Se filtra nueva información sobre el esperado Tesla Model 2

Con una batería LFP de 53 kWh y un consumo sorprendente de tan sólo 8 kWh/100 km, el futuro Tesla asequible apunta a revolucionar la eficiencia.

El Tesla Model 2 sigue su desarrollo con batería LFP de 53 kWh y nueva plataforma

La sombra de un Tesla más pequeño y realmente asequible vuelve a proyectarse, esta vez con mucha información filtrada.

Cuando muchos daban por enterrado el proyecto tras las declaraciones de Elon Musk sobre el giro estratégico hacia la conducción autónoma y la robótica, una filtración técnica ha devuelto el debate al centro de la conversación industrial.

No hablamos de un simple rumor en foros, sino de referencias internas muy concretas que apuntan a un desarrollo activo bajo el denominado Proyecto Redwood.

El nombre oficial sigue siendo el mismo que lleva años circulando: Tesla Model 2. Un eléctrico llamado a situarse en el entorno de los 25.000 euros en Europa y a convertirse, potencialmente, en el verdadero modelo de volumen de la próxima década para la marca.

La novedad no es tanto su existencia, que siempre se ha movido entre el silencio oficial y las filtraciones, como el nivel de detalle técnico que ahora acompaña a esa hipótesis.

La información parte de referencias detectadas por

, uno de los perfiles más activos en el seguimiento de actualizaciones internas de la compañía.

En el código aparece una denominación específica: PACK_53_LFP_NV9X. Y en esas once letras y números hay más contenido industrial del que parece.

La primera parte es directa: PACK_53_LFP. Es decir, un paquete de baterías de 53 kWh con química LFP, litio-ferrofosfato.

No es una tecnología nueva para Tesla. La marca ya emplea celdas LFP en versiones de acceso del Tesla Model 3 y del Tesla Model Y en distintos mercados. La elección encaja plenamente en la lógica de un vehículo que busca reducir el precio de entrada sin comprometer durabilidad.

Las baterías LFP ofrecen varias ventajas estructurales en este planteamiento. Su coste por kWh es inferior al de las químicas NCM, prescinden de materiales más caros como el níquel y el cobalto en altas proporciones, presentan una mayor estabilidad térmica y soportan mejor ciclos de carga completos frecuentes.

A cambio, su densidad energética es menor, lo que obliga a compensar con eficiencia global del vehículo si se quiere mantener una autonomía competitiva.

Aquí entra en juego el dato clave: 53 kWh. Es una cifra sensiblemente inferior a los más de 60 kWh útiles que manejan actualmente las versiones básicas del Model 3.

Reducir capacidad no es solo una cuestión de coste directo de la batería. Implica menos peso, menos exigencia estructural en el chasis, menor dimensionamiento de frenos y suspensiones y, en cascada, ahorro en múltiples componentes.

En un coche que pretende situarse en el entorno de los 25.000 euros, cada kilogramo y cada euro cuentan. Pero la parte realmente disruptiva del código no es la capacidad del pack, sino el objetivo de consumo asociado: wh_mi_target_sub_130. Traducido del sistema imperial, significa un consumo inferior a 130 Wh por milla.

En unidades europeas, hablamos de aproximadamente 8,1 kWh a los 100 kilómetros.

Para entender la magnitud del desafío basta un contexto sencillo. Incluso los eléctricos más eficientes del mercado, en condiciones reales de uso mixto, se mueven habitualmente entre 13 y 15 kWh/100 km.

Algunos modelos muy optimizados pueden bajar puntualmente de esa cifra en escenarios favorables, pero establecer como objetivo estructural algo cercano a 8-10 kWh/100 km supone cambiar la ecuación completa.

Si Tesla lograra aproximarse a esos valores en homologación y mantener cifras razonables en uso real, una batería de 53 kWh permitiría autonomías teóricas entre 350 y 400 kilómetros sin necesidad de incrementar el tamaño del pack.

Es decir, el camino contrario al que ha seguido buena parte de la industria durante la última década, donde el aumento de capacidad ha sido la respuesta habitual para compensar ineficiencias aerodinámicas, de peso o de arquitectura.

La clave estaría en el enfoque integral. Diseñar un coche desde cero con una batería más pequeña obliga a repensar absolutamente todo.

Aerodinámica optimizada al extremo, sección frontal contenida, reducción drástica de masa, simplificación de sistemas auxiliares y una gestión térmica extremadamente eficiente.

