Ford no atraviesa su mejor momento en Europa pese a contar con una gama de eléctricos que, sobre el papel, resulta muy atractiva.

Modelos como el Mustang Mach-E, el Puma Gen-E, el Explorer EV y el nuevo Capri EV forman un catálogo muy atractivo de coches eléctricos.
La histórica inversión de Ford para transformar su planta de Colonia en un centro de producción exclusivo para vehículos eléctricos revela hasta qué punto la compañía cree en el futuro de este segmento.
Sin embargo, la realidad del mercado europeo no está respondiendo a esas expectativas. Las ventas de eléctricos de Ford en Europa no acaban de despegar.
A pesar de que el Explorer EV, uno de sus lanzamientos más ambiciosos y construido sobre la plataforma MEB de Volkswagen, llegó para competir en el segmento SUV eléctrico, sus cifras iniciales de matriculaciones están muy lejos de lo que se esperaba.
Otros modelos como el Puma Gen-E y el recién lanzado Capri EV tampoco logran captar la atención del consumidor europeo, un mercado que se ha vuelto mucho más exigente, pero sobre todo más competitivo, con una irrupción feroz de marcas chinas que han revolucionado la oferta.
El contexto es muy diferente al de hace apenas cinco años. El coche eléctrico en Europa ha dejado de ser un producto de lujo reservado para quienes podían pagar más de 60.000 euros.
Hoy, gracias a marcas como BYD o MG, el consumidor medio puede acceder a vehículos eléctricos a partir de los 23.000 euros, con autonomías y calidades que ya no distan tanto de los productos premium.
Este cambio de paradigma está cogiendo a Ford a contrapié, porque su estrategia se ha centrado en modelos eléctricos de gama media-alta, con precios que difícilmente compiten con las opciones asiáticas más asequibles.
Además, aunque Ford ha apostado fuerte en Europa con su inversión en plantas y desarrollo de modelos específicos para el mercado eléctrico, sus cifras actuales son bastante modestas.
La paradoja es evidente: mientras que el mercado de vehículos eléctricos en Europa sigue creciendo a buen ritmo y alcanza cuotas del 20% de las matriculaciones en países como Alemania, Francia o los Países Bajos, Ford no consigue capitalizar esta tendencia.
En paralelo, su competencia se ha intensificado de forma imparable. BYD está ganando cuota de mercado en toda Europa con vehículos más baratos, eficientes y tecnológicamente competitivos.
Incluso Tesla, que lideraba cómodamente el segmento hasta hace poco, está viendo cómo sus ventas se resienten en algunos mercados clave, aunque todavía mantiene una posición dominante.
El caso de Ford es más grave porque, a diferencia de Tesla o BYD, no ha logrado todavía consolidar una imagen sólida en el segmento eléctrico europeo.
Sus modelos, aunque atractivos en diseño, equipamiento y prestaciones, llegan tarde y no responden completamente a la sensibilidad del cliente medio actual, cada vez más atraído por vehículos eléctricos accesibles, prácticos y económicos.
La situación es aún más inquietante porque Ford ha apostado su futuro europeo casi exclusivamente a la electrificación.
Tras abandonar modelos icónicos de combustión como el Focus o el Fiesta, y con el cierre progresivo de proyectos de berlinas tradicionales, la compañía se enfrenta a la necesidad de que su ofensiva eléctrica funcione, o de lo contrario, su posición en Europa quedará gravemente comprometida.
Ni siquiera sus híbridos, que están funcionando razonablemente bien en mercados como el estadounidense, parecen ser el recurso que pueda salvar la situación europea, donde el cliente empieza a exigir electrificación plena o, al menos, precios mucho más agresivos.
Los problemas de producción también han golpeado su desempeño. Retrasos en el lanzamiento de algunos modelos eléctricos clave.
Algunos problemas técnicos como los que afectaron al Mustang Mach-E en Estados Unidos y la lenta adaptación de su red comercial a las demandas del cliente eléctrico en Europa, completan un escenario donde las oportunidades parecen haberse reducido a la mínima expresión.
Mientras tanto, los consumidores europeos se están inclinando de forma decidida hacia marcas del propio continente como las del Grupo Volkswagen.
Esta tendencia deja a Ford en una posición incómoda: por un lado, cuenta con un catálogo atractivo de eléctricos, respaldado por una inversión industrial y tecnológica notable; por otro, sus cifras de ventas no reflejan esa apuesta y muestran que la marca del óvalo azul está luchando por mantener su relevancia en un mercado que cambia a gran velocidad.
El futuro próximo de Ford en Europa dependerá de su capacidad para ajustar su estrategia a estas nuevas dinámicas.
Es necesario que revise su política de precios, mejore sus procesos productivos, y, sobre todo, que conecte emocional y racionalmente con un consumidor europeo que ya no ve al coche eléctrico como un lujo, sino como una necesidad práctica.
El riesgo para Ford no es solo perder cuota de mercado, sino erosionar de forma casi definitiva una presencia histórica en el continente.
Etiqueta: ventas de coches eléctricos en el mundo.









