El CEO de Ford presenta la estrategia para producir una amplia gama de vehículos eléctricos a precios competitivos.

La compañía estadounidense ha desvelado su jugada más ambiciosa hasta la fecha: una plataforma eléctrica universal que promete revolucionar la forma en que Ford produce, vende y compite.
La nueva Plataforma Universal Eléctrica de Ford será la base de una generación entera de vehículos, desde Pickups y SUVs hasta berlinas y modelos familiares.
El objetivo es claro: reducir drásticamente los costes de producción para ofrecer modelos eléctricos por debajo de los 30.000 euros.
El primer vehículo que se montará sobre esta arquitectura llegará en 2027 y será una pick up de cuatro puertas, bautizada como Ford Ranchero, cuyo precio rondará los 30.000 dólares en Estados Unidos, unos 27.500 euros al cambio.
El consejero delegado de la compañía, Jim Farley, no se ha mordido la lengua. Durante la presentación, realizada en la planta de montaje de Louisville, en Kentucky, el directivo comparó este lanzamiento con el del histórico Ford Model T en 1908.
Entonces, aquel coche marcó el inicio de la producción en masa y convirtió a Ford en sinónimo de movilidad asequible.
Ahora, más de un siglo después, Farley quiere repetir la jugada, pero en clave eléctrica. Hace casi 120 años, el Model T de Ford se convirtió en el automóvil universal.
Era asequible, adaptable y fácil de mantener. Estados Unidos nunca volvió a ser el mismo. Ahora inauguramos el siguiente capítulo con la Plataforma Universal Eléctrica: una nueva idea para una nueva era, afirmó el directivo.
Para hacer realidad esta apuesta, Ford invertirá 5.000 millones de dólares en Estados Unidos, distribuidos entre su planta de Louisville, que será reconvertida para fabricar exclusivamente eléctricos, y una planta en Michigan, que producirá baterías LFP a partir del próximo año.
Solo la reconversión de la fábrica de Kentucky absorberá 2.000 millones de dólares y creará 2.200 nuevos empleos.
Actualmente, en Louisville se ensambla el SUV Escape de gasolina, un modelo que dejará de producirse para dar paso a la nueva familia de vehículos eléctricos.
Con esta transformación, la planta adoptará un nuevo sistema de fabricación que sustituye la cadena de montaje tradicional por tres líneas de trabajo paralelas que se unen al final del proceso.
Este método, junto con la nueva plataforma, permitirá reducir en un 40% el tiempo total de producción y disminuir de forma significativa el número de estaciones y operarios necesarios.
Ford asegura que esta optimización no es un simple ajuste de eficiencia, sino un cambio estructural que le permitirá competir de tú a tú con los fabricantes chinos, que llevan años produciendo modelos a bajo coste con márgenes reducidos pero aceptables gracias a una logística y un diseño optimizados.
La nueva plataforma ha sido desarrollada en secreto durante tres años y ha costado más de 2.000 millones de euros en ingeniería y prototipos.
El enfoque ha sido claro: crear una base capaz de servir para múltiples tipos de carrocerías, tamaños y configuraciones, desde compactos hasta SUV de tres filas, pasando por camionetas de trabajo.
Uno de los grandes avances radica en que los vehículos tendrán un 20% menos de piezas que un eléctrico actual de la marca, junto con un 25% menos de tornillos, un 40% menos de estaciones de trabajo y un 15% menos de tiempo de ensamblaje.
Menos piezas significa menos complejidad, menos coste y también menos posibilidades de fallos mecánicos.
En cuanto a la batería, Ford ha optado por las prismáticas LFP, conocidas por su durabilidad, coste reducido y menor uso de materiales críticos como el cobalto o el níquel.
Estas baterías, además, se integran como parte estructural del suelo del vehículo, ahorrando espacio y mejorando la rigidez del chasis.
El primer modelo de la nueva era, la Ford Ranchero eléctrica, llegará con una promesa ambiciosa: será tan rápida como un Mustang EcoBoost y ofrecerá más espacio para pasajeros que una Toyota RAV4.
Aunque Ford no ha revelado cifras de autonomía, aceleración o capacidad de carga, sí ha dejado claro que no se trata solo de fabricar coches baratos, sino de que también resulten atractivos y divertidos de conducir.
En palabras de Farley, la nueva generación de eléctricos de Ford tendrá un bajo centro de gravedad, entrega de potencia inmediata y una gran rigidez estructural, características que deberían traducirse en una conducción ágil y segura.
La sombra de China ha sobrevolado en toda la presentación. El CEO de Ford no ha escondido su preocupación por el empuje de marcas como BYD, MG o Nio, que han demostrado ser capaces de producir vehículos competitivos a precios que Occidente tiene problemas para igualar.
Vienen a por nosotros, las compañías tradicionales de automóviles. Necesitábamos un planteamiento radical y un desafío realmente difícil para crear un vehículo asequible, advirtió Farley.
Este planteamiento implica abandonar la estrategia anterior, centrada en electrificar modelos grandes y de gama alta.
El cambio es apostar por un rango más asequible que permita a Ford no solo defender cuota de mercado en Estados Unidos, sino también aspirar a mercados internacionales en Europa, Latinoamérica y Asia.
En Europa, el eléctrico más barato de Ford actualmente es el Puma Gen-E, que parte desde 34.883 euros. Lograr bajar de la barrera psicológica de los 30.000 euros significaría acercar la electromovilidad a un público mucho más amplio.
Además, Ford asegura que el coste de propiedad en cinco años de los nuevos modelos será inferior al de un Tesla Model Y usado de tres años, aunque la compañía no ha detallado los cálculos exactos que sustentan esa afirmación.
El anuncio de Ford marca un punto de inflexión en su estrategia, pero también plantea interrogantes. La marca llega a esta carrera con retraso respecto a competidores que llevan años afinando sus procesos eléctricos.
Aun así, la magnitud de la inversión y la ambición del proyecto demuestran que la compañía no está dispuesta a rendirse.
De aquí a 2027, Ford tendrá que resolver desafíos importantes: garantizar un suministro estable y económico de baterías LFP, mantener la calidad y la fiabilidad en un entorno de producción acelerada.
Pero sobre todo, convencer a los consumidores de que un Ford eléctrico puede ser tan competitivo o más que un modelo chino de precio similar.
Si la apuesta sale bien, la Plataforma Universal Eléctrica podría convertirse en el nuevo emblema de la compañía, tal y como el Model T lo fue en el siglo XX.
Si falla, la presión financiera y competitiva podría dejar a Ford en una posición todavía más delicada en el tablero global del automóvil.
En cualquier caso, el mensaje de Farley es inequívoco: Ford no piensa quedarse rezagada en la carrera por la movilidad eléctrica.









