La marca confirma que ha recibido 57.000 reservas del Range Rover eléctrico, que tiene un precio de 163.250 euros y una autonomía de 531 kilómetros.

Land Rover ha culminado cinco años de desarrollo intensivo con el lanzamiento oficial del Range Rover Electric, un modelo que afronta el reto de electrificar un icono automovilístico sin traicionar su esencia.
Con 57.000 reservas confirmadas y un precio de partida de 163.250 euros para España, el primer Range Rover completamente eléctrico de la historia promete mantener intactas las capacidades todoterreno y el refinamiento que han definido a la marca durante más de medio siglo.
El desarrollo del Range Rover Electric ha supuesto un desafío técnico considerable para los ingenieros británicos, que han registrado más de 300 patentes nuevas durante el proceso.
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La obsesión de Land Rover ha sido clara desde el inicio: este vehículo debía comportarse como un Range Rover auténtico, independientemente de su sistema de propulsión.
Según la compañía, no bastaba con crear un SUV eléctrico premium más, sino un Range Rover que además fuera eléctrico.
La arquitectura técnica descansa sobre la plataforma MLA-Flex, una base estructural de metales mixtos concebida desde su diseño inicial para acoger tanto mecánicas térmicas como eléctricas.
Esta versatilidad será fundamental también para el futuro Range Rover GT, que se convertirá próximamente en el segundo modelo eléctrico de la firma.
La configuración de propulsión recurre a dos motores eléctricos síncronos de imanes permanentes idénticos, uno instalado en cada eje, desarrollados íntegramente por la propia compañía.
Cada motor es capaz de entregar 353 CV de forma individual, aunque la gestión electrónica del sistema limita la potencia máxima combinada a 550 CV.
El par motor alcanza los 850 Nm de forma instantánea, permitiendo al vehículo acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos según las mediciones oficiales.
Esta cifra resulta especialmente llamativa considerando que el Range Rover Electric tiene una masa total en vacío de 2.885 kilogramos.
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La batería representa uno de los elementos técnicos más destacados del conjunto. Con una capacidad de 118,5 kWh, el paquete utiliza celdas prismáticas NMC dispuestas en dos niveles para optimizar el aprovechamiento del espacio entre ejes.
Esta configuración de doble altura permite mantener una distancia al suelo adecuada mientras se integra un volumen considerable de almacenamiento energético.
El resultado es una autonomía homologada WLTP de 598 kilómetros, aunque Land Rover estima una cobertura realista de 531 kilómetros en condiciones habituales de uso.
La arquitectura eléctrica de 800 voltios permite aprovechar la infraestructura de carga rápida más avanzada actualmente disponible.
En un cargador de 350 kW, el Range Rover Electric puede recuperar del 10% al 80% de su capacidad en aproximadamente 22 minutos.
Para cargas en corriente alterna, el vehículo admite potencias de hasta 22 kW, completando una recarga completa en unas siete horas.
Como complemento, la marca ofrece opcionalmente un adaptador bidireccional V2L de 3,6 kW y una segunda toma de corriente situada en el lateral opuesto.
Donde el Range Rover Electric demuestra su verdadera singularidad es en su capacidad todoterreno.
Los ingenieros británicos han modificado prácticamente todos los componentes para garantizar la durabilidad sobre terrenos rotos, incluyendo el motor delantero original por uno de mayor resistencia.
Este nivel de exigencia explica por qué el desarrollo se ha prolongado más allá de los plazos inicialmente previstos.
La adopción de la propulsión eléctrica prescinde completamente de cajas reductoras complejas o bloqueos de diferenciales tradicionales.
En su lugar, la respuesta inmediata y lineal de los motores eléctricos simplifica la conducción en arena y terrenos deslizantes, ofreciendo una gestión de tracción más suave y progresiva.
El sistema Integrated Traction Management controla la velocidad del motor en 50 milisegundos, gestionando el deslizamiento hasta 100 veces más rápido que un vehículo equivalente de combustión.
La batería y todos los elementos mecánicos críticos están completamente sellados contra el agua en las partes inferiores del vehículo.
Para permitir la refrigeración durante los pasos de agua, se han incorporado respiraderos situados a gran altura.
Aunque no se le presupone un uso intensivo en campo, Land Rover garantiza que el Range Rover Electric puede arrancar con suavidad en pendientes de hasta 45 grados y vadear ríos de hasta 900 milímetros de profundidad.
La suspensión neumática permite elevar el vehículo 60 milímetros adicionales en estas situaciones, alcanzando 262 milímetros de altura libre al suelo.
