El liderazgo sigue en manos de Asia, pero la industria europea comienza a dar pasos hacia una mayor autonomía energética en movilidad eléctrica.

PowerCo, la filial de baterías del Grupo Volkswagen, ha arrancado oficialmente la producción de sus primeras células unificadas en la gigafactoría de Salzgitter, Alemania.
No se trata simplemente de la puesta en marcha de una instalación industrial: es el inicio tangible de una estrategia que busca reposicionar a Europa como epicentro de innovación, producción y autonomía tecnológica en la industria de las baterías eléctricas.
Con una nave que abarca 69.000 metros cuadrados, equivalentes a unos diez campos de fútbol, y unas dimensiones colosales, 600 metros de largo, 350 de ancho y 30 de altura, la planta de Salzgitter se convierte en la vanguardia visible de la ambición del Grupo Volkswagen.
Esta fábrica ha sido concebida como el prototipo que dará forma al resto de instalaciones que PowerCo ya tiene en marcha en otras regiones estratégicas como Valencia (España) y St. Thomas (Canadá).
El verdadero protagonista de esta nueva etapa no es una máquina, sino una pieza de apenas unos centímetros: la celda unificada de batería.
Estamos ante una celda prismática de tamaño estandarizado ,256 x 24,8 x 106 mm, que se adapta a distintas químicas, desde NMC (níquel, manganeso y cobalto), pasando por LFP (litio, fosfato y hierro), hasta las prometedoras celdas de estado sólido que aún se están desarrollando.
Al poder integrarse en múltiples plataformas y vehículos, la celda unificada permite reducir costes, optimizar la logística y escalar la producción a nivel global.
Las primeras celdas producidas en Salzgitter utilizan la tecnología NMC, y se han diseñado para mejorar la densidad energética en aproximadamente un 10% respecto a las generaciones anteriores.
Esta mejora tiene un impacto directo en uno de los elementos más críticos de cualquier coche eléctrico: la autonomía.
Pero la innovación va más allá de la química. Estas celdas están optimizadas para una integración directa en el vehículo mediante la arquitectura “cell-to-pack”, lo que elimina pasos intermedios y permite un diseño más eficiente, ligero y con mayor aprovechamiento del espacio.
La combinación entre formato unificado y arquitectura directa marca un salto tecnológico notable para la marca.
Uno de los elementos más estratégicos del proyecto es su concepción como nodo replicable. Salzgitter no es solo una fábrica, sino el centro neurálgico del nuevo modelo industrial de PowerCo.
La experiencia acumulada, los procesos de automatización, el control de calidad basado en inteligencia artificial y el know-how técnico serán transferidos directamente a las futuras plantas de Valencia y St. Thomas.
Este enfoque garantiza una expansión rápida, coherente y tecnológicamente alineada, y ya se ha iniciado un intercambio de personal y conocimiento entre las sedes.
La fábrica de Salzgitter arranca con una capacidad inicial de producción de 20 GWh anuales, aunque está preparada para duplicar esa cifra hasta 40 GWh si las condiciones de mercado lo requieren.
En términos prácticos, eso podría traducirse en baterías suficientes para unos 250.000 vehículos eléctricos al año, dependiendo del tamaño de las baterías de cada modelo.
Sin embargo, PowerCo solo cubrirá internamente alrededor del 50% de las necesidades de celdas del Grupo Volkswagen.
El resto será suministrado por socios estratégicos como Gotion High-Tech, que ya produce celdas unificadas en otros formatos y también forma parte de la estrategia tecnológica global del grupo.
Pero la magnitud de este proyecto no se mide únicamente en cifras de capacidad o toneladas de CO₂ evitadas. La gigafactoría de Salzgitter también representa un posicionamiento geopolítico e industrial claro.
Frente a un contexto global marcado por la dependencia tecnológica de Asia, especialmente de China, PowerCo presenta una alternativa europea, diseñada, desarrollada y fabricada en suelo europeo.
Esta iniciativa refuerza la soberanía tecnológica de Europa y sitúa al Grupo Volkswagen como el primer fabricante automovilístico europeo en controlar íntegramente el ciclo de desarrollo y producción de sus propias celdas de batería.
En un momento en que se cuestionan muchas de las grandes inversiones industriales por su impacto financiero a corto plazo, desde dentro del propio Grupo Volkswagen han surgido voces críticas ante la apuesta por la producción propia de baterías.
Las familias Porsche y Piëch, accionistas históricas del grupo, han expresado ciertas reticencias por los costes asociados.
Por eso, tanto Oliver Blume, CEO del Grupo Volkswagen, como Thomas Schmall y Frank Blome, figuras clave en la estrategia de PowerCo, han insistido en destacar no solo la viabilidad técnica del proyecto, sino su impacto en competitividad a largo plazo.
Las declaraciones de Blome son contundentes: en solo tres años se ha levantado una empresa desde cero, se ha diseñado un producto competitivo y se ha construido una fábrica completa con su cadena de suministro.
La sostenibilidad es otro eje central del proyecto. Toda la planta funciona con energía procedente de fuentes renovables, fundamentalmente eólica y solar. Incluso las salas blancas y secas, espacios especialmente intensivos en consumo energético, operan con electricidad verde, algo poco habitual en la industria.
El impacto medioambiental se reduce de forma significativa: hasta 115.000 toneladas de CO₂ menos al año en comparación con fábricas convencionales.
Esta reducción no solo es un argumento de marketing verde; forma parte de una política real de descarbonización industrial en línea con los objetivos climáticos europeos.
El componente digital de la planta no se queda atrás. Miles de sensores distribuidos por la fábrica generan datos en tiempo real que alimentan un sistema de control de calidad basado en inteligencia artificial.
Esto permite una trazabilidad precisa de cada celda, una detección temprana de errores y una optimización constante del proceso productivo. Esta digitalización integral forma parte del concepto de fábrica estándar de PowerCo, y será igualmente implementada en las plantas de Valencia y Canadá.
De forma paralela a la producción, Salzgitter sigue fortaleciendo su papel como centro de I+D. Desde 2022, el complejo ha ampliado sus capacidades de ensayo, laboratorio y prototipado.
A comienzos de 2026 está prevista la apertura de un nuevo campo de pruebas, lo que consolidará aún más a esta localidad alemana como el principal centro europeo de investigación en baterías para automoción.
El proyecto también se proyecta hacia el sur de Europa. La futura gigafactoría de Valencia, que ya ha iniciado las fases preparatorias, será una réplica del modelo Salzgitter.
Allí se espera no solo una producción masiva de celdas para los vehículos que se ensamblarán en España, sino un impacto económico directo mediante la creación de miles de empleos directos e indirectos.
La implicación de instituciones como el Gobierno español en este proyecto subraya la relevancia que tendrá para el tejido industrial del país.
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