El proyecto combina autoconsumo compartido, almacenamiento, gestión inteligente de la demanda y movilidad eléctrica.

San Fermin Ikastola ha puesto en marcha un modelo energético poco habitual en el ámbito educativo: una comunidad energética que permitirá compartir la electricidad renovable producida en el centro con las familias vinculadas al proyecto.
La iniciativa combina una nueva instalación fotovoltaica de 142 kWp, baterías con 257 kWh de capacidad, gestión inteligente de la demanda, medidas de eficiencia energética y un proyecto piloto de bicicletas eléctricas compartidas.
El proyecto convierte a esta cooperativa educativa en la primera iniciativa de Navarra que plantea compartir energía renovable entre un centro escolar y sus familias asociadas.
Su alcance potencial, además, va más allá de la propia comunidad educativa, ya que los beneficios del autoconsumo compartido podrán extenderse a más de 600 familias y empresas situadas en un radio de hasta cinco kilómetros de la instalación, de acuerdo con el límite de distancia indicado para estas modalidades de autoconsumo.
La comunidad energética ha desarrollado cuatro actuaciones estratégicas que suman una inversión de 192.047,94 euros.
De esta cantidad, 86.084,40 euros proceden de la convocatoria de Ayudas a comunidades energéticas para la transición energética de 2025 del Gobierno de Navarra.
El consejero de Industria y de Transición Ecológica y Digital Empresarial del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo, ha visitado San Fermin Ikastola para conocer el proyecto y las instalaciones.
Durante el recorrido estuvo acompañado por representantes de la dirección del centro, el equipo promotor y responsables de la cooperativa Red de Comunidades Energéticas.
El núcleo de la iniciativa es la ampliación de la capacidad de generación renovable de la ikastola. El centro ya disponía de 76 kWp de potencia fotovoltaica y ahora incorpora una nueva instalación de autoconsumo compartido de 142 kWp. En conjunto, ambas cifras elevan la potencia solar instalada en el centro hasta los 218 kWp.
Pero la generación es solamente una parte del proyecto. La nueva instalación está asociada a un sistema de almacenamiento mediante baterías de 257 kWh, un elemento que permite desplazar en el tiempo parte de la electricidad producida y aumentar el aprovechamiento de la generación solar.
La particularidad del modelo está en la forma en que se pretende utilizar la energía. Durante el horario lectivo, cuando la actividad del colegio concentra buena parte de su demanda eléctrica, San Fermin Ikastola podrá aprovechar la generación renovable para cubrir sus propias necesidades.
Fuera de esos periodos, incluidos los fines de semana, las vacaciones y otros días sin actividad lectiva, la producción podrá ser aprovechada por las familias vinculadas a la comunidad energética.
Esta complementariedad entre los horarios de consumo de un centro educativo y los de los hogares es uno de los aspectos más interesantes del proyecto.
Un colegio concentra gran parte de su actividad durante determinadas horas del día y reduce considerablemente su demanda durante los fines de semana y las vacaciones.
Una instalación fotovoltaica, sin embargo, continúa produciendo electricidad siempre que exista suficiente radiación solar, independientemente del calendario escolar.
Compartir esa generación con otros consumidores permite buscar un mayor aprovechamiento local de la instalación. En lugar de diseñar el sistema únicamente alrededor de las necesidades instantáneas del colegio, la comunidad energética amplía el número de usuarios que pueden beneficiarse de la electricidad producida.
El autoconsumo colectivo, desarrollado en España a partir del marco regulatorio establecido por el Real Decreto 244/2019, permite que varios consumidores compartan la producción de una misma instalación.
El reparto se articula mediante los mecanismos y coeficientes correspondientes, de forma que los participantes puedan recibir en su suministro la parte de generación que tengan asignada.
En el caso de San Fermin Ikastola, el planteamiento abre además el autoconsumo a familias que no necesariamente disponen de una cubierta adecuada para instalar sus propios paneles.
Esta es una de las características de las comunidades energéticas y del autoconsumo compartido: la producción renovable deja de estar limitada exclusivamente al propietario de una vivienda unifamiliar con tejado disponible y puede organizarse alrededor de instalaciones colectivas.
La nueva planta solar y las baterías son las actuaciones más visibles, pero el proyecto pretende gestionar también cuándo se consume la electricidad. Para ello, la comunidad energética ha desarrollado una herramienta de gestión inteligente de la demanda basada en software libre.
El objetivo es adaptar, en la medida de lo posible, determinados consumos a los momentos en los que existe una mayor producción renovable. E
sta gestión puede resultar especialmente relevante en un sistema con generación fotovoltaica, cuya producción varía a lo largo del día y depende de las condiciones meteorológicas.
