La polémica de los distintivos ambientales de la DGT continúa y es que los coches que se matriculen nuevos en 2026 serán clasificados de un modo diferente.

No es un rumor. No es una filtración. Es oficial. El Gobierno va a cambiar las etiquetas medioambientales de la Dirección General de Tráfico (DGT), y lo va a hacer con consecuencias muy reales para cientos de miles de conductores.
El sistema de clasificación que lleva casi una década en vigor ha entrado en cuenta atrás. El final está cerca para las actuales pegatinas ECO y CERO, y no será una transición pacífica.
Las etiquetas medioambientales fueron introducidas en 2016 con el propósito de facilitar la identificación de vehículos en función de su potencial contaminante.
Los mejores coches eléctricos relación calidad-precio.
Sin embargo, lo que nació como una herramienta para fomentar una movilidad más limpia, se convirtió de arma arrojadiza para muchas personas que están en contra de los usos actuales de movilidad.
El problema de fondo es tan sencillo como explosivo: hoy, muchos coches que portan con orgullo una etiqueta ECO o incluso CERO Emisiones, están lejos de ser vehículos limpios.
¿Cómo es posible que un coche con tubo de escape pueda lucir una pegatina que sugiere que no contamina?. ¿Qué lógica hay en que un híbrido tenga el mismo distintivo que un eléctrico puro?.
La revisión ya no es una opción, es una necesidad. El nuevo sistema contemplará, por primera vez, las emisiones reales de CO₂ como criterio adicional para otorgar las etiquetas.
Qué debes saber antes de compra un coche eléctrico de segunda mano.
Esto supone un cambio de paradigma. Porque hasta ahora, bastaba con cumplir ciertos requisitos tecnológicos, como tener un sistema híbrido, por básico que fuera, para acceder automáticamente a beneficios administrativos y fiscales. Eso se va a acabar.
En el punto de mira están los llamados “falsos híbridos”. Coches que, si bien integran algún tipo de electrificación, en la práctica funcionan casi siempre como modelos térmicos.
El caso más flagrante es el de muchos híbridos enchufables que el uso del motor eléctrico depende del criterio del propietario.
Las pegatinas medioambientales se han convertido en una especie de salvoconducto que muchos han conseguido sin merecerlo. Las consecuencias están sobre la mesa: un sistema que premia a quien sabe jugar con la normativa, no a quien realmente apuesta por la sostenibilidad.
El futuro sistema será más exigente. El estudio para la revisión ya está en marcha y contará con la participación de varios ministerios: Interior, Transportes, Transición Ecológica, Industria y Economía; además de consultar con las comunidades autónomas.
El objetivo declarado es solventar “las deficiencias detectadas en materia de contaminantes” y actualizar las etiquetas en función de la evolución tecnológica de los vehículos.
Pero hay algo que los medios más convencionales no están diciendo en voz alta: este cambio va a hacer pensar a mucha gente al ahora de comprar un coche.
Miles de conductores que barajan la opción de comprar un coche microhíbrido, híbridos enchufables o un modelo de GLP, ahora tendrán que pensar si es la mejor opción o dar el paso definitivo al coche 100% eléctrico.
El nuevo etiquetado no será retroactivo, o al menos esa es la intención del Gobierno, para evitar una oleada de quejas y demandas.
Sin embargo, el gran cambio llegará con los nuevos vehículos matriculados tras la entrada en vigor del nuevo sistema, que podría estar listo para mediados de 2026 y aplicarse a partir de enero de 2027.
La gran incógnita ahora es cómo afectará esto a la movilidad urbana. Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), ya implementadas o en fase de implantación en decenas de ciudades españolas, usan estas etiquetas para decidir quién puede entrar y quién no.
Si se endurece el acceso a las pegatinas ECO y CERO, automáticamente muchos vehículos perderán privilegios y tendrán prohibido circular por grandes núcleos urbanos.
Y esto plantea una cuestión que muchos ciudadanos ya se están haciendo: ¿compré un coche “ecológico” o compré una etiqueta? La diferencia, en algunos casos, es abismal.
La falta de rigor en el sistema actual ha permitido que vehículos que contaminan casi tanto como uno térmico tradicional, circulen libremente por ciudades donde otros, más antiguos pero con menos kilómetros anuales, son vetados sin miramientos.
La presión de las asociaciones ecologistas ha sido fundamental para que este debate llegue a las instituciones. Llevan años denunciando que las etiquetas son una farsa en muchos casos.
¿Cómo puede tener la misma consideración un híbrido enchufable que nunca se carga y un eléctrico puro que no emite absolutamente nada?. ¿Qué tipo de equidad es esa?.
El nuevo sistema no solo promete ser más justo, sino también más realista. Las emisiones homologadas pasarán a ser un factor clave, y eso pondrá fin al chollo de las etiquetas automáticas.
El coche del futuro tendrá que demostrar su limpieza, no simplemente declararla. Y esto abre otro melón: el de la fiscalidad. Porque muchas ayudas y beneficios fiscales están ligados a las etiquetas. Si cambia el etiquetado, cambian también los privilegios fiscales. Y eso sí que puede levantar ampollas.
Lo que está claro, que en un país como España en el que parece que nos encanta la confrontación, las etiquetas ambientales serán aún más un motivo de discusión. Muchos youtubers que están en contra de la transición hacia una movilidad eléctrica ya están avivando a sus seguidores con esta noticia.