El contrato permitirá reducir a la mitad el coste eléctrico de los equipamientos municipales y abrirá la puerta a compartir excedentes con hogares y pymes.

Zaragoza ha dado uno de los pasos más ambiciosos de los últimos años en materia de autoconsumo público.
El Ayuntamiento ha adjudicado a Iberdrola Clientes S.A.U. un contrato mixto de suministro eléctrico y concesión demanial para ocupar las cubiertas de 18 edificios municipales con instalaciones fotovoltaicas destinadas a crear comunidades solares de autoconsumo.
La operación, que tendrá una duración de 15 años, permitirá reducir de forma notable la factura energética de los equipamientos municipales y, al mismo tiempo, abrir la puerta a que viviendas y pequeños negocios cercanos puedan aprovechar parte de la energía generada.
La adjudicación llega acompañada de la puesta en marcha de una nueva planta fotovoltaica municipal sobre los depósitos de agua de Valdespartera, una instalación de 220 kVA y 227,2 kWp que sirve como ejemplo práctico de la estrategia energética que quiere desplegar Zaragoza durante los próximos años.
Ambas actuaciones forman parte de la Estrategia Integral de Desarrollo Energético y Sostenibilidad del consistorio, vinculada al objetivo de convertir a la capital aragonesa en una ciudad climáticamente neutra antes de 2030.
El contrato adjudicado a Iberdrola contempla la cesión de uso de las cubiertas de 18 equipamientos municipales durante un periodo de 15 años.
La compañía será la encargada de financiar, instalar, mantener y explotar las plantas fotovoltaicas, mientras que el Ayuntamiento actuará como consumidor principal de la electricidad generada.
La inversión total prevista asciende a 2.551.953,52 euros, IVA incluido, una cantidad que asumirá íntegramente la empresa adjudicataria.
A cambio, el Ayuntamiento comprará la electricidad producida a un precio fijo de 0,0648 euros por kWh, sin IVA, durante toda la vigencia del contrato.
La cifra resulta especialmente significativa si se compara con el coste medio de la electricidad en España durante los últimos meses.
Según los cálculos municipales, el precio habitual de la energía se mueve entre 0,12 y 0,16 euros por kWh, también sin IVA. Esto significa que la electricidad procedente de estas instalaciones costará aproximadamente la mitad que la adquirida a través de la red convencional.
El consistorio estima que esta diferencia permitirá ahorrar alrededor de 3 millones de euros a lo largo de los 15 años de duración de la concesión.
La rebaja será especialmente visible en equipamientos con un elevado consumo energético, como los pabellones deportivos o las instalaciones municipales con actividad diaria continuada.
La producción mínima garantizada por el contrato será de 1.406.035 kWh al año. Toda esa energía tendrá origen renovable y se destinará prioritariamente al autoconsumo de los edificios sobre los que se instalen las placas solares.
El proyecto afectará a 18 inmuebles municipales repartidos por distintos barrios de Zaragoza. Entre ellos figuran 13 pabellones deportivos: Delicias, Miralbueno, Juslibol, Tenerías, La Jota, Torrero, Fernando Escartín, Ramiro Solans, Monzalbarba, San Juan de Mozarrifar, Casetas, Montañana y San Gregorio. A ellos se suman el Centro Deportivo Municipal Miralbueno, el Centro Cívico de Miralbueno, el Aula de Naturaleza del Parque Grande y las escuelas infantiles Brioletas y El Andén.
La variedad de equipamientos incluidos en el contrato permitirá comprobar cómo responde el modelo de autoconsumo colectivo en perfiles de consumo muy distintos.
Un pabellón deportivo presenta picos de demanda ligados a la iluminación, la climatización o el uso de maquinaria. Una escuela infantil, por el contrario, concentra buena parte de su consumo durante las primeras horas del día. Un centro cívico o un aula de naturaleza tienen patrones todavía diferentes.
La idea del Ayuntamiento es utilizar estas primeras 18 instalaciones como base para extender posteriormente el modelo a otros edificios públicos.
Uno de los elementos más relevantes del proyecto es que no se limitará al autoconsumo de los propios inmuebles municipales. La normativa actual permite que consumidores situados dentro de un determinado radio puedan compartir la energía generada por una instalación fotovoltaica.
En este caso, el Ayuntamiento ha explicado que viviendas, comunidades de vecinos, pequeños comercios y pymes situados a menos de 5.000 metros de las instalaciones podrán incorporarse como consumidores secundarios.
Ese límite responde a la normativa recogida en el RDL 7/2026, que amplía hasta los 5 kilómetros el radio máximo para participar en sistemas de autoconsumo colectivo.
Hasta ahora, uno de los principales obstáculos para este tipo de comunidades solares era precisamente la corta distancia permitida entre generación y consumo.
La nueva regulación facilita que instalaciones de gran tamaño, como las previstas en cubiertas municipales, puedan repartir parte de su producción entre usuarios cercanos.
El funcionamiento previsto es sencillo. Cada edificio municipal será el consumidor prioritario de la energía generada sobre su cubierta.
Cuando la producción supere el consumo instantáneo del inmueble, el excedente podrá comercializarse y asignarse a los usuarios adheridos a la comunidad energética. De esta manera, hogares y comercios cercanos podrán acceder a electricidad renovable a un precio inferior al del mercado.
El Ayuntamiento considera que este modelo puede contribuir a democratizar el acceso al autoconsumo, especialmente entre personas que no disponen de un tejado propio o viven en edificios donde resulta difícil instalar paneles solares.
