La apuesta por el hidrógeno verde en España ha recibido un duro revés con la decisión de Repsol de cancelar definitivamente su ambicioso proyecto en Puertollano, Ciudad Real.

La compañía ha decidido abandonar la construcción de la planta de producción de hidrógeno verde que se iba a levantar en las antiguas instalaciones de la central térmica de La Sevillana.
La decisión llega tras meses de estudios técnicos y económicos que, finalmente, han llevado a concluir que el desarrollo de esta infraestructura es inviable en el contexto actual, tanto desde el punto de vista económico como desde el tecnológico.
El proyecto planteado por Repsol era uno de los más importantes en Castilla-La Mancha en lo que respecta al desarrollo de hidrógeno renovable.
Su capacidad de producción era ambiciosa: se esperaba generar unas 30.911 toneladas de hidrógeno verde al año, además de cerca de 273.000 toneladas de oxígeno, gracias a un proceso de electrólisis alimentado por electricidad procedente de fuentes renovables.
La idea era transportar el hidrógeno mediante hidroducto directamente a la refinería de Repsol situada en la misma localidad, con el objetivo de descarbonizar los procesos industriales del complejo petroquímico.
Sin embargo, las expectativas se han estrellado contra las dificultades económicas y los actuales límites tecnológicos. El coste de implantación del proyecto y los desafíos técnicos asociados se han revelado como obstáculos insalvables.
Desde la compañía no han ofrecido detalles concretos sobre los números que han llevado a esta decisión, pero fuentes internas reconocen que el proyecto no podía competir ni en costes ni en plazos con otras alternativas que hoy resultan más viables.
Lo que parecía ser una pieza clave en la hoja de ruta de descarbonización de Repsol ha terminado siendo descartado por la compañía, que no ve, al menos en este momento, posibilidad de sacarlo adelante con garantías.
Pese a este duro golpe, Repsol insiste en que Puertollano sigue siendo un enclave estratégico dentro de su estructura industrial. La compañía ha subrayado que continuará apostando por proyectos innovadores en la zona, especialmente aquellos ligados a la economía circular y la descarbonización.
Entre las iniciativas que seguirán adelante se encuentran la planta de producción de biocombustibles, el desarrollo de polímeros avanzados, los programas de reciclaje químico y nuevas instalaciones solares fotovoltaicas que refuerzan su compromiso con las energías renovables.
Repsol no renuncia al hidrógeno verde, pero ha dejado claro que cambiará su enfoque. La compañía pretende ahora avanzar en el desarrollo de esta tecnología de forma más gradual y adaptándose al entorno industrial específico de cada localización, con soluciones que resulten viables técnica y económicamente. Este ajuste de estrategia podría interpretarse como un reconocimiento de que el entusiasmo por el hidrógeno verde debe aterrizar en una realidad más compleja de lo que a menudo se presenta en los grandes titulares.
Lo curioso es que mientras Repsol ha decidido echar el freno, otras compañías ya están operando con éxito en Puertollano en este mismo sector.
Desde 2022, Iberdrola y Fertiberia mantienen activa en la localidad una planta de hidrógeno verde que, con una inversión de 150 millones de euros, se ha convertido en la mayor instalación de este tipo para uso industrial en Europa.
Esta planta cuenta con un sistema solar fotovoltaico de 100 MW, baterías con una capacidad de almacenamiento de 20 MWh y un electrolizador PEM de 20 MW capaz de producir hasta 3.000 toneladas de hidrógeno verde al año.
Además, su impacto medioambiental es notable, ya que permite evitar la emisión de entre 48.000 y 78.000 toneladas de CO₂ anuales, según datos de la propia empresa.
El enfoque de la planta de Iberdrola es sustancialmente diferente al que Repsol había planteado. Mientras Repsol pretendía transportar el hidrógeno a través de un hidroducto para descarbonizar sus procesos petroquímicos, la planta de Iberdrola suministra el hidrógeno directamente a Fertiberia para la producción de amoniaco verde.
Este uso directo evita costes de transporte y aprovecha sinergias inmediatas con el proceso productivo de Fertiberia. Además, la planta de Iberdrola ha logrado integrar de manera eficiente el uso de subproductos como el oxígeno y el calor residual, canalizando este último hacia un proyecto que pretende suministrar energía térmica al hospital local, mientras el oxígeno se reutiliza en procesos industriales cercanos.
Este éxito contrasta fuertemente con la retirada de Repsol, y plantea una pregunta incómoda sobre la verdadera viabilidad del hidrógeno verde en determinadas aplicaciones industriales.
Lo cierto es que mientras Iberdrola ha demostrado que es posible poner en marcha una planta de hidrógeno verde en Puertollano, Repsol se ha visto obligada a admitir que su planteamiento no era viable.
La cancelación del proyecto no solo supone un paso atrás para Repsol, sino que también es un jarro de agua fría para las expectativas que Castilla-La Mancha había depositado en la consolidación del hidrógeno verde como motor económico.
La planta de Repsol iba a ser una de las grandes apuestas regionales para posicionarse como referente en el sector del hidrógeno renovable, y su abandono deja un vacío que, de momento, no tiene sustituto.
Resulta inevitable preguntarse si el problema radica únicamente en los números o si, en realidad, estamos ante un síntoma de que la burbuja del hidrógeno verde está empezando a desinflarse.
El entusiasmo generalizado por esta tecnología en los últimos años ha alimentado un relato en el que el hidrógeno parecía ser la solución perfecta para la descarbonización industrial, pero decisiones como la de Repsol invitan a un análisis más pausado y menos eufórico.
Por supuesto, Repsol continuará explorando otras vías para reducir su huella de carbono y seguirá impulsando el desarrollo de hidrógeno renovable en otros formatos y localizaciones, pero el mensaje que queda es claro: no todo vale y no todo es rentable, al menos no en el corto plazo.
Este episodio también puede servir de advertencia para otras compañías que se planteen inversiones similares sin haber hecho previamente un análisis realista de costes y desafíos tecnológicos.
Mientras tanto, Puertollano seguirá siendo un punto clave en el mapa energético nacional, pero con un protagonismo más repartido. Iberdrola y Fertiberia mantienen su liderazgo en la producción de hidrógeno verde, mientras Repsol busca redefinir su estrategia en la zona.
Este contraste entre lo que se planificó y lo que finalmente ha ocurrido alimenta el debate sobre hasta qué punto las grandes promesas del hidrógeno pueden cumplirse con los recursos y tecnologías disponibles hoy.
El tiempo dirá si la retirada de Repsol es solo un paso atrás temporal o si realmente estamos asistiendo a una corrección de expectativas en torno a esta energía que muchos han querido vender como la piedra angular de la descarbonización industrial.
Por ahora, lo que parece evidente es que no todas las apuestas por el hidrógeno verde tendrán un final feliz. Y quizá, a partir de ahora, veremos a las empresas actuar con algo más de prudencia antes de anunciar a bombo y platillo sus próximos grandes proyectos.
