El nuevo CEO de Toyota Si apuesta por los coches eléctricos

Ante el gran crecimiento de las ventas a nivel mundial de coches eléctricos, la marca japonesa no quiere seguir hablando solo de híbridos e hidrógeno.

Ante el gran crecimiento de ventas a nivel mundial de coches eléctricos, la marca japonesa no quiere verse rezagada.

Toyota lleva años ocupando una posición incómoda dentro de la transición hacia el coche eléctrico. Mientras gran parte de la industria anunciaba calendarios de electrificación total, objetivos ambiciosos y gamas completamente eléctricas, el fabricante japonés insistía en una estrategia más gradual apoyada en híbridos e incluso en coches impulsados por hidrógeno.

Una postura que le ha valido críticas por aparente inmovilismo, pero que ahora comienza a adquirir un nuevo tono bajo el liderazgo de Kenta Kon.

El nuevo director ejecutivo de Toyota ha aprovechado la presentación de resultados del último ejercicio fiscal para lanzar uno de los mensajes más claros que ha emitido la compañía sobre el futuro del coche eléctrico.

Preguntado específicamente por la posición de la marca respecto a los vehículos eléctricos de batería, su respuesta fue breve, pero suficientemente significativa como para generar interpretaciones en todo el sector: si los clientes quieren eléctricos, Toyota les dará buenos eléctricos.

La declaración llega en un momento especialmente relevante para el fabricante japonés. Toyota sigue siendo el mayor constructor de automóviles del mundo, pero el contexto ha cambiado con rapidez.

China ha acelerado la adopción del vehículo eléctrico, Europa mantiene una presión regulatoria creciente y Estados Unidos continúa siendo un mercado estratégico donde la electrificación gana peso pese a los cambios políticos y comerciales.

Durante años, Toyota defendió que apostar exclusivamente por una tecnología era un error. La compañía construyó su liderazgo moderno alrededor de la hibridación desde el lanzamiento del Prius y mantuvo durante mucho tiempo una visión donde el hidrógeno tendría un papel destacado.

Mientras otros fabricantes reasignaban inversiones masivas hacia plataformas eléctricas dedicadas, Toyota avanzó con más cautela.

Su primer gran intento global en eléctricos puros fue el bZ4X, presentado en 2021. Aunque el modelo consiguió abrir una puerta para la compañía dentro del segmento eléctrico, no logró convertirse en una referencia comercial comparable a propuestas como el Tesla Model Y. Sin embargo, el escenario posterior ha comenzado a cambiar para la marca japonesa.

En los últimos meses, Toyota ha reforzado su ofensiva eléctrica con nuevos productos y actualizaciones orientadas a mercados concretos. El restyling del bZ4X ha mostrado una mejor aceptación comercial en Estados Unidos, mientras que el nuevo C-HR+ se ha convertido en una de las piezas centrales de su estrategia europea.

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A esto se suman futuros lanzamientos como el Urban Cruiser eléctrico, el bZ4X Touring o el Highlander electrificado, configurando una gama mucho más ambiciosa que la presentada hace apenas unos años.

Además, la compañía ya ha confirmado que futuras generaciones de modelos estratégicos como los Yaris y Corolla dispondrán por primera vez de variantes completamente eléctricas.

El movimiento resulta especialmente simbólico en el caso del Corolla, uno de los automóviles más vendidos de la historia y un producto que representa buena parte del ADN comercial de Toyota.

Pero detrás del mensaje público de Kon hay también una cuestión financiera y de negocio. La rueda de prensa donde realizó estas declaraciones estuvo marcada por unos resultados menos brillantes que en ejercicios anteriores.

Toyota cerró el ejercicio fiscal 2026 con un beneficio operativo de 3,8 billones de yenes, equivalentes aproximadamente a 20.558 millones de euros, lo que supone una caída respecto al ejercicio anterior. Las previsiones para el ejercicio fiscal 2027 apuntan además a un nuevo descenso hasta unos 16.230 millones de euros.

Entre las causas señaladas aparecen factores como el incremento de costes laborales y de materias primas, los aranceles estadounidenses y el contexto geopolítico internacional.

En ese contexto económico, la electrificación deja de ser únicamente una cuestión tecnológica y se convierte también en una cuestión de rentabilidad.

La frase utilizada por Kon tiene un matiz relevante. No se limitó a afirmar que Toyota fabricará eléctricos porque el mercado lo exige. Introdujo explícitamente la idea de fabricar “buenos eléctricos”.

Detrás de esa formulación aparece una filosofía que la compañía lleva años defendiendo: no lanzar productos únicamente para cumplir objetivos regulatorios o seguir tendencias, sino asegurar que cada tecnología encaje con las expectativas tradicionales de sus clientes en aspectos como fiabilidad, eficiencia, coste de uso y durabilidad.

Durante el último ejercicio fiscal, Toyota y Lexus superaron por primera vez los cinco millones de vehículos electrificados vendidos. Sin embargo, el reparto revela claramente dónde está hoy la fortaleza de la compañía.

Aproximadamente 4,62 millones correspondieron a híbridos autorrecargables. Los híbridos enchufables alcanzaron unas 175.000 unidades. Los eléctricos de batería representaron alrededor de 243.000 vehículos.

La diferencia es enorme y explica por qué Toyota no contempla abandonar su negocio híbrido a corto plazo.

Eso no significa que el coche eléctrico vaya a quedar relegado. De hecho, el objetivo declarado para el ejercicio fiscal 2027 pasa por alcanzar unas 598.000 ventas de vehículos eléctricos de batería, más del doble del volumen actual. No situaría todavía a Toyota al nivel de los fabricantes especializados en eléctricos, pero sí marcaría un cambio de escala muy significativo respecto a su posición histórica.

Otro elemento que aparece de forma consistente en el discurso del nuevo CEO es la defensa de una estrategia multienergía. Toyota insiste en que híbridos, híbridos enchufables, eléctricos puros, hidrógeno y otras soluciones deben convivir porque los ritmos de adopción no son iguales en todos los mercados.

Según la compañía, el acceso a infraestructura de carga, el coste de adquisición, el precio de la energía y los hábitos de uso siguen siendo demasiado diferentes entre regiones como para imponer una única solución tecnológica.

La compañía necesita demostrar que puede trasladar al coche eléctrico los atributos que durante décadas han definido su imagen de marca.

En el vehículo eléctrico ya no basta únicamente con disponer de una batería grande o anunciar autonomías elevadas. La experiencia depende también del software, la eficiencia energética, la gestión térmica, el coste industrial, la red comercial y la experiencia de recarga.

Europa será uno de los grandes campos de prueba para medir esa evolución. Toyota parte con una ventaja importante: millones de clientes ya identifican la marca con consumo reducido y electrificación gracias al éxito de sus híbridos.

La dificultad será convencer a parte de esos compradores de que el siguiente paso lógico ya no es un híbrido, sino un eléctrico puro.

La llegada de nuevos modelos y el crecimiento previsto en ventas indican que Toyota ya no observa el vehículo eléctrico como una categoría secundaria. Pero tampoco parece dispuesta a abandonar una fórmula que le ha permitido convertirse en líder mundial.

El mensaje que emerge con la llegada de Kenta Kon no es el de una conversión tardía al coche eléctrico ni el de una resistencia ideológica a esta tecnología.

Es más bien una declaración de método: Toyota quiere aumentar su presencia eléctrica en todas las regiones, que ya son muchas, donde esta tecnología se está imponiendo.