Dos comunidades energéticas de Valencia se unen para llevar electricidad gratuita a doce familias vulnerables

El proyecto permitirá compartir energía renovable entre vecinos, empresas y familias con dificultades para afrontar la factura eléctrica.

La colaboración entre dos comunidades energéticas de las pedanías del sur de Valencia permitirá que hasta doce hogares en situación de vulnerabilidad energética reciban electricidad renovable de forma gratuita gracias a una nueva instalación fotovoltaica que se pondrá en marcha en el polígono industrial de El Forn d’Alcedo.

El proyecto, impulsado conjuntamente por la Comunidad Energética de El Forn d’Alcedo (CEdHdA) y la Comunidad Energética Local (CEL) Castellar-l’Oliveral, combina generación renovable, participación ciudadana y apoyo social en una de las zonas que todavía afronta las consecuencias de las inundaciones provocadas por la DANA del 29 de octubre de 2024.

La nueva planta contará con una potencia de 120 kWp y se ubicará sobre la cubierta de una nave industrial propiedad de Metalux, una de las empresas integrantes de la comunidad energética de El Forn d’Alcedo.

La instalación dará servicio a un total de 86 usuarios particulares, además de varias entidades y empresas vinculadas al entorno de estas pedanías. Entre los beneficiarios figuran oficinas, una comunidad de regantes y las compañías Metalux y Aisval Garibo, que también participarán en el aprovechamiento de la energía generada.

Sin embargo, el aspecto más singular de la iniciativa no reside en su dimensión técnica, sino en su vertiente social. Gracias al acuerdo alcanzado entre ambas comunidades energéticas, hasta doce familias con dificultades para afrontar el coste de la electricidad podrán acceder a energía renovable sin asumir el coste de participación habitual en este tipo de proyectos.

La CEL Castellar-l’Oliveral asumirá colectivamente esa aportación mediante las contribuciones realizadas por el resto de socios y socias de la entidad, trasladando al ámbito energético un modelo basado en la solidaridad y la cooperación vecinal.

La identificación de los hogares beneficiarios se realizará con la colaboración del Ayuntamiento de Valencia a través de Valencia Sostenible y en coordinación con los Servicios Sociales municipales.

De esta forma, la administración local actuará como enlace entre el proyecto y las familias que más puedan beneficiarse de esta medida, garantizando que la energía generada llegue a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.

La iniciativa supone un paso más en la evolución de las comunidades energéticas valencianas, que han ido ampliando progresivamente sus objetivos más allá del ahorro económico y la producción de energía renovable.

El proyecto demuestra cómo estas fórmulas de generación compartida pueden convertirse también en herramientas para combatir la pobreza energética, una problemática que afecta a miles de hogares y que ha ganado visibilidad en los últimos años debido al incremento de los costes energéticos.

Desde el Ayuntamiento de Valencia, el concejal de Mejora Climática y Eficiencia Energética, Carlos Mundina, destacó precisamente esa dimensión social del proyecto.

Según señaló, la colaboración entre comunidades energéticas, empresas y administración pública permite que la transición energética alcance también a las personas con menos recursos y contribuya a construir una ciudad más sostenible, solidaria y resiliente.

Sus declaraciones reflejan una tendencia cada vez más presente en el desarrollo de este tipo de iniciativas: vincular los objetivos medioambientales con beneficios sociales directos para la ciudadanía.

La Comunidad Energética de El Forn d’Alcedo nació en 2023 impulsada por varias empresas asentadas en el polígono industrial de esta pedanía valenciana. Entre sus miembros fundadores figuran compañías como Mantenimiento de Alta Tensión (MAT), Electrotecnia Monrabal, Metalux Levante, Friomed, Ducaval, Soltec y Support on Set.

La entidad puso en marcha su primera instalación en marzo de 2024 y desde entonces ha continuado ampliando tanto su base de socios como su capacidad de generación renovable.

La elección de una cubierta industrial para albergar la nueva planta vuelve a poner de manifiesto una de las ventajas de las comunidades energéticas: la capacidad de aprovechar espacios infrautilizados para generar electricidad destinada al consumo local.

