Tras las investigaciones contra Tesla, expertos advierten que estos sistemas pueden fallar cuando más se necesitan, dejando a los ocupantes atrapados.

Una función diseñada para aportar comodidad, diseño y modernidad se ha convertido en una amenaza silenciosa para la seguridad de miles de conductores.
La apertura electrónica de puertas, un sistema ya extendido entre muchos fabricantes ha sido puesta en entredicho tras la apertura de una investigación oficial contra Tesla en Estados Unidos.
Lo que inicialmente parecía una cuestión puntual de diseño se perfila como un problema estructural que afecta no solo a la compañía de Elon Musk, sino al enfoque general de la industria hacia la automatización.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) inició una inspección formal tras recibir múltiples denuncias de usuarios del Tesla Model Y que no pudieron abrir las puertas del coche en situaciones de emergencia.
La causa: un fallo en la batería de bajo voltaje del vehículo que dejó inoperativa la apertura electrónica de las puertas.
En varios de estos casos, los afectados se vieron obligados a romper las ventanillas para acceder al interior del coche y rescatar a sus hijos o escapar del habitáculo tras un accidente.
Este sistema, presente en cientos de miles de vehículos, depende por completo de una fuente de energía que puede fallar sin previo aviso.
Y aunque las puertas cuentan con mecanismos de apertura manual, su ubicación es poco accesible y fácil apertura en caso de emergencia, como ocurre en las versiones anteriores a 2023 del Model Y.
Incluso en los vehículos más recientes, los tiradores de emergencia por cable no están claramente señalizados ni son de uso intuitivo, lo que reduce su eficacia en momentos críticos.
Pero la clave no está únicamente en el diseño de Tesla. Lo que esta investigación ha puesto sobre la mesa es un modelo de funcionamiento que se repite en muchas otras marcas.
La tendencia en los últimos años ha sido eliminar los tiradores mecánicos tradicionales en favor de manecillas retráctiles o enrasadas que se activan mediante sensores o botones, normalmente gestionados electrónicamente.
Estas soluciones, si bien aportan un acabado estético más limpio y mejoran la aerodinámica, pueden fallar en el peor momento: cuando hay un corte de energía tras un accidente.
En China, este tipo de tecnología también ha comenzado a levantar preocupaciones.
El instituto C-IASI, encargado de evaluar la seguridad de los vehículos, concluyó que los sistemas electrónicos de apertura de puertas solo funcionan correctamente en el 67% de los impactos laterales, frente al 98% de eficacia que ofrecen las manillas mecánicas convencionales.
Las autoridades chinas están considerando establecer una regulación en futuros modelos comercializados en su territorio.
Por su parte, el club automovilístico alemán ADAC ya había advertido en 2024 sobre los riesgos que representan estos tiradores ocultos en situaciones de accidente.
En su informe, ADAC señala que, si el sistema electrónico se daña en una colisión, los rescatistas o los propios ocupantes pueden encontrarse con una barrera insalvable para abrir las puertas desde fuera o desde dentro.
Tesla no es la única marca señalada. Varios fabricantes han adoptado sistemas similares en sus modelos más recientes.
Desde el diseño tipo “flush” que se integra completamente en la carrocería, hasta las manillas que emergen automáticamente cuando el coche detecta la presencia del conductor.
Todos comparten el mismo principio: el control depende de la electrónica, y en caso de fallo energético, el acceso al vehículo puede verse gravemente comprometido.
Lo que revela la investigación de la NHTSA no es únicamente un fallo de un modelo en particular, sino la fragilidad de una tecnología que ha sido adoptada masivamente sin un consenso claro sobre sus implicaciones de seguridad.
En el caso de Tesla, más de 174.000 unidades del Model Y fabricadas desde 2021 podrían estar afectadas.
Y aunque la compañía ha anunciado que trabaja en un rediseño que integre apertura electrónica y mecánica en un solo componente, la solución aún no ha llegado al mercado.
La respuesta de los organismos reguladores y las asociaciones de consumidores parece estar llegando tarde.
Durante años, las innovaciones tecnológicas en el sector automotriz han avanzado más rápido que la legislación, y los diseños más futuristas han sido aplaudidos sin una evaluación rigurosa de sus efectos en casos de emergencia real.
La falta de una advertencia previa sobre la caída de voltaje en las baterías, como ocurrió en los casos investigados por la NHTSA, es una muestra clara de esa brecha entre forma y función.
El futuro inmediato de los sistemas de apertura electrónica dependerá no solo de los avances técnicos que puedan incorporar redundancias mecánicas, sino de la presión que ejerzan tanto los reguladores como los consumidores.
La seguridad en un vehículo no puede depender de una batería secundaria ni de que el usuario recuerde el procedimiento de emergencia descrito en un manual.
El caso Tesla marca un punto de inflexión. Ya no se trata de una anécdota de diseño ni de una falla puntual.
Se trata de una advertencia para toda la industria automotriz: en la carrera por la innovación, no se puede dejar atrás lo más elemental.
Y una puerta que no se abre cuando se necesita, por muy moderna que parezca, es una puerta que pone vidas en riesgo.
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