Cuanto mayor sea la coincidencia entre generación y demanda, mayor podrá ser el aprovechamiento directo de la electricidad producida localmente.
La combinación de generación, almacenamiento y gestión de la demanda introduce así una dimensión adicional frente a una instalación solar convencional.
No se trata únicamente de instalar más paneles, sino de coordinar diferentes recursos para utilizar la energía de una forma más eficiente.
La comunidad energética también ha actuado sobre el consumo del propio centro. Una de las cuatro líneas del proyecto ha consistido en renovar completamente la iluminación del frontón mediante tecnología LED de alta eficiencia.
La intervención busca reducir el consumo de una instalación que registra un uso intensivo debido a las actividades deportivas y extraescolares.
El cuarto componente lleva el proyecto desde la energía hasta la movilidad. San Fermin Ikastola ha puesto en marcha un servicio piloto de bicicletas eléctricas compartidas destinado a la comunidad educativa. La iniciativa pretende ofrecer una alternativa al vehículo privado para algunos de los desplazamientos relacionados con el centro.
Aunque la escala de este programa piloto es diferente a la de la instalación fotovoltaica, su incorporación muestra un planteamiento que intenta abordar de forma conjunta diferentes consumos energéticos.
La transición hacia un sistema con una mayor presencia de electricidad renovable no se limita al suministro de los edificios, sino que afecta también a la forma en que se realizan los desplazamientos cotidianos.
El carácter cooperativo es otro de los elementos que definen la iniciativa. San Fermin Ikastola es un centro escolar cooperativo integrado en Euskal Herriko Ikastolen Europar Kooperatiba Elkartea, EHI.
Escolariza a más de 1.500 alumnos de entre 3 y 18 años, desde Educación Infantil hasta Bachillerato.
Esa estructura proporciona una base organizativa especialmente relacionada con la participación colectiva, un aspecto central en una comunidad energética.
El proyecto se ha desarrollado también con la colaboración de Red de Comunidades Energéticas, una cooperativa sin ánimo de lucro dedicada a promover este tipo de iniciativas.
Según los datos facilitados, esta red agrupa actualmente a 120 comunidades energéticas de toda España. Sus instalaciones suman 6.400 kWp de potencia eléctrica en diferentes tecnologías y generan más de 8 millones de kWh, cuya producción se reparte entre 3.146 hogares.
La iniciativa de San Fermin Ikastola introduce en este modelo una característica particular: utilizar un centro educativo como punto de generación y organización para conectar el consumo de una instalación colectiva con el de las familias.
Los edificios escolares disponen en muchos casos de superficies que pueden aprovecharse para generación fotovoltaica y, al mismo tiempo, reúnen alrededor de ellos a comunidades formadas por cientos de hogares.
Esta combinación puede hacer que el proyecto resulte de interés para otros centros educativos y cooperativas que estudien fórmulas similares.
Su posible reproducción dependerá, en cualquier caso, de factores como las características de cada edificio, la capacidad disponible para instalar generación renovable, el perfil de consumo, la participación de las familias y las condiciones económicas y regulatorias aplicables a cada proyecto.
También será relevante comprobar el funcionamiento real del sistema una vez que generación, baterías, gestión de la demanda y autoconsumo compartido operen de forma coordinada.
La potencia instalada ofrece una referencia sobre la capacidad máxima de generación, pero el resultado energético y económico dependerá de variables como la producción solar efectiva, los perfiles horarios de consumo y el grado de aprovechamiento de la electricidad por parte de los participantes.
El proyecto llega además en un momento en el que las comunidades energéticas buscan pasar de ser un concepto asociado principalmente a programas piloto y ayudas públicas a convertirse en una fórmula más habitual de organización de la generación distribuida.
En este caso, la subvención del Gobierno de Navarra cubre 86.084,40 euros de una inversión total de 192.047,94 euros, por lo que la financiación pública representa una parte relevante, aunque no la totalidad, del desembolso realizado.
La importancia de la iniciativa de San Fermin Ikastola está precisamente en trasladar el autoconsumo compartido a un espacio cotidiano como un colegio y aprovechar mejor una instalación que no tiene el mismo patrón de consumo durante todo el año.
Si el modelo consigue coordinar la demanda del centro con la de las familias, el proyecto permitirá evaluar en condiciones reales hasta qué punto una infraestructura educativa puede convertirse también en un nodo local de generación, almacenamiento y consumo de electricidad renovable.
Para el mercado energético, y especialmente para otros colegios, cooperativas y comunidades que estudian proyectos semejantes, esa experiencia práctica puede resultar tan relevante como la propia potencia de los paneles instalados.






