Las versiones 250+ con celdas de Farasis Energy están en el centro de una campaña global que afecta a más de 51.700 vehículos fabricados entre 2021 y 2024.

La crisis de las baterías en los compactos eléctricos de Mercedes-Benz ha escalado a una dimensión claramente global.
Lo que comenzó como una campaña localizada en China se ha transformado en una llamada a revisión que afecta a decenas de miles de unidades en distintos mercados y que, en el caso de Alemania, apunta ya a una sustitución completa de baterías tras una solución inicial basada únicamente en software.
En China, la filial conjunta Beijing Benz ha anunciado la retirada de 19.481 unidades de los Mercedes-Benz EQA y Mercedes-Benz EQB fabricadas localmente entre el 1 de abril de 2021 y el 12 de marzo de 2024.
Según el comunicado publicado en la web de la Administración Estatal de Regulación del Mercado, la campaña arrancará oficialmente el 25 de junio de 2026 y contempla la sustitución de las baterías de alto voltaje en los vehículos afectados.
El regulador chino enmarca la medida en una investigación por defectos. El origen del problema estaría en variaciones durante el proceso de producción de las baterías, que habrían reducido su fiabilidad.
A ello se suma la estrategia de control del software del sistema de gestión de batería, que en determinadas circunstancias podría permitir que celdas individuales soporten cargas excesivas.
El resultado es un mayor riesgo de cortocircuito interno y, en el peor de los casos, incendio del vehículo.
Hasta que la campaña se ejecute formalmente, Beijing Benz ha recomendado a los propietarios limitar la carga al 80% y estacionar los coches en el exterior.
No es un detalle menor: la propia naturaleza de la advertencia refleja que el fabricante y las autoridades consideran que existe un riesgo potencial que debe mitigarse incluso antes de la intervención técnica definitiva.
Esta acción amplía una llamada a revisión previa anunciada el 28 de marzo de 2025, que afectaba a 12.308 unidades de EQA y EQB producidas en China.
Es decir, el volumen total implicado en el mercado chino ha ido creciendo a medida que avanzaban las investigaciones.
El caso chino no es aislado. Según informaciones publicadas por el blog especializado mb.passion y posteriormente confirmadas con la inclusión de los modelos en la base de datos de la Kraftfahrt-Bundesamt (KBA), el problema afecta también a Europa y otros mercados.
En el foco están las versiones EQA 250+ y EQB 250+, equipadas con una batería de 70,5 kWh que utiliza celdas suministradas por el proveedor chino Farasis Energy.
Estas celdas, instaladas en el paquete situado en los bajos del vehículo, pueden sufrir en determinadas condiciones un cortocircuito interno. El riesgo, nuevamente, es un incendio en la batería de alto voltaje.
Inicialmente, Mercedes optó en Alemania por una actualización de software del sistema de gestión de la batería. Esta modificación reducía la energía utilizable y el rendimiento de carga con el objetivo de minimizar la probabilidad de que se produjeran situaciones críticas en las celdas.
Sin embargo, esa solución tuvo un efecto colateral evidente: los vehículos dejaban de cumplir las especificaciones anunciadas originalmente en términos de capacidad utilizable y prestaciones de carga.
La reacción no se hizo esperar. Un bufete de abogados especializado en consumo presentó una demanda argumentando que, tras la actualización, los coches ya no ofrecían las características prometidas en el momento de la compra.
La confirmación de la KBA aporta cifras más amplias. A escala mundial, 51.729 vehículos de la serie 243 de Mercedes-Benz están afectados, de los cuales 4.677 corresponden a Alemania.
Las unidades implicadas fueron fabricadas entre el 20 de febrero de 2021 y el 30 de julio de 2024. Tanto el EQA como el EQB ya han cesado su producción, lo que convierte esta campaña en un asunto de posventa puro y duro.
El número de referencia del expediente en Alemania es 16136R y el código interno del fabricante es 4794004. La base de datos del regulador indica que las baterías de alto voltaje serán sustituidas, aunque especifica que la medida se llevará a cabo “tan pronto como estén disponibles las piezas de repuesto”. De nuevo, mientras tanto, se recomienda no cargar por encima del 80% y estacionar el vehículo en el exterior.
Un aspecto relevante es que no se ha detallado qué proveedor suministrará las nuevas celdas ni si la batería de reemplazo mantendrá exactamente la misma capacidad energética de 70,5 kWh.
Tampoco se han comunicado cifras sobre autonomía o potencia de carga una vez completada la sustitución. El propio proceso de cambio requeriría unas ocho horas de trabajo, equivalente a una jornada completa en taller.
La comparación entre mercados ha generado malestar entre algunos clientes alemanes. Mientras en China y Norteamérica se avanzaba hacia el reemplazo completo de la batería, en Alemania se optó inicialmente por la limitación vía software.
Solo tras la presión mediática y la evolución del caso se ha confirmado la sustitución física de los paquetes afectados.
Desde el punto de vista técnico, el problema pone de relieve la complejidad de la gestión térmica y electrónica en baterías de alta densidad energética.
Una variación en el proceso de fabricación de celdas puede no manifestarse inmediatamente, pero bajo determinadas condiciones de carga, temperatura o uso intensivo, derivar en situaciones críticas.
El sistema de gestión de batería está diseñado precisamente para evitar que una celda opere fuera de sus márgenes seguros, pero si la calibración no contempla determinadas desviaciones de producción, el riesgo puede aumentar.
También subraya la dependencia de los fabricantes europeos de proveedores asiáticos de celdas. Farasis Energy, proveedor de las baterías implicadas, forma parte de una cadena de suministro global en la que los controles de calidad, la trazabilidad y la estandarización de procesos son esenciales. Cuando surge un defecto, la escala es inevitablemente internacional.
Para Mercedes-Benz, la gestión de esta crisis tendrá implicaciones más allá del coste directo de las sustituciones.
Está en juego la confianza de los clientes en la tecnología de la marca y en su capacidad para reaccionar con transparencia y rapidez.
En Alemania, donde la actualización de software inicial redujo prestaciones, el debate sobre la comunicación y el trato a los clientes ya ha dejado huella.
Para el mercado, este episodio es significativo porque muestra cómo los fabricantes están dispuestos y obligados por los reguladores a asumir campañas de sustitución completas cuando la seguridad está en cuestión, incluso si eso implica reemplazar el componente más caro del vehículo.
En un momento en que la electrificación avanza y los volúmenes crecen, la robustez de las baterías y la gestión de eventuales defectos serán determinantes no solo para la reputación de cada marca, sino para la credibilidad del conjunto de la industria ante el consumidor.







