El ranking que revela qué ciudades europeas se toman en serio el cambio hacia una mejor calidad de vida urbana.

Europa ha convertido la movilidad sostenible en una de las piezas centrales de su estrategia climática. Con el transporte representando el 72 % de las emisiones totales de CO₂ en el continente y los automóviles generando alrededor del 60 % de ese impacto, la transformación del modelo urbano ya no es una opción, sino una obligación.
La Unión Europea se ha marcado como meta reducir las emisiones de los coches en un 55 % antes de 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050.
La prohibición de vender vehículos nuevos de gasolina y diésel a partir de 2035 es una de las medidas más ambiciosas adoptadas hasta ahora. Pero más allá de los compromisos políticos, son las ciudades las que están marcando el ritmo real del cambio.
El análisis comparativo está basado en el número de vehículos eléctricos, autobuses eléctricos, estaciones de carga, extensión de carriles bici y niveles de contaminación, permite identificar cuáles son actualmente las capitales europeas con el transporte más ecológico.
| Posición | Ciudad | Puntuación |
|---|---|---|
| 1 | Londres | 5,87 |
| 2 | Ámsterdam | 5,71 |
| 3 | Viena | 5,70 |
| 4 | Berlín | 5,52 |
| 5 | Helsinki | 5,36 |
| 6 | París | 5,25 |
| 7 | Oslo | 5,20 |
| 8 | Andorra | 4,97 |
| 9 | Bruselas | 4,93 |
| 10 | Luxemburgo | 4,61 |
| 11 | Dublín | 4,60 |
| 12 | Madrid | 4,36 |
| 13 | Roma | 4,26 |
| 14 | Sofía | 4,18 |
| 15 | Budapest | 4,12 |
El resultado dibuja un mapa donde conviven grandes metrópolis con pequeños territorios que han sabido aprovechar su escala para reducir emisiones.
Londres encabeza la clasificación. La capital británica, pese a su tamaño y densidad, ha logrado situarse en la primera posición gracias a una combinación de volumen e infraestructura.
Más de 80.000 vehículos eléctricos circulan por sus calles y cuentan con más de 11.000 puntos de carga públicos. A ello se suma una de las flotas de autobuses eléctricos más extensas de Europa, con 1.397 unidades operativas y el compromiso de que toda la red sea libre de emisiones en 2034.
Mantener un nivel de contaminación moderado en una ciudad de su escala es un logro que la sitúa como referencia obligada en la transición urbana.
Ámsterdam ocupa el segundo puesto y refuerza su reputación como capital europea de la bicicleta. En sus calles hay más bicicletas que coches, una imagen que ya forma parte de su identidad.
Más de 800 kilómetros de carriles bici estructuran la movilidad diaria y miles de bicicletas eléctricas amplían el alcance de este modelo.
Además, la ciudad dispone de más de 13.000 estaciones de carga para vehículos eléctricos, lo que demuestra que la movilidad sostenible no se limita a las dos ruedas. La coherencia entre infraestructura y hábitos ciudadanos es su principal fortaleza.
Viena aparece en tercera posición con una combinación sólida de transporte público y electrificación progresiva. Sus 18.000 vehículos eléctricos contrastan con un número aún limitado de puntos de carga, aunque la capital austriaca compensa esta carencia con una red integrada de metro, tranvía y autobuses, donde ya operan 150 unidades eléctricas. A ello se suman 1.300 kilómetros de carriles bici que consolidan una alternativa real al automóvil privado.
Berlín, cuarta en la clasificación, lleva casi una década incorporando autobuses eléctricos a su sistema de transporte. Con 30.000 coches eléctricos, 3.800 estaciones de carga y 230 autobuses eléctricos, la capital alemana mantiene una estrategia constante y progresiva.
La bicicleta es también una pieza clave, con 1.000 kilómetros de carriles dedicados que conectan barrios residenciales con el centro urbano.
Helsinki destaca especialmente por su infraestructura ciclista por habitante, la más elevada del ranking. Sus 1.301 kilómetros de carriles bici atraviesan incluso parques e islas, lo que demuestra una planificación pensada para integrar naturaleza y movilidad. Con más de 25.000 coches eléctricos y 450 autobuses eléctricos, la capital finlandesa mantiene uno de los índices de contaminación más bajos del estudio.
París ocupa el sexto lugar tras haber acelerado su transformación en los últimos años. La capital francesa cuenta con más de 20.000 vehículos eléctricos y 500 autobuses eléctricos.
Las políticas municipales han impulsado la reducción de carriles para coches privados y la ampliación de zonas peatonales, aunque su nivel de contaminación sigue siendo elevado en comparación con otras ciudades del ranking. Aun así, el volumen de electrificación la mantiene en posiciones altas.
Oslo representa uno de los casos más llamativos. Con 95.466 coches eléctricos, es la capital europea con mayor número de este tipo de vehículos y el reflejo del liderazgo de Noruega en la adopción de movilidad eléctrica.
La cuota de mercado de los eléctricos supera ampliamente a la de los vehículos de combustión, y junto a una flota de 150 autobuses eléctricos, la ciudad mantiene niveles de contaminación relativamente bajos. Su séptima posición confirma que la electrificación masiva puede traducirse en resultados tangibles.
Andorra sorprende al situarse entre las diez primeras, pese a contar con apenas 100 coches eléctricos y 10 autobuses eléctricos.
Su posición responde en gran medida a su bajo nivel de contaminación ambiental, favorecido por su entorno natural y menor densidad urbana. Es el ejemplo de cómo la escala también influye en los resultados globales.
Bruselas mantiene cifras alineadas con la media europea, con 14.000 vehículos eléctricos y 75 autobuses eléctricos. La bicicleta desempeña un papel cada vez más relevante gracias a sus más de 650 kilómetros de carriles bici, aunque su red de transporte eléctrico todavía tiene margen de crecimiento.
Luxemburgo cierra el top diez con un modelo marcado por su tamaño reducido. Sus 500 kilómetros de carriles bici cubren prácticamente todo el territorio urbano y sus 10.000 vehículos eléctricos contribuyen a mantener una contaminación relativamente baja, pese a que solo dispone de 30 autobuses eléctricos.
El ranking continúa con otras cinco ciudades europeas que, aunque no lideran la clasificación, muestran avances significativos en electrificación, infraestructura ciclista y transporte público sostenible.
Todas ellas comparten una tendencia clara: el crecimiento sostenido del parque eléctrico y la ampliación de redes alternativas al coche de combustión.
Sin embargo, el análisis general deja una conclusión incómoda. Aunque las ventas de vehículos eléctricos aumentan y las infraestructuras se multiplican, el ritmo actual podría no ser suficiente para cumplir los objetivos climáticos marcados para 2030 y 2050.
Las cifras son alentadoras, pero la transformación completa del sistema de transporte europeo requiere acelerar inversiones, mejorar la interoperabilidad entre ciudades y garantizar que la movilidad sostenible sea accesible para todos los ciudadanos.
Europa avanza, pero la carrera hacia la neutralidad climática no admite pausas. Las ciudades que hoy lideran el transporte ecológico demuestran que el cambio es posible cuando existe planificación, inversión y voluntad política.
La pregunta que queda en el aire es si el resto del continente será capaz de igualar ese ritmo antes de que el reloj climático agote su margen.













