Polestar ordena la retirada de cientos de unidades de su SUV eléctrico tras descubrir varios fallos.

En un mercado tan competitivo como el de los coches eléctricos premium, un fallo técnico no es solo un contratiempo: puede convertirse en un problema para el prestigio de la marca.
Polestar, la firma sueca respaldada por Volvo y el gigante chino Geely, lo está comprobando en carne propia.
Su último lanzamiento, el esperado Polestar 3, ha pasado de promesa del segmento SUV de alta gama a protagonista de uno de los escándalos más delicados del año en el sector del automóvil eléctrico.
Desde su llegada al mercado, el Polestar 3 había generado altas expectativas. Con un diseño cuidado, motorizaciones potentes y un enfoque tecnológico ambicioso, se perfilaba como el rival directo de pesos pesados como el BMW iX, el Audi Q8 e-tron o el Mercedes EQE SUV.
Sin embargo, en cuestión de meses, lo que parecía una historia de éxito se ha tornado en un problema mayúsculo por un motivo tan básico como inadmisible: la entrada de agua en el sistema eléctrico.
La raíz del problema se encuentra en el mazo de cables que conecta el compartimento del motor con el parachoques delantero.
Según ha reconocido la propia marca, una deficiencia de diseño ha dejado expuestos estos conectores a la humedad exterior.
El resultado es tan simple como alarmante: la entrada de agua puede provocar corrosión en los pines del conector, lo que desencadena todo tipo de fallos eléctricos.
Desde la pérdida de asistencia en la dirección, hasta frenadas bruscas no solicitadas, pasando por bloqueos que impiden arrancar el vehículo o incluso liberar el freno de estacionamiento.
Las consecuencias, como era de esperar, han sido inmediatas. En Estados Unidos, Polestar ha ordenado la retirada urgente de 969 unidades para sustituir el arnés de cables afectado.
En Canadá, la cifra asciende a 1.100 coches. Sin embargo, en Europa el proceso va mucho más lento, lo que ha desatado una ola de indignación entre los propietarios.
En redes sociales abundan los testimonios de clientes que denuncian la falta de comunicación, retrasos en las llamadas a revisión y un soporte técnico deficiente:
“Me vendieron un coche en abril sabiendo que tenía un defecto potencialmente peligroso”, protesta un comprador sueco en un foro especializado.
Otro usuario denuncia que quedó atrapado durante más de 40 minutos en un túnel de lavado debido a un fallo eléctrico que inmovilizó por completo el vehículo.
No faltan los casos en los varios usuarios han reportado incidentes especialmente preocupantes, como frenadas involuntarias a alta velocidad.
La respuesta oficial de Polestar no ha calmado las aguas. Aunque la marca ha prometido que sustituirá sin coste tanto el arnés del parachoques como el conector del compartimento del motor, sigue sin ofrecer un calendario claro para las reparaciones en Europa.
Esa ambigüedad está alimentando el enfado de una parte de los clientes, que ya exigen no solo soluciones técnicas, sino también compensaciones económicas.
Además, no es la primera vez que el Polestar 3 sufre una llamada a revisión. En mayo de este mismo año, 287 unidades fueron retiradas en Canadá debido a un problema de software que impedía la visualización de la cámara trasera.
En esa ocasión, la solución fue una simple actualización OTA (over-the-air), pero la situación actual es mucho más grave, ya que implica una intervención física en el vehículo y afecta directamente a la seguridad activa.
Todo esto llega en un momento especialmente delicado para Polestar. La marca había apostado fuerte por el modelo 3 como su buque insignia para consolidarse en el segmento premium, y los problemas técnicos amenazan con socavar años de esfuerzo en imagen y reputación.
No es solo una cuestión de seguridad: también se pone en entredicho la confianza del consumidor en una marca joven que todavía no ha alcanzado la madurez de sus competidores alemanes.
Por el momento, Polestar ha preferido mantener un perfil bajo en sus declaraciones públicas.
Las notificaciones a los clientes afectados están llegando poco a poco, pero sin una estrategia clara ni una comunicación unificada, lo que deja a muchos propietarios en una incertidumbre angustiosa. “Me dicen que espere, pero llevo semanas sin poder usar el coche con normalidad”, lamenta un usuario español.
Lo que empezó como un fallo puntual en un conector eléctrico está escalando hasta convertirse en un desafío reputacional de gran calado.
El Polestar 3 debía ser el coche que llevara a la marca al siguiente nivel, pero corre el riesgo de convertirse en el símbolo de sus limitaciones.
A menos que la compañía actúe con rapidez, transparencia y contundencia, el daño podría ser duradero. En el sector de la automoción, la confianza se gana con esfuerzo… y se pierde en una tormenta.









