Australia regala la luz por exceso de producción solar. ¿Podría hacerlo España?

Australia ha puesto en marcha uno de los experimentos energéticos más audaces del panorama internacional.

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Desde julio de 2025, millones de hogares en Nueva Gales del Sur, Australia Meridional y el sudeste de Queensland disponen de tres horas diarias de electricidad gratuita durante el mediodía, cuando la generación fotovoltaica supera la capacidad de absorción de la red.

La iniciativa, bautizada como Solar Sharer Offer, no nace de una crisis de escasez sino de todo lo contrario: el país oceánico produce tanta energía solar que su sistema eléctrico se ve desbordado justo cuando el sol alcanza su punto más alto.

El programa exige a las comercializadoras con más de 1.000 clientes que ofrezcan un periodo gratuito a los usuarios equipados con contador inteligente.

La electricidad sin coste está disponible entre las 11.00 y las 14.00 horas en Nueva Gales del Sur y Queensland, mientras que en Australia Meridional se traslada entre las 12.00 y las 15.00 horas.

El límite diario de 24 kilovatios hora gratuitos no exige que el consumidor disponga de paneles solares propios, aunque sí requiere un contador capaz de registrar por separado la electricidad utilizada dentro y fuera del periodo promocionado.

Australia ha llegado a esta situación porque más de cuatro millones de viviendas, cerca de una de cada tres, cuentan con paneles solares en sus tejados.

Esa generación distribuida ya produce más electricidad que todas las centrales de carbón aún activas en el país y reduce los precios mayoristas durante las horas centrales del día, cuando la generación puede superar la demanda y aumentar el riesgo de vertidos o restricciones sobre las instalaciones solares.

El Gobierno australiano busca que los hogares trasladen hacia ese periodo el funcionamiento de lavadoras, sistemas de climatización, termos eléctricos y otros equipos, lo que permitiría reducir la demanda vespertina y aprovechar una electricidad cuyo valor para el sistema es especialmente bajo.

Los vehículos eléctricos y las baterías domésticas presentan las mayores posibilidades de ahorro, ya que pueden almacenar energía durante el periodo gratuito para utilizarla posteriormente, cuando la generación solar disminuye y aumentan tanto el consumo como los precios.

Un análisis publicado por el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero estima que un hogar con un vehículo eléctrico podría ahorrar entre 731 y 893 dólares australianos anuales, mientras que la cifra oscilaría entre 1.341 y 2.257 dólares si tuviera dos automóviles.

El mismo estudio calcula que un apartamento equipado con una batería enchufable de cinco kilovatios hora podría ahorrar entre 366 y 644 dólares al año, aunque advierte de que la regulación australiana todavía dificulta la utilización de estos dispositivos en viviendas colectivas.

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El programa forma parte de una estrategia más amplia del ministro de Energía, Chris Bowen, que en 2022 fijó el objetivo de que el 82 por ciento de la electricidad provenga de fuentes renovables para 2030.

Para implementar la medida, el Gobierno modificó la Default Market Offer, la tarifa de referencia que limita lo que los minoristas pueden cobrar, incorporando una franja diaria de coste cero justo cuando la red se satura de energía solar.

La iniciativa se suma a la subvención de baterías domésticas, que permitirá almacenar parte de esa energía gratuita para su uso nocturno.

No todas las voces han celebrado la propuesta. Desde Australian Energy Council, el consorcio que agrupa a las principales compañías eléctricas, se criticó al Gobierno por no haber consultado al sector antes del anuncio.

Su directora ejecutiva, Louise Kinnear, advirtió de que la falta de consulta podría dañar la confianza del sector y generar consecuencias no deseadas.

Algunas empresas temen que el plan aumente los costes de red y obligue a los minoristas más pequeños a abandonar el mercado, aunque grandes actores como AGL Energy y Ovo Energy han mostrado disposición a colaborar con el Gobierno para definir los detalles técnicos.

España reúne varias condiciones para ensayar un mecanismo semejante, porque dispone de contadores inteligentes ampliamente extendidos, una potencia fotovoltaica creciente y un mercado que registra cada vez más horas con precios muy bajos o negativos durante los periodos de mayor producción solar.

Una tarifa de este tipo podría incentivar la recarga diurna de vehículos eléctricos, el calentamiento de agua y la programación de electrodomésticos, aunque su efectividad dependería de que los consumidores pudieran desplazar realmente su demanda y de que las redes locales soportaran la concentración del consumo.

Su implantación no podría limitarse a copiar el modelo australiano, ya que habría que definir el papel de comercializadoras, distribuidoras y agregadores, establecer límites de consumo y evitar que la electricidad gratuita se compensara con precios excesivos durante la tarde y la noche.

Además, el marco europeo impide ofrecer electricidad gratuita directamente. El precio se fija en el mercado mayorista, gestionado por OMIE, y el Estado no puede intervenir salvo mediante subvenciones o descuentos.

Mientras el sistema tarifario horario y los contadores inteligentes permitirían replicar técnicamente la medida australiana, la flexibilidad regulatoria sigue siendo una asignatura pendiente.

España afronta una paradoja similar a la australiana pero con matices propios. Aunque el sur peninsular produce más energía solar de la que consume, el norte sigue dependiendo de las centrales de gas, las únicas capaces de aportar la inercia necesaria para estabilizar la red.

El país cuenta con la generación del futuro pero continúa utilizando parte de la infraestructura del pasado, lo que complica la gestión de los excedentes renovables.

Las cantidades difundidas por el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero proceden de una modelización y no de facturas reales observadas desde la entrada en vigor de la oferta, por lo que el ahorro final dependerá de la flexibilidad de cada hogar y de las tarifas aplicadas durante el resto del día.

El experimento australiano plantea así una cuestión para el sistema español, que deberá decidir si continúa vertiendo o depreciando parte de su producción solar o utiliza tarifas dinámicas para trasladar ese excedente a los consumidores capaces de aprovecharlo.

Regalar electricidad para evitar un colapso de la red puede parecer contradictorio, pero encierra una lección sobre la transición energética: el problema del siglo veintiuno no será producir energía, sino gestionarla.

El modelo australiano demuestra que cuando la generación renovable supera ciertos umbrales, el mercado tradicional necesita nuevas herramientas para equilibrar oferta y demanda.

España, con récords históricos de generación renovable y episodios repetidos de precios negativos, se encuentra ante una disyuntiva similar. La cuestión no es si tendrá que actuar, sino cuándo y cómo lo hará.