BYD congela su fábrica en Turquía y España gana fuerza para fabricar sus coches en Europa

La marca china prioriza la puesta en marcha de su planta de Hungría y busca una segunda instalación dentro de la Unión Europea.

La estrategia industrial de BYD en Europa ha dado un giro relevante que podría tener consecuencias directas para varios países que aspiran a captar nuevas inversiones del fabricante chino.

La compañía ha decidido dejar en suspenso su proyecto para levantar una fábrica de automóviles en Turquía y centrar sus esfuerzos en consolidar primero su desembarco productivo en Hungría.

Pero el cambio más significativo es otro: la marca ya trabaja en la búsqueda de una segunda instalación europea y, según ha reconocido su propia dirección, la opción preferida pasa por adquirir una planta ya existente en el sur de Europa en lugar de construir una fábrica completamente nueva.

En ese escenario, España vuelve a situarse entre los candidatos con más posibilidades para atraer una inversión que podría convertirse en una de las más importantes del sector automovilístico europeo en los próximos años.

La confirmación ha llegado de la mano de Stella Li, vicepresidenta ejecutiva y una de las máximas responsables de BYD, durante varias intervenciones públicas en las que actualizó el estado de los proyectos industriales de la compañía en Europa.

Sus declaraciones han servido para aclarar una cuestión que hasta hace poco parecía prácticamente resuelta: la planta de Manisa, en Turquía, ya no es la prioridad que era hace apenas unos meses.

Cuando BYD anunció en 2024 sus planes para construir una fábrica de vehículos eléctricos en Turquía, el proyecto fue interpretado como el segundo gran pilar industrial de la marca para abastecer al mercado europeo.

La inversión prevista rondaba los 1.000 millones de dólares y el complejo debía ubicarse en la región de Manisa, al norte de Esmirna. El objetivo inicial era comenzar la producción antes de finales de 2026 y alcanzar una capacidad de fabricación cercana a los 150.000 vehículos anuales.

Sin embargo, la situación actual es muy distinta. Según ha explicado la propia Stella Li, las obras nunca llegaron a comenzar y la compañía no dispone actualmente de un calendario para reactivar el proyecto. BYD no ha anunciado una cancelación definitiva, pero sí ha dejado claro que la iniciativa turca ha quedado congelada mientras revisa sus prioridades industriales en el continente.

La decisión refleja un cambio de enfoque dentro de la expansión internacional del fabricante chino, que ha optado por concentrar recursos y esfuerzos en otro proyecto considerado mucho más estratégico: la planta de Szeged, en Hungría.

Hungría se ha convertido en el principal centro de gravedad de BYD en Europa. La compañía ya cuenta con una presencia industrial consolidada en el país gracias a sus actividades relacionadas con autobuses eléctricos y al ensamblaje de baterías.

Todo lo que debes saber para viajar con un coche eléctrico

Desde 2017 produce autobuses eléctricos para el mercado europeo en Komárom y también dispone de instalaciones vinculadas a las baterías en localidades como Fót y Páty.

La nueva fábrica de automóviles de Szeged representa un salto de escala mucho mayor. Inicialmente estaba previsto que comenzara a producir vehículos a finales de 2025, incluyendo modelos destinados al gran mercado europeo de turismos eléctricos. Sin embargo, el calendario ha sufrido retrasos.

Aunque la producción de prueba arrancó durante los primeros meses de 2026, la planta todavía continúa en fase de equipamiento. Según explicó Stella Li, la instalación aún está incorporando maquinaria y sistemas necesarios para alcanzar el ritmo previsto de fabricación. Como consecuencia, el inicio de la producción comercial se ha desplazado al cuarto trimestre de 2026.

Para BYD, esta instalación es clave por varios motivos. Más allá de la capacidad productiva, permite fabricar vehículos dentro de la Unión Europea, reduciendo tiempos logísticos, mejorando la integración con proveedores locales y reforzando su posición frente a un entorno regulatorio cada vez más exigente.

Precisamente ese contexto regulatorio parece estar detrás de buena parte de los movimientos recientes de la compañía.

Aunque Turquía mantiene una unión aduanera con la Unión Europea que facilita la exportación de vehículos hacia los países comunitarios, Bruselas trabaja desde hace tiempo en mecanismos destinados a incentivar la producción localizada dentro del territorio de la UE.

