mercado de ocasión. Durante décadas, el kilometraje fue el principal indicador utilizado para valorar un vehículo usado. En los eléctricos, la situación está evolucionando hacia un escenario diferente.
Dos coches idénticos con el mismo kilometraje pueden presentar estados de batería distintos dependiendo de cómo hayan sido utilizados y mantenidos. Por este motivo, el certificado de salud de la batería se está convirtiendo progresivamente en una herramienta clave para compradores y vendedores.
La existencia de sistemas de diagnóstico cada vez más precisos también está contribuyendo a generar confianza en este segmento, permitiendo conocer con bastante exactitud el estado real del componente más costoso del vehículo.
La encuesta de La Chaîne EV aporta además otro dato especialmente significativo. El 96% de los participantes considera que su coche eléctrico es más fiable que el vehículo de combustión que utilizaba anteriormente. Aunque se trata de una percepción subjetiva, refleja una tendencia cada vez más visible entre los usuarios con experiencia directa en movilidad eléctrica.
En conjunto, los resultados de ambos estudios muestran una imagen coherente. Las baterías actuales no son inmunes al paso del tiempo, pero tampoco sufren el deterioro acelerado que durante años alimentó buena parte de las dudas alrededor del coche eléctrico.
Con medias de salud situadas entre el 93% y el 95%, incluso tras recorridos importantes, y con numerosos vehículos superando holgadamente los 200.000 kilómetros manteniendo más del 90% de su capacidad, la evidencia acumulada apunta a una tecnología mucho más duradera de lo que muchos esperaban.
Para fabricantes, compradores de vehículos nuevos y especialmente para el mercado de segunda mano, esta evolución supone un factor clave, ya que refuerza el valor residual de los eléctricos y reduce una de las principales barreras psicológicas que todavía frenan a parte de los consumidores














