América Latina consigue superar los 10.000 autobuses eléctricos

Santiago de Chile se sitúa a la cabeza con una flota de más de 4.000 autobuses eléctricos.

América Latina acaba de alcanzar un hito que apenas hace una década parecía lejano: más de 10.000 autobuses eléctricos circulan ya por las calles de sus ciudades.

El dato, extraído del último informe del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), confirma que la electrificación del transporte público en el continente ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad consolidada, aunque todavía desigual.

A principios de 2026, la región contaba con 9.115 autobuses eléctricos, una cifra que representa un incremento del 40 por ciento respecto al año anterior y multiplica por diez la flota de 2017.

Ese número ha crecido hasta 9.909 unidades, según los datos más recientes del E-Bus Radar, la plataforma que alimenta el análisis del ICCT.

Si el ritmo de los últimos meses se ha mantenido, el autobús eléctrico número 10.000 ya habría entrado en servicio.

El informe, que abarca 33 países de América Latina y el Caribe, identifica autobuses eléctricos en doce de ellos, distribuidos en 77 ciudades y regiones metropolitanas.

Sin embargo, los autores del estudio subrayan que el mercado sigue siendo «muy concentrado».

Chile, Colombia y Brasil concentran el 80 por ciento de la flota eléctrica del continente, con despliegues agrupados en un puñado de megaciudades que lideran la transición energética del transporte urbano.

Dentro de esa concentración, Chile encabeza el ranking con el 47 por ciento de los autobuses eléctricos de la región a finales de 2024.

Colombia sigue con el 17 por ciento, Brasil con el 16 por ciento y México con el 12 por ciento.

El resto de países apenas suman el ocho por ciento restante, lo que evidencia la brecha entre las naciones más avanzadas en electrificación y aquellas que apenas han iniciado el proceso.

Santiago de Chile es, con diferencia, la ciudad que más ha apostado por esta tecnología.

Con 4.222 autobuses eléctricos en febrero de 2026, la capital chilena concentra cuatro de cada diez vehículos eléctricos de toda América Latina.

Además, su flota creció un 55 por ciento entre 2024 y 2025, un ritmo de expansión que supera al de cualquier otra ciudad del continente.

São Paulo también ha dado un salto considerable. Su flota pasó de 460 unidades a 1.095 en un año, y en febrero ya contaba con 1.271 autobuses eléctricos.

Bogotá, en cambio, ha mantenido un crecimiento más moderado, pasando de 1.486 a 1.554 vehículos.

Ciudad de México, con 804 autobuses, y Quito, con 145, completan el grupo de ciudades con flotas significativas, aunque en ambas los trolebuses tradicionales siguen desempeñando un papel relevante.

El dominio chino en el mercado latinoamericano es evidente. BYD lidera con 2.961 vehículos vendidos entre 2017 y 2025, lo que representa el 32 por ciento de la flota regional.

Foton ocupa el segundo lugar con 1.492 unidades, seguido de Yutong con 1.417 y Zhongtong con 946.

El primer fabricante no chino en la lista es el brasileño Eletra, con 894 vehículos, la mayoría operando en su mercado nacional. Juntos, estos cinco fabricantes controlan el 85 por ciento del mercado.

Otros fabricantes como King Long, Scania, Mercedes-Benz, Higer y Sunwin tienen presencia en la región, pero con cifras mucho más modestas.

La hegemonía china refleja no solo la capacidad de producción de estos fabricantes, sino también su estrategia de precios competitivos y la experiencia acumulada en mercados de alto volumen.

En Europa, como ha documentado coches-electricos.org, BYD también ha desafiado a la industria local con presentaciones en pleno corazón de Alemania.

Los autobuses de 12 a 15 metros son el formato dominante en América Latina, representando el 68 por ciento de la flota eléctrica.

Los vehículos más pequeños, de ocho a 11 metros, tienen una presencia significativa en Colombia, donde constituyen el 49 por ciento de la flota, pero son escasos en otros países.

Los autobuses articulados, de más de 18 metros, siguen siendo limitados en número, aunque algunos sistemas de Bus Rapid Transit (BRT) los utilizan en rutas de alta demanda.

En cuanto a la tecnología, los autobuses eléctricos de batería (BEV) han ido ganando terreno frente a los trolebuses, que dependen de infraestructura fija de catenaria.

Aun así, los trolebuses mantienen un papel relevante en México, donde representan el 55 por ciento de la flota eléctrica, y en Brasil, con el 23 por ciento.

Esta persistencia refleja tanto la existencia de infraestructura histórica como las ventajas operativas de los trolebuses en ciertas rutas urbanas.

El análisis del ICCT también incluye una estimación del impacto ambiental de esta transición. Los autobuses eléctricos de batería logran reducciones significativas en las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los vehículos diésel.

Los ahorros oscilan entre el 65 por ciento en México y el 85 por ciento en Brasil, con diferencias atribuidas a la intensidad de CO2 de las redes eléctricas nacionales.

En todos los casos, las emisiones de los autobuses eléctricos provienen principalmente de la generación de electricidad y la producción de vehículos y baterías, mientras que los diésel emiten la mayor parte de sus gases por el escape.

Para los autobuses de 12 a 15 metros, las estimaciones del ICCT señalan que los eléctricos de batería redujeron las emisiones en un 85 por ciento en Brasil, un 77 por ciento en Colombia, un 70 por ciento en Chile y un 66 por ciento en México en comparación con los diésel.

Los trolebuses, por su parte, lograron reducciones de entre el 79 por ciento en Brasil y el 51 por ciento en Chile.

La tendencia observada en América Latina guarda similitudes con lo que ocurre en otras regiones. En Europa, por ejemplo, se registró un récord de casi 13.000 nuevas unidades en 2025, mientras que el diésel está siendo definitivamente desplazado en el transporte público urbano.

Aunque el ritmo de adopción varía según el contexto económico y regulatorio, la dirección es clara.

El logro de los 10.000 autobuses eléctricos en América Latina no es solo una cifra simbólica.

Representa un cambio estructural en la forma en que las ciudades del continente conciben el transporte público, con beneficios directos en calidad del aire, reducción de ruido y disminución de emisiones.

Sin embargo, el desafío ahora es acelerar la expansión más allá de las grandes capitales.