El Cybercab comienza a operar comercialmente en Estados Unidos con una flota inicial de 45 robotaxis.

Tesla ha comenzado a operar comercialmente su Cybercab en Austin, Texas, con una flota inicial de 45 unidades del robotaxi dorado y biplaza que prescinde completamente de volante, pedales y retrovisores.
El vehículo, presentado por primera vez en Hollywood en octubre de 2024, entró en producción en serie en abril de 2026 en la Gigafactoría texana y ahora circula por las calles de una ciudad comparable en tamaño a Valencia.
El lanzamiento, discreto para los estándares de Tesla, se desarrolló sin la presencia de Elon Musk en escena ni retransmisión en directo, limitándose a clientes habituales e influencers tecnológicos.
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Sin embargo, la aplicación Robotaxi se convirtió en pocas horas en la más descargada de la App Store en la categoría de viajes, señal del interés que despierta este proyecto entre los consumidores estadounidenses.
La propuesta técnica del Cybercab resulta especialmente arriesgada. A diferencia de competidores como Waymo, que opera 988 robotaxis registrados en Texas con tecnología láser LiDAR y múltiples sensores, Tesla ha apostado por un sistema basado exclusivamente en ocho cámaras exteriores de alta definición y redes neuronales.
Esta decisión busca reducir drásticamente los costes de fabricación, pero genera serias dudas sobre su seguridad en condiciones de baja visibilidad, niebla o deslumbramientos.
El diseño del Cybercab responde a una concepción radical de la movilidad autónoma.
Con un peso de 1.412 kilogramos, unos 300 menos que el Model 3 más ligero, monta un único motor delantero de 222 caballos y una batería que le proporciona cerca de 470 kilómetros de autonomía.
Su consumo homologado de 103 vatios hora por kilómetro constituye el más eficiente jamás registrado en un vehículo de estas características según los estándares EPA.
Una innovación relevante, aunque poco destacada, es su sistema de frenos brake-by-wire sin líquido hidráulico, con actuadores eléctricos independientes en cada rueda.
Esta tecnología elimina fugas, mantenimiento periódico y puntos de fallo mecánico, permitiendo que la mezcla entre frenada regenerativa y por fricción se decida íntegramente por software.
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La experiencia de usuario incluye una pantalla táctil de 22 pulgadas con aplicaciones de entretenimiento, música y juegos, además de hardware V5 Starlink para conectividad constante.
Los pasajeros pueden editar el destino sobre la marcha, ajustar la climatización o pulsar un botón rojo para detener el vehículo en cualquier punto. Como Musk describió en su red social X, el Cybercab es «básicamente un salón súper cómodo sobre ruedas con una gran televisión y un sonido épico».
Sin embargo, la operación dista de ser completamente autónoma. Al igual que los Model Y que Tesla ya utilizaba en Austin, el sistema requiere un centro de comando desde el cual personal humano puede intervenir remotamente cuando el software encuentra dificultades.
Esta supervisión a distancia crea la ilusión de autonomía completa para los pasajeros, pero evidencia las limitaciones actuales de la tecnología.
Las restricciones impuestas por Tesla revelan la cautela que rodea al proyecto. Los menores de 13 años tienen vetado el acceso al Cybercab, y entre los 13 y los 17 años solo pueden viajar acompañados de un adulto, límites más estrictos que los ocho años fijados para los Model Y de la propia flota.
La reacción del mercado fue inmediata y negativa. Las acciones de Tesla cayeron casi un 3% tras el lanzamiento, afectadas por la falta de datos concretos del proyecto y las dudas sobre su viabilidad técnica y regulatoria.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) ha abierto una auditoría para examinar el proceso y los datos técnicos en los que Tesla se basó para certificar que el Cybercab cumple con las Normas Federales de Seguridad de Vehículos Motorizados, dado que estas normalmente exigen controles manuales.
Las pruebas realizadas por Reuters en Dallas y Houston documentaron incidentes preocupantes: en tres ocasiones el robotaxi dejó a los pasajeros a más de un kilómetro de su destino real.
La NHTSA investiga además al menos nueve accidentes que incluyen un atropello mortal, cuestionando si el sistema basado exclusivamente en cámaras responde adecuadamente en situaciones de visibilidad comprometida.
A pesar de estos contratiempos, Tesla ha acumulado ya más de 1,6 millones de kilómetros de operación sin ningún humano a bordo, de los cuales casi un millón se han sumado en las últimas seis semanas.
Esta aceleración sugiere que el cuello de botella ha sido más administrativo que técnico.
El plan de negocio de Musk contempla permitir a los propietarios rentabilizar sus vehículos privados incorporándolos a la flota cuando no los utilicen.
Las tarifas resultan significativamente más baratas que las de Uber convencional: un usuario en Tampa pagó siete dólares por un trayecto que le habría costado veinte con un conductor humano.
Para Europa, el Cybercab enfrenta obstáculos regulatorios insalvables. No existe marco legal en la Unión Europea para homologar un vehículo de serie sin mandos de conducción.
El sistema FSD Supervisado de nivel 2 ya opera en Países Bajos, Dinamarca, Bélgica, Estonia y Lituania, con una decisión comunitaria prevista para octubre de 2026, pero España permanece fuera de esa lista.
Esta noticia marca un punto de inflexión en la industria del transporte autónomo. El robotaxi ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en un servicio comercial real que compite directamente con plataformas establecidas como Uber.
Las decisiones técnicas y regulatorias que se tomen en los próximos meses determinarán si el modelo de Tesla basado exclusivamente en cámaras puede escalar globalmente o si, como sostiene Waymo, «las cámaras son increíbles, pero no bastan» para garantizar la seguridad que exige este tipo de movilidad.









