Más de un tercio de la flota de autobuses de la ciudad de Zaragoza será eléctrica antes de finalizar el año.

En los próximos días, la ciudad de Zaragoza incorporará 23 nuevos autobuses eléctricos a su red de transporte público, una medida que consolida una política decidida de transición energética y que marca un nuevo hito en la transformación del modelo urbano.
Zaragoza ha decidido pisar el acelerador en su camino hacia la movilidad sostenible. Pero esta noticia va más allá de un simple refuerzo de flota: es un mensaje claro sobre qué tipo de ciudad quiere ser Zaragoza en los próximos años.
El anuncio lo realizó la alcaldesa Natalia Chueca durante el balance de los dos primeros años de su mandato al frente del ayuntamiento.
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Con estas 23 nuevas unidades, idénticas a las que ya están en circulación, del modelo Mercedes eCitaro 100% eléctrico, la ciudad alcanza un total de 108 autobuses eléctricos adquiridos, aunque todavía faltan por llegar 30 de ellos, cuya entrega está prevista para el mes de septiembre.
Con esta cifra, más de un tercio de la flota de Avanza, la empresa concesionaria del transporte urbano, funcionará exclusivamente con electricidad antes de que finalice el año.
Estos autobuses, de color verde brillante y cero emisiones, no solo representan un alivio para la atmósfera zaragozana. También simbolizan el tipo de imagen que el Ayuntamiento quiere proyectar: moderna, eficiente, sostenible.
Pero más allá del simbolismo, hay una realidad palpable. El transporte eléctrico reduce los niveles de contaminación acústica, mejora la calidad del aire y ofrece una experiencia más cómoda y silenciosa para el usuario.
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La alcaldesa fue clara al vincular esta renovación de flota a una estrategia de ciudad. Y es que la inversión realizada va mucho más allá de la compra de vehículos.
Gracias a fondos europeos, Zaragoza ha podido adaptar cocheras, ampliar zonas de carga y crear una infraestructura sólida que permita operar una flota eléctrica de manera estable.
Este tipo de inversiones en “la trastienda” del transporte suelen pasar desapercibidas, pero son cruciales para que los nuevos autobuses no se queden parados por falta de capacidad de recarga.
Además de los autobuses urbanos, este verano también se incorporarán tres autobuses turísticos eléctricos de dos plantas, que sustituirán a los actuales modelos contaminantes.
La iniciativa refuerza la imagen de Zaragoza como destino turístico sostenible y pretende ser una carta de presentación para quienes visitan la ciudad por primera vez.
En un contexto en el que el turismo responsable gana peso, este tipo de medidas tienen una doble función: mejorar el entorno local y posicionarse mejor en el mercado global.
No es la única novedad. En paralelo a la electrificación del autobús urbano, el Ayuntamiento ha incorporado dos nuevas unidades de tranvía y mantiene la previsión de seguir ampliando progresivamente la flota eléctrica.
Todo encaja dentro de una estrategia global que combina sostenibilidad ambiental, renovación tecnológica y visibilidad política.
Pero no todo son aplausos. Hay voces críticas que ponen sobre la mesa el coste de este tipo de operaciones. Aunque la financiación europea ha cubierto una parte significativa de los gastos, la inversión pública sigue siendo importante.
¿Se justifica el gasto frente a otras necesidades urbanas?. Preguntas legítimas que, sin embargo, desde el equipo de gobierno se responden con una visión a largo plazo: cada autobús eléctrico que sustituye a uno diésel supone un ahorro futuro en mantenimiento, combustible y emisiones. La apuesta, insisten, es económica además de ecológica.
Lo que nadie puede negar es que Zaragoza está marcando un ritmo diferente al de muchas otras ciudades españolas. Mientras otras capitales aún discuten planes pilotos o trazan estrategias de electrificación a medio plazo, Zaragoza ya tiene una tercera parte de su red de transporte urbano funcionando sin emisiones. Es un hecho objetivo, medible, y con implicaciones directas en la vida cotidiana.
El reto ahora no es tanto la adquisición de más vehículos como asegurar la operatividad de toda la red. Una flota eléctrica necesita una logística completamente distinta: desde personal capacitado para el mantenimiento, hasta rutas y horarios optimizados para garantizar la autonomía de los autobuses sin comprometer la frecuencia del servicio.
El éxito de esta transformación no se decidirá solo en la entrega de vehículos, sino en la gestión diaria de su funcionamiento.
Y en ese sentido, hay otro desafío clave: la percepción ciudadana. ¿Notan los usuarios la diferencia?. ¿Valoran el cambio?. La movilidad no es un sistema, es una experiencia compartida entre miles de personas cada día.
Quizás por eso el Ayuntamiento ha querido dar tanto protagonismo a esta medida en su discurso político. El transporte público es uno de los servicios más visibles y cotidianos, y su modernización tiene un efecto directo en la imagen de la ciudad.
No es lo mismo anunciar un plan de eficiencia energética que presentar 23 nuevos autobuses eléctricos en funcionamiento. Lo primero es intangible, lo segundo se ve, se toca y se utiliza.
Zaragoza ha apostado fuerte por una movilidad eléctrica y lo está haciendo con una combinación de fondos europeos, voluntad política y planificación estratégica.
La incorporación de estos 23 nuevos autobuses eléctricos no es el fin del camino, pero sí un hito relevante que sitúa a la ciudad en el grupo de cabeza del cambio ecológico urbano.
Queda por ver cómo evoluciona esta transformación, si el ritmo se mantiene y si la ciudadanía se convierte en aliada activa de este proceso.