En este caso, la nave de Metalux se convertirá en el soporte físico de una instalación que permitirá compartir energía entre usuarios residenciales, empresas y familias vulnerables situadas dentro del radio de actuación permitido por la normativa.

Por su parte, la Comunidad Energética Local Castellar-l’Oliveral cuenta con una trayectoria más extensa. Fue creada en 2021 como un proyecto piloto impulsado por el Ayuntamiento de Valencia y se convirtió en la primera comunidad energética local de la ciudad.

Su origen se encuentra en la cesión municipal de la cubierta del centro cívico La Cebera, donde se instaló una planta fotovoltaica colectiva destinada al autoconsumo compartido de los vecinos de la zona.

Cinco años después de su puesta en marcha, la comunidad cuenta con 142 socios y se ha consolidado como uno de los referentes valencianos en participación ciudadana aplicada a la transición energética.

Su implicación en el nuevo proyecto de El Forn d’Alcedo representa una evolución natural de su actividad, incorporando ahora mecanismos específicos para facilitar el acceso a la energía renovable a personas en situación de vulnerabilidad.

Desde la propia comunidad energética destacan que la instalación es el resultado de un trabajo conjunto desarrollado entre entidades vecinas con objetivos comunes.

La cooperación entre ambas organizaciones abre además la puerta a futuras iniciativas compartidas que permitan ampliar la producción renovable y extender sus beneficios a un mayor número de usuarios y empresas de la zona.

La puesta en marcha del proyecto llega además en un contexto especialmente significativo para las pedanías del sur de Valencia.

La DANA que golpeó la provincia el 29 de octubre de 2024 causó importantes daños en numerosos municipios y afectó con especial intensidad a áreas como Castellar-l’Oliveral y El Forn d’Alcedo.

Más allá de los daños materiales, aquellas inundaciones evidenciaron la necesidad de reforzar la resiliencia de los territorios y de desarrollar modelos de gestión más próximos a las comunidades locales.

En ese sentido, la nueva instalación fotovoltaica adquiere un valor que trasciende la mera producción eléctrica. Para los impulsores del proyecto, se trata también de una herramienta de reconstrucción social y fortalecimiento comunitario, basada en la colaboración entre vecinos, empresas e instituciones públicas.

La capacidad de compartir recursos energéticos dentro de un mismo territorio se presenta como una fórmula para aumentar la autonomía local y reducir la exposición a futuras crisis energéticas o económicas.

El proyecto se enmarca además en un crecimiento sostenido de las comunidades energéticas tanto en la Comunidad Valenciana como en el conjunto de España.

En los últimos años, estas iniciativas han pasado de ser experiencias piloto a convertirse en una de las fórmulas más dinámicas para impulsar el autoconsumo colectivo y la participación ciudadana en la generación de energía renovable.

Una parte significativa de ellas incorpora ya objetivos sociales, siendo la lucha contra la pobreza energética una de las líneas de actuación más frecuentes.

Valencia se ha convertido en uno de los territorios más activos en este ámbito. La ciudad cuenta actualmente con comunidades energéticas en barrios y pedanías como Malilla, Russafa, la Saïdia, Malva-rosa, Aiora-Algirós, la Raïosa, els Poblats Marítims, Ciutat Vella y Benimaclet.

A ellas se suman proyectos específicos como CoEnSoMa, promovido en el CEIP Ballester Fandos de la Malva-rosa con el objetivo de facilitar el acceso a la energía renovable y combatir la pobreza energética en el entorno del barrio.

La nueva colaboración entre El Forn d’Alcedo y Castellar-l’Oliveral representa un ejemplo de cómo está evolucionando el concepto de comunidad energética.

Si en sus primeras etapas el foco se situaba principalmente en el ahorro económico y la reducción de emisiones, ahora empiezan a consolidarse modelos que incorporan objetivos sociales concretos y mecanismos de redistribución de beneficios entre los participantes.

En un contexto marcado por la electrificación y el incremento de la generación distribuida, iniciativas como esta muestran que la transición energética puede desarrollarse no solo como un proceso tecnológico, sino también como una herramienta para reforzar la cohesión social y ampliar el acceso a la energía limpia entre quienes más dificultades tienen para beneficiarse de ella.

Fuente: eseficiencia.es