Donut Lab y Verge muestran los resultados de su batería en estado sólido

La carga ultrarrápida da un paso fuera del laboratorio: Donut Lab y Verge enseñan de lo que es capaz las baterías en estado sólido.

Donut Lab y Verge muestran los resultados de su batería en estado sólido

La industria de la movilidad eléctrica lleva años persiguiendo una promesa que, hasta ahora, se ha resistido a materializarse fuera de entornos controlados: baterías capaces de cargarse en cuestión de minutos sin comprometer seguridad, vida útil o complejidad técnica.

En ese contexto, la última demostración conjunta de Donut Lab y Verge Motorcycles supone un movimiento relevante, no tanto por la cifra en sí que también como por el escenario en el que se ha producido: una moto eléctrica completa, en condiciones reales y utilizando un cargador público de alta potencia.

La empresa finlandesa Donut Lab, centrada en el desarrollo de baterías de electrolito sólido, ha llevado a cabo lo que describe como su cuarto ensayo en colaboración con Verge.

A diferencia de muchas demostraciones previas en el sector, habitualmente limitadas a celdas individuales o módulos en laboratorio, en esta ocasión el foco ha estado en un pack completo instalado en un vehículo funcional.

El objetivo no es menor: validar si las promesas del estado sólido pueden sostenerse cuando entran en juego variables como la gestión térmica, la electrónica de potencia o la integración en un chasis real.

Para la prueba se ha utilizado una unidad de desarrollo basada en una Verge, equipada con un nuevo paquete de baterías específicamente diseñado.

Este pack cuenta con una capacidad nominal de 18 kWh, aunque la gama comercial de la marca incluye versiones que alcanzan los 20,2 kWh.

Más allá de la cifra, uno de los aspectos más llamativos es la elección de un sistema de refrigeración por aire, una solución poco habitual en aplicaciones de alta potencia, donde lo más frecuente es recurrir a circuitos de refrigeración líquida más complejos.

Este detalle no es menor. En una motocicleta, donde el espacio disponible es muy limitado y cada kilogramo cuenta, simplificar el sistema térmico puede marcar diferencias importantes en términos de peso, coste y facilidad de integración.

Según lo mostrado en la demostración, el sistema recurre a ventiladores que fuerzan el paso de aire sobre disipadores situados en los laterales del pack, evitando así la necesidad de soluciones más voluminosas.

Los resultados de la prueba son, sin duda, el elemento que ha captado la atención. Partiendo de una temperatura de batería en torno a los 20 grados Celsius, el sistema fue capaz de mantener una potencia de carga superior a los 100 kW durante buena parte del proceso, con un pico registrado de 103 kW.

Traducido a términos de tasa C, esto equivale aproximadamente a una carga a 5C, un nivel muy poco habitual en vehículos completos y especialmente exigente en el caso de motocicletas.

En términos prácticos, la batería pasó del 10% al 50% en apenas cinco minutos. Ampliando el rango, el salto del 10% al 70% se completó en algo más de nueve minutos, mientras que alcanzar el 80% requirió alrededor de 12 minutos.

Son cifras que, comparadas con las de muchas motos eléctricas actuales donde los tiempos para llegar al 80% pueden moverse entre media hora y una hora, suponen un recorte drástico del tiempo de espera, en algunos casos hasta tres veces inferior.

Más allá del impacto inmediato de estos números, conviene detenerse en lo que implican desde el punto de vista técnico.

La llamada tasa C es una forma de expresar la velocidad de carga en relación con la capacidad de la batería: una carga a 1C llenaría el pack en una hora, 2C en media hora, y 5C, como en este caso, permitiría completar el proceso teórico en unos 12 minutos.

Alcanzar este nivel en un pack completo, con gestión térmica simplificada y en un vehículo real, es precisamente uno de los grandes desafíos que ha limitado hasta ahora la adopción de soluciones de carga ultrarrápida.

Donut Lab sostiene que su tecnología de electrolito sólido no solo permite estas tasas de carga, sino que además ofrece una alta densidad energética, en torno a los 400 Wh/kg según sus propias cifras.

Esto abre la puerta a configuraciones más flexibles, donde los fabricantes pueden ajustar la capacidad del pack sin necesidad de modificar su volumen físico, una ventaja especialmente valiosa en segmentos donde el espacio es crítico.

En el caso de Verge, esta flexibilidad se traduce en la posibilidad de ofrecer diferentes versiones de sus modelos sin rediseñar por completo la arquitectura.

La Verge TS Pro, protagonista de la prueba, ya destacaba previamente por su enfoque en la carga rápida y por soluciones técnicas poco convencionales, como su motor integrado en la rueda trasera sin buje.

Con la incorporación de esta nueva batería, la marca apunta a reforzar esa propuesta, llevando el rendimiento en recarga a un nuevo nivel.

La propia Verge ha señalado a comienzos de 2026 que su intención es introducir baterías de estado sólido en modelos de producción en el corto plazo, con promesas que incluyen autonomías de hasta 600 kilómetros según versión y la posibilidad de recuperar cientos de kilómetros en apenas unos minutos de carga.

En la demostración actual, se habla de recuperar en torno a 300 kilómetros en menos de diez minutos, siempre según las estimaciones de la compañía.

Sin embargo, no todo son certezas. Tanto en la comunicación de Donut Lab como en la de Verge aparece un matiz importante: por el momento, los resultados no han sido verificados por organismos independientes.

En un sector donde las promesas sobre baterías “revolucionarias” han sido frecuentes, y no siempre se han materializado en plazos razonables, este tipo de validación externa será clave para consolidar la credibilidad de la propuesta.

También queda por ver cómo se comporta esta tecnología fuera de un entorno de demostración controlado.

Factores como la degradación a largo plazo, la repetición de cargas ultrarrápidas en condiciones reales o el rendimiento en distintos climas serán determinantes para evaluar su viabilidad comercial.

La propia compañía reconoce que aún hay margen de mejora en futuras iteraciones, lo que sugiere que el desarrollo sigue en curso.

Con todo, el movimiento de Donut Lab y Verge introduce un cambio de enfoque interesante.

En lugar de limitarse a anuncios a largo plazo o a datos de laboratorio, ambas empresas han optado por mostrar una aplicación concreta y fácilmente comprensible: enchufar una moto y recuperar buena parte de su batería en el tiempo que dura una parada breve.

Es un mensaje directo tanto al usuario final como al resto de la industria.

Si las cifras anunciadas se trasladan de forma consistente a modelos de producción algo que, según Donut Lab, podría comenzar a verificarse en el primer semestre de 2026 con la llegada de las primeras unidades equipadas con esta tecnología, el impacto en el mercado de las dos ruedas puede ser significativo.

La recarga, uno de los principales frenos psicológicos para muchos usuarios, pasaría a ocupar un papel mucho menos relevante en la experiencia de uso.

En paralelo, esta demostración también lanza una señal al conjunto del sector: la evolución de la movilidad eléctrica no depende únicamente de aumentar la autonomía, sino de mejorar de forma radical los tiempos de recarga sin disparar la complejidad técnica.

En ese sentido, la combinación de alta potencia de carga y un sistema de refrigeración por aire apunta a una posible vía de desarrollo más sencilla y ligera.

La incógnita ahora es si estamos ante un avance puntual o ante el inicio de una nueva fase en la electrificación de motocicletas.

La respuesta dependerá, en gran medida, de la capacidad de Donut Lab y Verge para convertir esta demostración en un producto reproducible, fiable y económicamente viable.

Porque en una industria donde las promesas abundan, lo que realmente marca la diferencia es lo que llega al mercado.