También abre una vía para que pequeños negocios urbanos reduzcan parte de su factura eléctrica sin necesidad de acometer una inversión inicial.
La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, presentó la adjudicación durante una visita a la instalación fotovoltaica de los depósitos de agua de Valdespartera.
Allí, el consistorio mostró el funcionamiento de una de las mayores plantas de autoconsumo municipal ya operativas en la ciudad.
La instalación de Valdespartera ha supuesto una inversión estimada de 379.894,49 euros. Cuenta con una potencia nominal de 220 kVA y una potencia pico de 227,2 kWp.
Para alcanzar esa capacidad se han instalado 568 paneles fotovoltaicos de 400 Wp cada uno, acompañados por dos inversores de 110 kVA nominales, así como los correspondientes sistemas de protección, cableado y cuadros eléctricos.
Los paneles se han colocado sobre la cubierta de los depósitos de agua de Valdespartera. El generador fotovoltaico ocupa aproximadamente 1.750 metros cuadrados.
Los módulos están agrupados en series y se apoyan sobre estructuras de hormigón prefabricado con una inclinación de 10 grados y orientación sur, una configuración elegida para maximizar la producción solar sin incrementar de forma significativa el impacto sobre la cubierta.
La elección de esta ubicación no es casual. Los depósitos de Valdespartera forman parte de la red que abastece de agua a varios barrios de Zaragoza, entre ellos Casablanca, Valdefierro, Miralbueno, Oliver, Delicias, Universidad y Romareda.
El sistema de depósitos y bombeos de la ciudad está condicionado por la topografía y por las diferencias de altitud entre barrios, de modo que una parte importante del consumo energético se concentra en las estaciones de bombeo.
Hasta ahora, una parte de esas operaciones de bombeo se realizaba durante la noche. Con la entrada en funcionamiento de la planta fotovoltaica, el Ayuntamiento prevé trasladar esas horas de funcionamiento a los momentos centrales del día, cuando la instalación produce más electricidad.
Según la Oficina Técnica del Ciclo del Agua, la planta permitirá alcanzar prácticamente un 100% de autoconsumo y de autarquía energética en esta infraestructura. E
n otras palabras, la mayor parte de la electricidad necesaria para mover el sistema de bombeo procederá directamente de la energía solar generada sobre el propio depósito.
Además del ahorro económico, el consistorio calcula que esta instalación evitará la emisión de unas 100 toneladas de CO₂ al año.
Aunque la cifra pueda parecer modesta en comparación con las emisiones globales de una gran ciudad, el interés de este tipo de proyectos reside en su capacidad para multiplicarse.
Una planta sobre un depósito de agua, otra sobre un pabellón deportivo y otra sobre un centro cívico pueden parecer actuaciones aisladas, pero juntas terminan configurando una red distribuida de generación renovable con un impacto creciente.
La propuesta presentada por Iberdrola fue la mejor valorada por los servicios técnicos municipales. Según los informes del Ayuntamiento, la empresa aportó una combinación de experiencia previa, capacidad financiera y herramientas de gestión específicas para comunidades solares.
El consistorio destaca que Iberdrola dispone de software propio para administrar la producción, el reparto de excedentes y la relación con los consumidores secundarios. También señala que la compañía cuenta con experiencia en más de 1.000 instalaciones similares y una red de empresas colaboradoras especializadas en energías renovables.
La adjudicación refleja además una tendencia cada vez más extendida entre las administraciones locales: utilizar edificios públicos como soporte para instalaciones fotovoltaicas sin necesidad de realizar una inversión directa.
En lugar de financiar las placas con recursos municipales, el Ayuntamiento cede el uso de las cubiertas a una empresa privada, que recupera la inversión mediante la venta de la electricidad generada.
Este modelo reduce el riesgo económico para la administración y acelera la implantación de las instalaciones. Sin embargo, también implica que el ahorro depende de mantener durante años un precio de la electricidad de mercado superior al pactado en el contrato.
Con el coste actual de la energía, la diferencia es amplia y claramente favorable para el Ayuntamiento. Si en el futuro el mercado eléctrico registrase precios mucho más bajos, la ventaja económica podría reducirse, aunque seguiría existiendo el beneficio ambiental y la estabilidad de contar con un coste energético previsible durante 15 años.
Zaragoza no es la única ciudad que está apostando por este tipo de fórmulas, pero sí se sitúa entre las administraciones españolas que han optado por desplegar comunidades solares de mayor tamaño utilizando equipamientos públicos.
Frente a proyectos centrados únicamente en el autoconsumo individual, el modelo zaragozano intenta aprovechar el potencial de las cubiertas municipales para crear una red compartida entre administración, vecinos y pequeños negocios.
La combinación de una gran planta ya operativa en Valdespartera y la adjudicación de 18 nuevas cubiertas marca un cambio de escala en la estrategia energética de la ciudad. Hasta ahora, muchas instalaciones solares municipales tenían un carácter casi experimental.
El nuevo contrato introduce una dimensión industrial, con más de 1,4 GWh anuales de producción garantizada y un sistema capaz de implicar a cientos de usuarios.
La importancia de la iniciativa va más allá de la reducción inmediata de la factura eléctrica municipal. Zaragoza utilizará sus propios edificios como una infraestructura energética distribuida, capaz de generar electricidad, compartir excedentes y reducir la dependencia de la red convencional.
Si el modelo funciona como prevé el Ayuntamiento, podría convertirse en una referencia para otras ciudades que buscan rebajar costes, acelerar la transición energética y facilitar que más ciudadanos participen en el autoconsumo sin necesidad de disponer de una instalación propia.





