El país que aprovecha su petróleo para ser el líder mundial del coche eléctrico

Noruega ha conseguido que el 90% de los coches que se venden en el país son eléctricos, gracias al petróleo.

La transformación de Noruega, de país exportador de petróleo y gas a líder mundial en adopción de vehículos eléctricos, no es una casualidad ni una moda pasajera.

Fue el resultado de una estrategia deliberada y a muy largo plazo, que comenzó hace décadas y se ha reforzado con una coherencia política e institucional ejemplar.

Hoy, en 2025, nueve de cada diez coches nuevos que se venden en el país escandinavo son eléctricos, y prácticamente todos los meses rozan el 98 % de cuota de mercado.

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En 2024 las ventas alcanzaron un 88,9 % del total, en comparación con el 82,4 % de 2023. Visitantes de todo el mundo pueden ver por las calles de Oslo y sentirse en un país del futuro: apenas se ven vehículos de combustibles fósiles, y la mayoría exhibe una “E” en la matrícula que los distingue como eléctricos.

Este fenómeno, aparentemente imparable, no nació de la noche a la mañana ni por un cambio cultural súbito.

Se gravó progresivamente el coche a gasolina y diésel, encareciendo su adquisición, mientras que los eléctricos disfrutaron de exención del IVA, aranceles de importación nulos y matriculación significativamente más barata.

A ello se sumaron beneficios prácticos: acceso gratuito o reducido a peajes, estacionamiento y carriles bus; ventajas logísticas que se convirtieron en argumentos sólidos para el comprador diario.

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La semilla se plantó a principios de los noventa. La Asociación Noruega del Vehículo Eléctrico, con su secretaria Christina Bu, reitera que este es un triunfo sembrado pacientemente a lo largo de treinta años.

En los primeros tiempos surgieron coches nacionales como el Buddy (antes Kewet) o el TH!NK City, que hoy pueden considerarse pioneros, aunque acabaron desapareciendo. Pero las ayudas, una vez introducidas, nunca desaparecieron, estableciendo la base de una industria que florecería décadas después.

El sector privado, particularmente los concesionarios, abrazó el cambio con audacia cuando lo consideraron económicamente viable. Harald A. Møller, distribuidor de Volkswagens en Oslo desde hace más de 75 años, cerró su oferta de combustión en 2024 y hoy solo comercializa eléctricos.

Su director ejecutivo, Ulf Tore Hekneby, lo resume con rotundidad: «Creemos que es un error recomendar un coche de combustión interna. Es difícil volver atrás.» Este tipo de declaraciones reflejan una transición mental acompañada de oportunidades de negocio reales, no imposiciones ideológicas.

También existen testimonios de usuarios que reflejan el impacto real en el día a día. Ståle Fyen, conductor habitual en Oslo, descubrió que a pesar de perder hasta un 20 % de autonomía en invierno, la abundancia de cargadores (más de 27 000 en todo el país) y la mentalidad de recargar “cuando puedes, no cuando debes” hicieron la diferencia.

El sistema eléctrico noruego, alimentado por un 88 % de energía hidráulica, fortalece la narrativa de un cambio limpio y sostenible. Para otra conductora pionera como Merete Eggesbø, que se sumó en 2014 con un Tesla, la motivación fue reduccionista: “quería un coche que no contaminara. Me daba más conciencia al conducir.”

Noruega no solo impulsó carros eléctricos europeos o americanos, también abrió la puerta a fabricantes chinos como MG, BYD, Polestar y XPeng. Estas marcas ya representan el 10 % del mercado noruego, y lo lograron sin aranceles una señal de apertura y pragmatismo en contraste con Europa y EE. UU., donde aún persisten barreras.

Comparadas con las cifras de la media en Europa que fue del o en país como Estados Unidos, las cifras noruegas resultan reveladoras y provocadoras.

Si bien el aumento en 2025 en movilidad eléctrica en 2025 es sustancial, la diferencia radica en la estrategia. Ahí donde ellos han puesto metas recientes y legislaciones futuras, Noruega empezó a construir una red de incentivos políticos, fiscales y culturales hace treinta años: una estructura sólida que hoy rinde frutos sin grandes polémicas, pero sí con debates sostenidos.

La gran pregunta ahora es si esta receta es replicable. Christina Bu sostiene que el secreto está en la coherencia y adaptabilidad de las políticas: no basta con copiar medidas concretas, sino interpretarlas en el contexto nacional.

Noruega pudo permitirse mantener estos incentivos y soportar la pérdida fiscal gracias a un fondo soberano de 1,7 billones de dólares, alimentado por sus exportaciones de gas y petróleo.

No todos los países disponen de esa tesorería pública ni de una red eléctrica casi totalmente renovable. Aun así, la estrategia holística: fiscalidad, infraestructuras, ahorro al usuario y adaptación ofrece enseñanzas claras.

El reto es replicar esa experiencia sin disponer de tanta riqueza. Cada país debe preguntarse si puede subvencionar exenciones impositivas, asumir la disminución de ingresos por hidrocarburos, desplegar una red de carga nacional, y comunicar con claridad que el futuro será eléctrico. Sin una política de largo plazo, cada incentivo aislado termina siendo fragmentario y poco efectivo.

De cara a 2025, el objetivo oficial noruego es que todos los coches nuevos sean de emisiones cero. Con casi la mitad de los vehículos antiguos todavía en circulación, el foco se traslada ahora a acelerar la renovación del parque, promover el uso de eléctricos usados y extender la red de carga externa e interna.

La apuesta por la movilidad eléctrica es total, y el mensaje deja claro un desafío implícito: aquellos que se queden atrás, no lo harán por que la tecnología no esté lista, sino porque no supieron construir el camino con tiempo y coherencia.

Etiqueta: Datos de ventas de coches eléctricos en el mundo.