La escasez de combustible provocada por los ataques ucranianos contra refinerías rusas ha transformado el mercado automotriz de Rusia de forma inesperada.

Las ventas de vehículos eléctricos e híbridos enchufables se duplicaron durante el verano de 2026, impulsadas por un factor que rara vez aparece en el debate sobre movilidad eléctrica: la simple imposibilidad de encontrar gasolina con normalidad.
Entre junio y agosto de 2026, se matricularon 26.543 coches eléctricos y PHEV nuevos en Rusia, frente a las 12.187 unidades del mismo periodo del año anterior.
Este incremento del 117,8% coincide con la intensificación de los ataques de Kiev contra instalaciones petroleras rusas desde principios de junio, que obligaron a algunas refinerías a detener operaciones. A finales de agosto, la producción rusa de gasolina había caído hasta representar aproximadamente el 70% de los niveles habituales de consumo interno.
Si estás pensando en comprar un coche eléctrico:
La situación generó escenas poco habituales en las estaciones de servicio rusas. Los conductores pasaban horas buscando combustible y haciendo largas colas cuando finalmente lo encontraban.
Este escenario empujó a algunos consumidores a considerar alternativas que hasta entonces habían descartado: el vehículo eléctrico o la conversión de sus automóviles a gas natural.
El desabastecimiento funcionó como un argumento de compra mucho más inmediato que cualquier consideración medioambiental o económica a largo plazo.
Según datos de la agencia analítica Autostat, las ventas de estos vehículos se vieron limitadas por la oferta disponible.
La escasez de gasolina pilló por sorpresa tanto a fabricantes como a importadores, que no disponían de suficientes unidades para atender la demanda repentina.
La mayoría de los modelos electrificados vendidos en Rusia proceden de China, país que ha llenado el vacío dejado por los fabricantes europeos, estadounidenses, japoneses y surcoreanos tras su retirada del mercado ruso en 2022 por las sanciones internacionales.
Marcas chinas como Zeekr y Li Auto están aprovechando esta nueva dinámica del mercado para consolidarse en las grandes ciudades rusas, especialmente Moscú.
Al mismo tiempo, marcas locales respaldadas por el Estado, como Evolute o el renacido grupo Moskwa, están entrando en el sector mediante el montaje y distribución de modelos chinos bajo sus propias marcas.
Todo lo que debes saber para viajar con un coche eléctrico
El SUV eléctrico compacto Evolute i-Joy, basado en el Dongfeng Fengon E3 y ensamblado en la planta de Lipetsk utilizando kits completamente desmontados, representa un ejemplo de esta estrategia.
Los compradores reciben además una subvención del 35% del precio de compra como parte de un programa de ayudas estatales.
A pesar de este crecimiento notable, el mercado ruso de vehículos eléctricos continúa siendo relativamente pequeño.
En 2025, los eléctricos e híbridos enchufables representaron apenas el 4,3% de las ventas totales de turismos en el país.
Persisten obstáculos estructurales significativos: una red de carga limitada, las vastas distancias del país y un clima especialmente riguroso que afecta negativamente al rendimiento de las baterías.
Sin embargo, las cifras de uso de puntos de recarga públicos de Rosatom mostraron un aumento considerable a finales de junio, coincidiendo con el agravamiento de la escasez de combustible.
El caso ruso ofrece una perspectiva diferente sobre la electrificación del transporte. Habitualmente, el vehículo eléctrico se defiende por tres razones principales: reducir emisiones, disminuir el gasto energético y bajar el coste de utilización.
Rusia añade ahora una cuarta mucho más básica y urgente: poder desplazarse cuando el combustible líquido no llega con normalidad al surtidor.
Esta situación evidencia una diferencia fundamental entre ambos sistemas de propulsión. Un coche de gasolina necesita un producto muy concreto que debe extraerse, transportarse, refinarse y distribuirse físicamente hasta una estación de servicio.
Un coche eléctrico también depende de infraestructura energética, pero la electricidad puede producirse utilizando una combinación mucho más diversa de fuentes: solar, eólica, hidroeléctrica, nuclear, gas o carbón, dependiendo del sistema energético de cada país.
Esto no convierte al vehículo eléctrico en inmune a una crisis energética, pero sí modifica significativamente el tipo de dependencia.
Mientras el petróleo refinado es vulnerable a disrupciones en cualquier punto de su cadena de suministro, la electricidad cuenta con múltiples vías de generación y distribución.
Moscú, por ejemplo, opera desde hace tiempo la segunda flota de autobuses eléctricos más grande de Europa, tal como se registró en 2021, demostrando que la infraestructura eléctrica puede funcionar incluso bajo condiciones adversas.
El aumento repentino de las ventas en Rusia muestra de forma extrema algo que normalmente queda en segundo plano en el debate sobre electrificación.
El coche eléctrico no solo sirve para consumir menos petróleo; también permite mantener la movilidad cuando los sistemas tradicionales de suministro de combustible fallan.
Esta lección resulta especialmente relevante para Europa, que también ha experimentado episodios de tensión en el suministro energético en años recientes.
La experiencia rusa demuestra que la adopción del vehículo eléctrico puede acelerarse por razones completamente ajenas a políticas climáticas o incentivos fiscales.
Cuando la gasolina simplemente no está disponible, las consideraciones sobre autonomía, red de recarga o clima extremo pasan a un segundo plano frente a la necesidad básica de desplazarse.
Esta realidad, aunque surgida de circunstancias excepcionales, revela una dimensión estratégica de la electrificación que pocas veces se menciona en el discurso público: la resiliencia del sistema de transporte frente a disrupciones en el suministro de combustibles fósiles.









