Más de 550.000 hogares ya generan su propia electricidad en España

La potencia instalada se ha multiplicado por seis desde 2020 y el sector confía en el almacenamiento y en una regulación más flexible para acelerar su crecimiento.

El autoconsumo fotovoltaico ha dejado de ser una solución reservada a unos pocos pioneros para convertirse en una pieza cada vez más relevante del sistema energético español.

Actualmente, más de 550.000 hogares cuentan con instalaciones que les permiten generar parte de la electricidad que consumen cada día, reduciendo su dependencia de la red convencional y rebajando el impacto de las subidas del precio de la energía.

Esta transformación se ha producido de forma especialmente intensa durante los últimos cinco años. Según los datos del sector, la potencia de autoconsumo instalada en España ha pasado de apenas 1,5 GW en 2020 a superar los 9,2 GW en la actualidad, una evolución que refleja el creciente interés de familias, empresas y comunidades energéticas por producir su propia electricidad mediante energía solar.

Aunque el ritmo de crecimiento se ha moderado respecto a los años más intensos de la crisis energética, el balance sigue siendo muy positivo.

Durante 2022 y 2023, la fuerte subida de los precios de la electricidad impulsó una auténtica carrera por instalar paneles solares. La necesidad de reducir costes energéticos aceleró las inversiones y permitió que miles de viviendas y negocios adoptaran sistemas de generación propios.

Sin embargo, una vez estabilizados los precios eléctricos, el mercado residencial ha entrado en una fase más madura. La instalación de nueva potencia continúa avanzando, pero a un ritmo inferior al observado durante los años más complicados de la crisis.

A pesar de esta desaceleración, el autoconsumo representa ya el 4,1% de toda la generación eléctrica nacional, una cifra que pone de manifiesto el peso creciente de la generación distribuida dentro del sistema energético español.

El desarrollo del autoconsumo seguirá siendo una de las piezas clave de la estrategia energética nacional. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece como objetivo alcanzar los 19 GW de potencia instalada en 2030.

La meta exige más que duplicar la capacidad actual, un reto considerable teniendo en cuenta la ralentización observada en los últimos ejercicios. Para facilitar ese crecimiento, el Gobierno aprobó recientemente medidas destinadas a flexibilizar el sector y eliminar algunas de las barreras que todavía limitan la expansión de estas instalaciones.

Uno de los cambios más relevantes es la ampliación de la distancia máxima entre la instalación generadora y los consumidores asociados. El límite pasa de los 2 kilómetros vigentes hasta ahora a 5 kilómetros, permitiendo que un mayor número de usuarios pueda beneficiarse de una misma planta de generación.

Esta modificación resulta especialmente importante para impulsar modelos de autoconsumo compartido y comunidades energéticas, fórmulas que están ganando protagonismo en numerosas ciudades y municipios.

La ampliación del radio de actuación facilita la creación de agrupaciones de consumidores que comparten una misma instalación fotovoltaica. Este modelo permite aprovechar espacios disponibles para generar electricidad y repartir posteriormente la energía entre varios usuarios.

La evolución de estas iniciativas ha sido notable. Según los datos de ECODES y Red Eléctrica, actualmente existen 837 comunidades energéticas registradas en España, prácticamente el doble que hace apenas dos años.

Este crecimiento refleja una tendencia que va más allá del simple ahorro económico. Muchos usuarios buscan una mayor participación en la gestión de la energía que consumen y una reducción de la dependencia de las grandes infraestructuras de generación.

Además, las comunidades energéticas permiten acercar el autoconsumo a viviendas que no disponen de tejados propios o que, por sus características, no pueden instalar paneles solares individuales.

Si durante los últimos años el foco estuvo puesto en la instalación de paneles solares, ahora la atención del sector se está desplazando hacia el almacenamiento energético.

La incorporación de baterías permite aumentar significativamente el aprovechamiento de la electricidad generada durante las horas de máxima producción solar.

En lugar de depender únicamente del consumo instantáneo o de la compensación de excedentes, los usuarios pueden almacenar energía para utilizarla posteriormente cuando la producción fotovoltaica disminuye.

Desde la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) consideran que este será uno de los elementos decisivos para el futuro del autoconsumo.

También influye la preocupación generada por posibles incidencias en el suministro eléctrico, que han incrementado el interés por disponer de sistemas energéticos más autónomos.

Los datos reflejan ya esta tendencia. Solo durante el último año se instalaron 339 MWh de capacidad de almacenamiento asociados a proyectos de autoconsumo, tanto residenciales como industriales.

En el ámbito empresarial, las motivaciones para apostar por el autoconsumo son algo diferentes a las del mercado doméstico. Más allá del ahorro económico, muchas compañías buscan una mayor capacidad de gestión sobre sus costes energéticos y una reducción de su exposición a la volatilidad de los mercados eléctricos.

La movilidad eléctrica está desempeñando un papel cada vez más importante en este proceso. La expansión de las flotas electrificadas y de los puntos de recarga incrementa la demanda energética de empresas y particulares, haciendo más atractivo producir parte de esa electricidad mediante instalaciones solares propias.

La combinación de paneles fotovoltaicos, baterías y cargadores para vehículos eléctricos se está consolidando como una de las fórmulas más eficientes para reducir costes operativos y aumentar la autosuficiencia energética.

La viabilidad económica continúa siendo uno de los principales argumentos a favor del autoconsumo. Según los datos de APPA, el ahorro medio registrado durante el último año fue de 189 euros por kW instalado en sistemas residenciales y de 133 euros por kW en instalaciones empresariales.

Estas cifras permiten amortizar una instalación doméstica típica de 5,5 kW en aproximadamente seis o siete años, mientras que en el sector industrial los periodos de recuperación de la inversión se sitúan entre cinco y seis años.

No obstante, el sector también señala algunos desafíos que todavía limitan el aprovechamiento de toda la energía generada. Una parte significativa de la producción solar no llega a utilizarse ni a valorizarse adecuadamente.

Durante el VII Congreso Nacional de Autoconsumo se estimó que alrededor de 2.183 GWh de energía generada no pudieron aprovecharse, una cantidad equivalente al 0,9% de la demanda eléctrica nacional. Según las estimaciones de APPA, este volumen tendría un valor económico cercano a los 82 millones de euros.

Por ello, las organizaciones del sector reclaman una mayor digitalización de las redes eléctricas, mejores mecanismos para gestionar los excedentes y un impulso decidido al almacenamiento energético.

Con más de medio millón de hogares produciendo ya parte de su electricidad y una capacidad instalada que supera los 9 GW, el autoconsumo ha pasado de ser una alternativa minoritaria a convertirse en uno de los pilares de la transición energética española.

El reto ahora será mantener el crecimiento, mejorar el aprovechamiento de la energía generada y acercar esta tecnología a un número cada vez mayor de ciudadanos.