Entre ellos destacan las iniciativas agrupadas bajo el concepto «Made in EU», que persiguen aumentar el valor añadido generado dentro de las fronteras comunitarias para determinados sectores considerados estratégicos.

Estas propuestas podrían condicionar el acceso a determinadas ayudas públicas, programas de incentivos o procesos de compra institucional. Algunos gobiernos europeos ya han mostrado interés en adaptar futuras políticas de apoyo a la movilidad eléctrica a criterios de producción local.

En este contexto, una fábrica situada dentro de la Unión Europea podría ofrecer ventajas adicionales frente a una instalación ubicada en Turquía, incluso teniendo en cuenta las facilidades comerciales derivadas de la unión aduanera existente.

El movimiento de BYD apunta precisamente en esa dirección. Durante sus declaraciones, Stella Li afirmó que, una vez completada la puesta en marcha de la planta húngara, la siguiente prioridad de la compañía será encontrar una segunda instalación de producción en Europa. Pero lo verdaderamente llamativo es que la empresa no contempla necesariamente construir una nueva fábrica desde cero.

La directiva reconoció que la opción preferida sería adquirir una planta ya existente, una estrategia que permitiría acelerar significativamente los plazos de implantación y reducir las inversiones necesarias.

Levantar una fábrica completamente nueva implica años de desarrollo, obtención de permisos, construcción de instalaciones y puesta en marcha de las líneas de producción. Aprovechar una infraestructura industrial ya operativa permitiría acortar notablemente ese proceso.

Y es aquí donde España vuelve a aparecer con fuerza. Durante los últimos meses, distintas informaciones han señalado que BYD considera a España como una de las ubicaciones más atractivas para una futura expansión industrial. El interés no resulta difícil de comprender.

España cuenta con una de las industrias automovilísticas más desarrolladas de Europa, una extensa red de proveedores especializados, una larga experiencia en fabricación de vehículos, infraestructuras logísticas consolidadas y una posición geográfica especialmente favorable para abastecer tanto al mercado europeo como a otras regiones próximas.

A ello se suma la existencia de instalaciones industriales susceptibles de ser reutilizadas o adaptadas por nuevos fabricantes.

Precisamente el hecho de que BYD busque una planta ya existente encaja con algunas de las hipótesis que han circulado en el sector durante los últimos meses, incluyendo la posibilidad de aprovechar instalaciones actualmente infrautilizadas o susceptibles de cambiar de propietario.

Al mismo tiempo, España se ha convertido en uno de los principales destinos de las inversiones industriales chinas relacionadas con la movilidad eléctrica. No se trata únicamente de la fabricación de vehículos.

También están creciendo los proyectos vinculados a baterías, componentes, sistemas energéticos y actividades auxiliares que forman parte de toda la cadena de valor del automóvil electrificado.

Este fenómeno responde a varios factores. Por un lado, el país dispone de una base industrial consolidada difícil de replicar rápidamente en otros mercados europeos. Por otro, ofrece una combinación de costes relativamente competitivos, acceso a energías renovables y disponibilidad de mano de obra especializada que resulta especialmente atractiva para los nuevos fabricantes.

Para BYD, además, Europa representa uno de los mercados más importantes dentro de su estrategia global. El fabricante chino ha experimentado una rápida expansión internacional y considera el continente europeo como una pieza fundamental de su crecimiento futuro. La ampliación constante de su gama de vehículos y el fortalecimiento de su red comercial reflejan una apuesta a largo plazo por la región.

La búsqueda de una segunda planta europea confirma que la compañía no contempla una presencia limitada o testimonial. Al contrario, su objetivo pasa por desarrollar una estructura industrial capaz de respaldar un crecimiento sostenido en uno de los mercados más competitivos del mundo.

La paralización temporal del proyecto turco no supone necesariamente el abandono definitivo de aquella inversión, pero sí evidencia que las prioridades han cambiado. Hoy, la atención de BYD está puesta en consolidar Hungría y encontrar una segunda ubicación dentro de la Unión Europea que le permita reforzar su integración industrial en el continente.

En ese nuevo escenario, España reúne muchos de los elementos que busca la compañía: experiencia automovilística, capacidad industrial, infraestructura logística y la posibilidad de acceder a instalaciones ya existentes.

Por eso, la decisión de BYD no solo afecta a su estrategia empresarial, sino que vuelve a colocar a España en el centro de una carrera industrial que puede resultar determinante para el futuro del automóvil eléctrico europeo y para la capacid