Después de 14 años, Tesla pone fin a uno de los eléctricos más influyentes de la historia, mientras el peso comercial de la marca recae casi por completo en el Model 3 y Model Y.

Tesla ha fabricado las últimas unidades del Model S y del Model X en su planta de Fremont, California.
Con ello, la compañía pone fin a dos de los programas más importantes de su historia reciente y cierra un ciclo que comenzó hace más de una década, cuando el fabricante todavía era visto como una pequeña empresa tecnológica con ambiciones desproporcionadas frente a la industria tradicional.
La propia Tesla confirmó durante el fin de semana, a través de una publicación en la red social X, que ambos modelos han salido definitivamente de la línea de producción.
El último vehículo ensamblado fue un Model S negro cuya carrocería fue firmada por los trabajadores de la planta, en una imagen que rápidamente se convirtió en símbolo del cierre de una etapa clave para la marca estadounidense.
Aunque el anuncio oficial se ha producido ahora, la decisión llevaba meses anticipándose. Durante la presentación de resultados celebrada en enero, Elon Musk ya había comunicado a los inversores que la empresa reduciría progresivamente la producción de los Model S y Model X hasta detenerla por completo. Según explicó entonces el directivo, Tesla necesitaba redirigir recursos industriales y humanos hacia sus nuevos proyectos relacionados con la conducción autónoma, la inteligencia artificial y la robótica.
“Es un poco triste, pero es el momento de terminar los programas S y X, y forma parte de nuestro cambio general hacia un futuro autónomo”, señaló Musk durante aquella conferencia con analistas.
La frase resume bien el momento que vive Tesla. La empresa que revolucionó el mercado del coche eléctrico con productos aspiracionales y de altas prestaciones está transformándose en una compañía centrada en software, automatización y plataformas de inteligencia artificial.
La desaparición del Model S tiene una carga simbólica especialmente importante. Presentado originalmente en 2012, fue el primer Tesla desarrollado íntegramente por la compañía y el modelo que realmente convirtió al fabricante en un actor relevante dentro del mercado global del automóvil.
Antes de su llegada, Tesla apenas había producido el Roadster original, un deportivo basado en un chasis de Lotus y fabricado en volúmenes muy reducidos.
El Model S cambió por completo esa percepción. En una época en la que gran parte de la industria consideraba inviable un coche eléctrico de gran autonomía, Tesla lanzó una berlina que ofrecía alrededor de 265 millas de autonomía en sus primeras versiones y un nivel de aceleración que rivalizaba con deportivos de combustión mucho más caros.
Con un precio de partida cercano a los 60.000 dólares, el modelo se posicionó rápidamente como una alternativa tecnológica y prestacional frente a las berlinas premium alemanas.
A lo largo de los años, Tesla fue actualizando de manera constante el vehículo. Las mejoras en baterías, electrónica y software permitieron elevar progresivamente las prestaciones hasta cifras que parecían impensables en el momento de su lanzamiento.
En su última evolución comercializada durante 2026, el Model S alcanzaba una autonomía homologada de 410 millas por carga en su versión estándar. La variante Plaid, equipada con tres motores eléctricos, superaba los 1.000 caballos de potencia y era capaz de acelerar de 0 a 60 millas por hora en apenas 1,99 segundos bajo condiciones ideales.
El Model X, por su parte, llegó en 2015 como la propuesta SUV de la compañía. Tesla apostó por un formato familiar de gran tamaño combinado con soluciones muy poco convencionales para el mercado estadounidense, especialmente las conocidas puertas Falcon Wing, que se abrían verticalmente hacia arriba y se convirtieron en uno de los rasgos más reconocibles del vehículo.
El SUV ofrecía capacidad para hasta siete pasajeros y compartía buena parte de la arquitectura técnica del Model S. Con el paso de los años también fue evolucionando en términos de eficiencia y rendimiento.
Para su último año comercial, el Model X anunciaba hasta 352 millas de autonomía y una versión Plaid capaz de completar el 0 a 60 mph en aproximadamente 2,5 segundos.
Entre ambos modelos, Tesla habría acumulado alrededor de 750.000 unidades vendidas durante sus respectivos ciclos de vida. Sin embargo, la importancia comercial de estos vehículos había disminuido notablemente en los últimos años.
El crecimiento masivo de Tesla estuvo impulsado principalmente por el Model 3 y el Model Y, modelos más asequibles y producidos a gran escala.
Las cifras recientes reflejan claramente ese cambio de equilibrio dentro de la compañía. En 2025, Tesla vendió apenas 50.850 unidades agrupadas bajo la categoría de “otros modelos”, donde la empresa incluye Model S, Model X y Cybertruck.
En paralelo, el fabricante entregó alrededor de 1,6 millones de unidades de los Model 3 y Model Y. En términos porcentuales, estos dos últimos modelos representaron aproximadamente el 97% del volumen total de ventas de Tesla.
La situación también ponía en evidencia un problema de utilización industrial. Tesla había indicado anteriormente que la capacidad de producción conjunta del Model S y Model X en Fremont alcanzaba las 100.000 unidades anuales.