Los ángulos de ataque y salida se mantienen en 33,2 y 28,8 grados respectivamente, cifras que apenas difieren del modelo térmico pese a la integración de la batería.
La electrificación ha permitido además situar el centro de gravedad 88 milímetros más bajo, mejorando la estabilidad dinámica sin penalizar la capacidad todoterreno.
La capacidad de remolque se establece en 2.500 kilogramos, manteniendo la versatilidad que muchos propietarios de Range Rover valoran.
Estéticamente, identificar el Range Rover Electric resulta complicado a simple vista. La marca ha optado por una estrategia de continuidad visual, limitando las diferencias a detalles como la parrilla ciega pintada en negro para disimular su función no operativa y llantas más aerodinámicas de 22 pulgadas.
Las formas son prácticamente idénticas a las del modelo de combustión, disponibles tanto en carrocería corta como larga. Esta decisión responde a la filosofía de diseño que ha guiado todo el proyecto: el Range Rover Electric debe percibirse primero como Range Rover.
El interior mantiene igualmente la identidad de la marca, con acabados de alta calidad y espacio generoso para los ocupantes.
Las únicas diferencias visibles aparecen en las pantallas del cuadro de instrumentos y el sistema multimedia, donde se muestra información específica sobre autonomía y estado de carga.
Curiosamente, Land Rover ha prescindido de incorporar un maletero delantero o frunk, argumentando que el espacio de carga disponible ya resulta suficiente para las necesidades de los usuarios del modelo.
Las primeras impresiones de conducción revelan una característica singular: el Range Rover Electric no se comporta como un vehículo eléctrico típico.
Los ingenieros han calibrado la entrega de potencia para que resulte gradual y progresiva, similar a la de un motor de combustión, evitando la respuesta instantánea tan característica de otros eléctricos.
Esta decisión tiene implicaciones profundas en la experiencia de uso, especialmente en situaciones todoterreno donde una modulación precisa del acelerador resulta fundamental.
El habitáculo es 7 decibelios más silencioso que el modelo equipado con motor V8, incorporando además cancelación activa de ruido.
Para quienes prefieran no conducir en absoluto silencio, el sistema puede reproducir sonidos especiales en el interior. Los modos de conducción Eco, Normal y Dynamic ajustan la potencia disponible, pero en ningún caso la entrega resulta brusca o artificial.
Land Rover ha abierto ya los pedidos para el Range Rover Electric, que se comercializará con dos longitudes de carrocería y múltiples niveles de acabado: SE, HSE, Autobiography, SV, SV Ultra y SV Black.
Inicialmente, se ofrecerá también una edición especial de lanzamiento First Edition en colores Belgravia Green, Santorini Black o Varesine Blue.
Las entregas están programadas para comenzar a lo largo del próximo año, aunque los más de 57.000 clientes en lista de espera tendrán que mantener la paciencia.
Martin Limpert, director general de Range Rover, ha declarado que el modelo eléctrico «es el resultado de una década de ingeniería y desarrollo tecnológico cuidadosamente considerados».
Matt Becker, director de ingeniería de vehículos de JLR, añade que «la característica definitoria del Range Rover Electric es su capacidad para rendir sobre cualquier superficie, con un confort y un refinamiento sin esfuerzo».
La garantía de la propulsión eléctrica avanzada incluida en el Range Rover Electric se extiende durante ocho años o 160.000 kilómetros, ofreciendo tranquilidad a largo plazo para los compradores.
Esta cobertura resulta especialmente relevante considerando el precio del vehículo y las expectativas de durabilidad asociadas tradicionalmente a la marca.
Un dato significativo sobre el perfil de compradores revela que el 70% de los interesados en el Range Rover Electric son nuevos clientes para la marca, mientras que un 20% ya posee un coche eléctrico en su garaje.
Esta composición sugiere que el modelo está atrayendo tanto a entusiastas de la electrificación como a clientes tradicionales de vehículos premium dispuestos a dar el salto hacia las cero emisiones sin renunciar a capacidades.
El lanzamiento del Range Rover Electric representa un momento definitorio para Land Rover en su transición hacia la movilidad eléctrica.
Con una inversión técnica considerable, más de 60.000 horas de pruebas y un desarrollo que ha superado los cinco años, la compañía británica ha apostado por demostrar que la electrificación no está reñida con las capacidades todoterreno ni con el lujo refinado que caracteriza a sus productos más emblemáticos.
El mercado decidirá en los próximos meses si esta estrategia de continuidad con innovación oculta convence a una clientela tradicionalmente exigente y conservadora en sus preferencias mecánicas.









