Los primeros grandes parques de baterías conectados a la red catalana entrarán en funcionamiento durante 2027.

Catalunya acumula 2.400 megavatios de almacenamiento energético mediante baterías en proyectos ya tramitados, consolidándose como líder en la península en la carrera por las infraestructuras de respaldo eléctrico.
La cifra, confirmada por el Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, incluye 134 proyectos en diferentes fases administrativas: 125 baterías independientes y nueve hibridadas con instalaciones renovables.
Esta capacidad representa un salto cualitativo para una región que, paradójicamente, se sitúa a la cola en generación renovable pero encuentra en el almacenamiento una vía para reengancharse al proceso de transición energética.
Entre las instalaciones pioneras destacan proyectos independientes en Sant Julià de Ramis, en la provincia de Girona, y sistemas híbridos vinculados a plantas fotovoltaicas existentes en Alcarràs, en el Segrià leridano.
Según fuentes del gobierno autonómico, estas infraestructuras resultan «imprescindibles» para reforzar la estabilidad del sistema eléctrico a medida que aumenta la generación intermitente procedente del sol y el viento.
La estrategia catalana difiere del modelo predominante en otras comunidades autónomas.
Mientras regiones como Andalucía o Castilla y León priorizan baterías asociadas directamente a grandes parques renovables, Catalunya apuesta mayoritariamente por instalaciones de almacenamiento independientes, conocidas técnicamente como ‘stand alone’.
Estos campos de baterías capturan energía durante las horas de máxima producción solar, cuando los precios alcanzan mínimos históricos, y la devuelven al sistema durante los picos de demanda vespertinos y nocturnos, contribuyendo a estabilizar precios y evitar tensiones en la red.
El último registro oficial disponible, correspondiente a octubre de 2025, contabilizaba 1.096,79 megavatios en tramitación.
La cifra actualizada de 2.400 megavatios refleja la aceleración experimentada en los últimos meses, tras la aprobación del decreto autonómico que regula específicamente la instalación de estos sistemas de almacenamiento.
El marco normativo ha resultado decisivo para desbloquear proyectos que permanecían en espera de certidumbre regulatoria, según confirman representantes del sector.
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La organización ecologista Oikia propone complementar los grandes parques de baterías con sistemas de almacenamiento distribuido, instalados próximos a bloques residenciales y polígonos industriales.
Joan Herrera, experto en transición energética y socio fundador de la entidad, explica que estas baterías de proximidad se alimentarían de la red durante las horas valle para suministrar electricidad cuando la demanda se dispara. «El mercado eléctrico ibérico presenta una volatilidad extrema en el transcurso de una sola jornada, con diferencias de precio que pueden superar el 300% entre mediodía y la tarde.
Cargar a las 12, cuando el precio roza mínimos, para consumir a las 20 horas genera beneficios tanto para usuarios como para el sistema», argumenta.
Catalunya ocupa la segunda posición nacional en autoconsumo energético doméstico, con 2.588 gigavatios hora producidos en 2025, únicamente superada por Andalucía y por delante de la Comunidad Valenciana, según datos de Redeia de marzo de 2026.
Esta capacidad instalada equivale aproximadamente al 20% del total estatal, proporción similar a la aportación catalana al PIB. «El interés por la electrificación y el almacenamiento es máximo, otra cosa es que luego las trabas territoriales o burocráticas puedan afectar», matiza Francesc Mauri, presidente de Oikia.
El impacto económico del almacenamiento distribuido ha sido cuantificado por la Universidad de Comillas en un informe que evalúa los beneficios para el conjunto del sistema eléctrico español.
En un escenario intermedio, con 1,4 gigavatios de almacenamiento repartido por el territorio, el sistema registraría beneficios anuales de 1.447 millones de euros y reduciría la inversión necesaria en la red de distribución en hasta 375 millones al año.
Estas cifras sustentan el argumento de que las baterías no solo aportan flexibilidad operativa sino que generan rentabilidad sistémica.
El descenso del precio de las baterías ha resultado determinante para convertir proyectos teóricos en iniciativas viables. Roger Casals, CEO de Wattium, confirma que «el precio ha bajado lo suficiente como para que muchos proyectos ya sean rentables».
No obstante, advierte sobre la persistencia del desconocimiento ciudadano respecto a la función y el funcionamiento de estas instalaciones, lo que genera reticencias en algunos ayuntamientos a la hora de conceder permisos.
Fuentes de la conselleria confían en que los primeros proyectos actúen como escaparate, facilitando la aceptación social de infraestructuras posteriores.
El debate tecnológico se centra también en la diversificación de materiales. Agustí Chico, director de Projectes Singulars de Eurecat, subraya que se investiga el uso de sodio como alternativa al litio, más sostenible y abundante. «Sodio tenemos en grandes cantidades, mientras que el litio y otros materiales de su familia son más difíciles de obtener», señala.
Aunque las baterías de sodio almacenan menos energía por unidad de volumen, resultan competitivas en instalaciones estacionarias donde el espacio no constituye un factor limitante.
El Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona ha desarrollado recientemente una nueva arquitectura para baterías de zinc-aire que incrementa su potencia hasta un 80% sin modificar la química principal. E
ste avance, que mejora significativamente el rendimiento, se suma a las alternativas en estudio para perfeccionar tanto el diseño como el modelo de fabricación de los acumuladores energéticos.
El primer congreso Battery & Energy Storage Tech Europe, celebrado en la Fira de Barcelona en septiembre de 2026, ha servido de plataforma para abordar los retos pendientes.
Entre ellos destaca la ciberseguridad, aspecto crítico ante la digitalización de las instalaciones. Joan Herrera insiste en que Catalunya no puede perder la oportunidad de situarse al frente del sector de las baterías, aunque sea con proyectos independientes de generación renovable.
El desarrollo del almacenamiento energético en Catalunya representa una respuesta pragmática a las limitaciones geográficas y regulatorias que han frenado la instalación de grandes parques eólicos y solares.
Al concentrar esfuerzos en las baterías, la región busca aportar valor al sistema eléctrico peninsular mediante la estabilización de la red y la gestión de la intermitencia renovable.
El éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad para ejecutar los 2.400 megavatios tramitados y de la aceptación social de infraestructuras cuya función resulta invisible para el ciudadano medio, pero determinante para garantizar la seguridad y la eficiencia del suministro eléctrico.







