A pesar del gran éxito conseguido por la marca, Wang Chuanfu no quiere que su crecimiento se estanque.

BYD, la gran potencia china de vehículos eléctricos, atraviesa lo que podría ser una transición clave en su historia.
Tras años de crecimiento explosivo, ahora enfrenta una desaceleración visible, pero también prepara su apuesta para un nuevo impulso.
En noviembre, BYD registró su cifra más alta del año, 480.186 vehículos de nueva energía vendidos, lo que en principio podría parecer un buen dato.
Pero cuando ese número se compara con noviembre de 2024 revela una caída interanual del 5,25 %, lo que marca el tercer mes consecutivo con descenso frente al mismo mes del año anterior.

De hecho, los resultados mensuales de 2025 han mostrado altibajos: en octubre, por ejemplo, BYD declaró ventas globales de 441.706 unidades, una caída del 12,12 % interanual. Esta inestabilidad ha obligado a revisar sus ambiciosas metas.
En 2024, la empresa vendió 4,27 millones de vehículos, un récord. Para 2025, había previsto 5,5 millones de unidades; sin embargo, fuentes de la industria reportan que BYD ajustó ese objetivo a unos 4,6 millones.
Aun así, hasta noviembre de 2025 el acumulado global superaba los 4,18 millones de NEV vendidos. Pero la dinámica ya no es la expansión sostenida: hay signos claros de saturación, y un mercado que exige más que “solo crecer en volumen”.
A pesar de la desaceleración en su mercado principal, BYD continúa como protagonista global del camino de la electrificación.
En los primeros ocho meses de 2025, capturó cerca del 20 % del mercado mundial de vehículos eléctricos, la mayor cuota entre todos los fabricantes.
Datos recientes proyectan que BYD será a fines de 2025 el líder global en ventas de vehículos eléctricos puros, con una cuota estimada de alrededor del 15,7 %.
Además, su peso en el mercado de baterías sigue siendo muy relevante: entre enero y octubre de 2025, BYD representó aproximadamente el 16,9 % del mercado global de baterías para vehículos eléctricos.
Estos datos muestran que, aunque el ritmo de crecimiento se haya moderado, BYD sigue siendo un actor clave en el mercado global.
Sin embargo, la empresa ha empezado a hablar con inusual franqueza sobre sus problemas.
En una reunión reciente con accionistas, su presidente reconoció que la razón principal de la desaceleración es que “la ventaja tecnológica actual no es tan pronunciada” como en años anteriores.
El “factor sorpresa” de sus innovaciones se ha diluido, y la competencia ha alcanzado niveles similares.
Ese coche tecnológico ya no deslumbra como antes, en un momento en que la competencia se ha intensificado, especialmente con nuevos modelos eléctricos o híbridos de marcas rivales que ofrecen buen precio y prestaciones competitivas.
BYD admite además que debe traducir su know‑how en valor real para el usuario, corrigiendo lo que llama una inercia de marketing y reforzando su estructura comercial.
Aunque las cifras recientes suenen a advertencia, BYD prepara su contraataque. Los planes incluyen una ofensiva intensa en investigación y desarrollo, apoyada por su plantilla, compuesta por decenas de miles de ingeniero, con el objetivo de devolver a la empresa la delantera tecnológica en los próximos dos o tres años.
Parte clave de la estrategia es la internacionalización. En noviembre, BYD exportó 131.935 vehículos, una cifra récord mensual, equivalente a un aumento del 326 % en tasa interanual.
De hecho, analistas estiman que para 2026 la marca podría vender entre 1,5 y 1,6 millones de vehículos fuera de China, más del doble de lo proyectado originalmente para el mercado internacional.
Este giro hacia mercados extranjeros le ofrece a BYD una vía de escape frente a la saturación en China, y una oportunidad de aprovechar su ya consolidada ventaja global.
El panorama no está libre de desafíos. Primero, el desgaste de su ventaja tecnológica y el surgimiento de competidores agresivos implican que BYD necesitará sobresalir con innovación real, no solo volumen ni precio. Si sus promesas de nuevos desarrollos no se concretan, el desgaste podría ser permanente.
También existe el riesgo de que la competencia global, tanto de fabricantes establecidos como de nuevas marcas eléctricas, complique su expansión internacional, especialmente en mercados con regulaciones, aranceles o preferencias locales.
Finalmente, sus propias metas ambiciosas exigen un mes de diciembre fuerte para acercarse al objetivo de 4,6 millones de unidades en 2025. Pero con tres meses de caídas consecutivas, la presión es alta.
Aun así, la apuesta de BYD por innovación, tecnología y exportaciones sugiere que la compañía no se resigna. Si logra combinar su escala global con un verdadero salto tecnológico, podría relanzarse con fuerza.
Algunos analistas y entusiastas de la movilidad eléctrica creen que este podría ser el año de inflexión para BYD, el momento en que deje atrás el empuje basado en volumen, para reinventarse desde la innovación y la calidad. Si sus promesas de nuevas tecnologías se cumplen, la marca podría consolidar su liderazgo por muchos años.
Otros, en cambio, advierten que la competencia global es feroz, y que una falla más podría abrir una ventana decisiva para rivales emergentes o consolidados que han venido recortando distancias con agresivos lanzamientos de eléctricos e híbridos.
Para BYD, 2025 será recordado como un año de contraste: por un lado, cifras mundiales impresionantes que ratifican su escala; por otro, signos claros de saturación, pérdida de ventaja relativa y necesidad de redefinirse.
El 2026 podría ser el año decisivo: si la empresa consigue materializar los avances tecnológicos prometidos, transformar su investigación en productos tangibles y consolidar su expansión internacional, no solo recuperará terreno, sino que podría salir fortalecida.
Etiquetas: coches eléctricos, BYD.
Datos: Cnevpost.