No se trata solo de montar una batería más barata, sino de concebir el vehículo completo alrededor de la eficiencia.

Aquí cobra relevancia la segunda parte del código: NV9X. Esta denominación no coincide con ninguna de las plataformas actuales de Tesla.

Todo apunta a que no estamos ante un Tesla Model 3 simplificado ni ante un Tesla Model Y recortado, sino frente a una arquitectura completamente nueva. Una base desarrollada específicamente para un vehículo más compacto y más económico.

En los últimos años, Tesla ha avanzado en procesos industriales como las grandes piezas de fundición estructural y la integración del pack de baterías como elemento portante.

Si la plataforma NV9X adopta estas soluciones desde su concepción inicial, el impacto en costes y tiempos de ensamblaje podría ser notable. Menos piezas, menos cableado, menos operaciones intermedias y mayor automatización son factores que influyen directamente en el margen industrial.

Este planteamiento no es casual. En 2025, Tesla logró en España el liderazgo en ventas de coches eléctricos con amplia diferencia.

Sin embargo, mantener esa posición sin ampliar gama hacia segmentos más accesibles es complicado en un mercado donde la competencia se intensifica, especialmente desde fabricantes chinos y grupos europeos que ya trabajan en el entorno de los 20.000 a 30.000 euros.

Además, el contexto estratégico de la compañía ha generado incertidumbre. Las declaraciones de Elon Musk apuntando a que no lanzarían más coches “para ser conducidos” y que el foco se desplazaría hacia la conducción autónoma y el robot humanoide Optimus fueron interpretadas por muchos como el certificado de defunción del Model 2.

Sin embargo, las referencias internas asociadas al Proyecto Redwood indican que, al menos a nivel técnico, el desarrollo de un vehículo asequible sigue avanzando.

No hay confirmación oficial sobre carrocería, dimensiones ni configuración final. Las hipótesis más repetidas hablan de un formato utilitario o compacto con ciertos rasgos crossover, en torno a los 4,2 metros de longitud, una medida similar a la de un compacto tradicional europeo. Pero, por el momento, esas características pertenecen al terreno de la especulación.

Tampoco existe un calendario confirmado. Las estimaciones sitúan el posible lanzamiento no antes de 2027. Ese horizonte encaja con los ciclos habituales de desarrollo de una plataforma completamente nueva y con la necesidad de adaptar procesos productivos a gran escala.

Si realmente se trata de una arquitectura inédita, Tesla necesitaría ajustar líneas de producción, proveedores y logística global para sostener el volumen que exigiría un modelo de precio contenido.

Lo relevante, más allá del nombre comercial que finalmente adopte, es el cambio de enfoque que sugiere esta filtración.

En lugar de competir únicamente en tamaño de batería o aceleraciones, el proyecto parece priorizar la eficiencia estructural como eje central.

Un consumo objetivo inferior a 130 Wh por milla implica optimización aerodinámica extrema, reducción de fricciones internas, electrónica de potencia de última generación y probablemente una potencia ajustada a lo estrictamente necesario.

En un escenario donde la industria ha tendido a incrementar peso y capacidad para ofrecer autonomías cada vez mayores en ciclos homologados, apostar por reducir batería y exprimir cada Wh disponible supone un giro conceptual.

Es una estrategia más cercana a la ingeniería ligera que a la carrera armamentística de kWh. Para el mercado europeo, especialmente sensible al precio y al coste total de propiedad, un modelo en torno a los 25.000 euros con 350 o 400 kilómetros de autonomía real cambiaría el equilibrio competitivo.

No solo ampliaría la base potencial de clientes de Tesla, sino que presionaría a fabricantes tradicionales que aún trabajan con estructuras de coste menos optimizadas.

En definitiva, la filtración del código PACK_53_LFP_NV9X no confirma oficialmente el lanzamiento de un Tesla pequeño y barato, pero sí aporta indicios técnicos sólidos de que el proyecto sigue vivo.

Si el objetivo de consumo se materializa y la plataforma NV9X logra traducir eficiencia industrial en precio final competitivo, el llamado Model 2 podría convertirse en el verdadero punto de inflexión para Tesla en Europa.

No por ser el más rápido ni el más tecnológico, sino por demostrar que la eficiencia extrema y el control de costes pueden ir de la mano en un eléctrico de gran volumen.

Y en el contexto actual de presión competitiva y ajuste de márgenes, esa combinación es la que realmente puede marcar la diferencia en la próxima fase del mercado.