Sin embargo, las cifras reales quedaban muy por debajo de ese volumen, especialmente teniendo en cuenta que la categoría “otros modelos” también incluye el Cybertruck ensamblado en Texas.
Todo ello hacía difícil justificar el mantenimiento de unas líneas de producción específicas para vehículos de bajo volumen y alto coste de fabricación.
La compañía ha decidido reutilizar parte de esas instalaciones para fabricar el robot humanoide Optimus, uno de los proyectos en los que Musk ha depositado mayores expectativas de crecimiento futuro.
Durante los últimos trimestres, Tesla ha intensificado el discurso alrededor de la inteligencia artificial y la automatización. Musk ha insistido repetidamente ante accionistas e inversores en que el verdadero potencial económico de la empresa no reside únicamente en la venta de automóviles eléctricos, sino en el desarrollo de tecnologías autónomas capaces de generar nuevos modelos de negocio.
Dentro de esa estrategia, los robotaxis y los robots humanoides ocupan un lugar central. Optimus, presentado inicialmente como un proyecto experimental, ha pasado a convertirse en una de las prioridades industriales de la compañía. La decisión de destinar espacio de Fremont a la fabricación de este robot simboliza precisamente ese cambio de rumbo.
El cierre de producción de los Model S y X también ha estado acompañado por una edición especial de despedida denominada Signature Edition. Tesla lanzó una serie limitada de 350 unidades, divididas entre 250 Model S y 100 Model X, con un precio aproximado de 159.420 dólares.
Estos vehículos no estuvieron disponibles para el público general. Según la información difundida, Tesla ofreció la posibilidad de compra únicamente mediante invitación a determinados clientes de la marca.
Las unidades Signature Edition incorporaban una pintura rojo granate exclusiva, logotipos dorados, pinzas de freno doradas y detalles interiores específicos con la inscripción “Signature”.
Sin embargo, incluso este cierre conmemorativo terminó generando polémica entre algunos compradores. Tesla habría pospuesto con muy poca antelación el evento de entrega previsto para el 12 de mayo. El mensaje enviado a los clientes, difundido posteriormente en redes sociales, se limitaba a informar del aplazamiento y a pedir disculpas por las molestias ocasionadas.
La reacción de algunos propietarios no tardó en aparecer. Muchos de ellos ya habían reservado vuelos y hoteles para acudir al evento después de haber desembolsado cerca de 160.000 dólares por uno de estos modelos especiales.
Hasta el momento, Tesla no ha aclarado si compensará económicamente los gastos derivados de esa cancelación ni ha comunicado una nueva fecha para las entregas.
Más allá del aspecto comercial, la desaparición del Model S y del Model X refleja también el profundo cambio que ha experimentado el mercado del automóvil eléctrico desde principios de la pasada década.
Cuando Tesla lanzó el Model S, prácticamente ningún fabricante tradicional apostaba seriamente por este tipo de tecnología. Hoy, el segmento premium eléctrico cuenta con una enorme competencia procedente de fabricantes europeos, chinos y estadounidenses.
Paradójicamente, los modelos que ayudaron a convertir a Tesla en líder tecnológico terminaron quedando relegados dentro de la propia gama de la compañía. Mientras el mercado evolucionaba hacia productos más accesibles y de gran volumen, Tesla concentró sus esfuerzos industriales en el Model 3 y especialmente en el Model Y, que se convirtió en uno de los coches más vendidos del mundo.
El final de los Model S y X también coincide con un momento complejo para la empresa en términos bursátiles y comerciales. Tesla no alcanzó las expectativas de Wall Street durante el primer trimestre de 2026.
La compañía entregó 358.023 vehículos frente a una producción de 408.386 unidades, un desequilibrio que volvió a poner el foco sobre la desaceleración del crecimiento y la creciente competencia internacional.
Dentro de esas cifras trimestrales, el Model 3 y el Model Y concentraron 341.893 entregas, confirmando nuevamente el peso casi absoluto de ambos modelos dentro del negocio actual de Tesla.
Por ahora, la empresa no ha anunciado sucesores directos para el Model S ni para el Model X. Todo indica que Tesla no considera prioritario mantener una oferta premium tradicional dentro de su estrategia inmediata.
El fabricante parece mucho más interesado en impulsar sus desarrollos de software autónomo, expandir el proyecto Optimus y consolidar una futura red de robotaxis.
El cierre de producción de ambos modelos supone así mucho más que el final de dos vehículos concretos. Marca la transición definitiva de Tesla desde la etapa en la que necesitaba demostrar que el coche eléctrico podía ser deseable y competitivo, hacia una fase donde la compañía intenta posicionarse como una empresa tecnológica centrada en inteligencia artificial y automatización avanzada.
La relevancia de esta decisión va más allá de Tesla. El Model S fue durante años la referencia que obligó a toda la industria premium a acelerar sus planes eléctricos, mientras que el Model X ayudó a popularizar la idea de los SUV eléctricos de altas prestaciones.
Su desaparición evidencia cómo el mercado ha madurado y cómo incluso los productos más icónicos pueden perder protagonismo rápidamente en un sector que evoluciona a gran velocidad.
Fuente: x.com









