El Ayuntamiento de Praga ha aprobado un proyecto que busca acelerar el desarrollo de la infraestructura de recarga para coches eléctricos mediante una idea sencilla pero eficaz: aprovechar el alumbrado público.

La capital checa instalará este año unas 150 farolas preparadas para incorporar puntos de recarga en el futuro, una solución que permite anticiparse a la demanda sin asumir desde el inicio todos los costes de instalación.
Esta iniciativa forma parte de la estrategia de movilidad eléctrica de la ciudad, que prevé un crecimiento importante del número de coches eléctricos en circulación durante los próximos años.
Según las estimaciones del propio plan municipal, Praga podría alcanzar hasta 180.000 vehículos eléctricos en 2030. Para cubrir esa demanda, sería necesario contar con unas 4.500 estaciones de recarga repartidas por toda la ciudad.
El reto no es menor. Desplegar miles de puntos de recarga en un entorno urbano implica obras, adaptación de la red eléctrica y una inversión considerable. Por eso, el consistorio ha optado por un enfoque progresivo que consiste en preparar la infraestructura con antelación.
En lugar de instalar directamente los cargadores, se acondicionan las farolas para que puedan integrarlos más adelante con un esfuerzo mínimo.
El proyecto se desarrollará en colaboración con la empresa municipal Technologie hl. m. Prahy y el operador energético PREdistribuce.
Ambas entidades trabajarán en el diseño y la implantación de estas farolas preparadas, así como en la selección de las ubicaciones más adecuadas dentro de la ciudad.
Uno de los aspectos clave del plan es la coordinación con las obras de modernización de la red eléctrica. Las nuevas farolas se instalarán en zonas donde ya estén previstas mejoras en la infraestructura, lo que permite aprovechar los trabajos existentes para introducir las adaptaciones necesarias. De esta forma, se reducen costes y se evita duplicar intervenciones en la vía pública.
Para esta primera fase, Praga destinará unos 100 millones de coronas checas, equivalentes a aproximadamente 4,1 millones de euros.
Aunque el número inicial de farolas puede parecer limitado frente a las necesidades futuras, el objetivo no es cubrir toda la demanda de inmediato, sino crear una base que facilite el despliegue posterior de puntos de recarga. Este enfoque tiene varias ventajas.
Por un lado, permite ajustar el ritmo de instalación de cargadores a la evolución real del mercado de coches eléctricos. Por otro, reduce las barreras técnicas y económicas que suelen ralentizar este tipo de proyectos, ya que gran parte del trabajo estará ya realizado cuando llegue el momento de instalar los puntos de recarga.
Además, el uso del alumbrado público abre la puerta a una red de recarga más distribuida. Las farolas están presentes en prácticamente todas las calles, lo que facilita llevar la recarga a zonas donde instalar estaciones convencionales puede resultar más complicado, especialmente en barrios residenciales o áreas con limitaciones de espacio.
También hay un componente urbano importante. Integrar los futuros puntos de recarga en elementos existentes reduce el impacto visual y evita saturar el espacio público con nuevas instalaciones.
En ciudades con centros históricos o calles estrechas, este tipo de soluciones puede marcar la diferencia a la hora de compatibilizar la electrificación del transporte con la conservación del entorno.
El plan de Praga refleja una tendencia cada vez más visible en Europa: buscar formas de integrar la recarga en infraestructuras ya existentes.
Frente a modelos basados únicamente en grandes estaciones, muchas ciudades están apostando por soluciones más flexibles que combinan distintos tipos de puntos de recarga según el uso y la ubicación.
En este caso, las farolas preparadas actúan como una red latente que puede activarse según crezca la demanda. Cada una de ellas representa un punto potencial que podrá convertirse en estación de recarga sin necesidad de grandes obras adicionales. Esto permite a la ciudad planificar a largo plazo sin comprometer recursos de forma inmediata.
A medida que el número de coches eléctricos aumente, disponer de esta infraestructura previa puede acelerar de forma notable el despliegue real de cargadores.
En lugar de empezar desde cero en cada ubicación, bastará con completar la instalación en puntos ya preparados, reduciendo tiempos y simplificando el proceso.
En definitiva, Praga no solo está ampliando su red de recarga, sino cambiando la forma de planificarla. La instalación de estas 150 farolas preparadas representa un primer paso hacia un modelo más eficiente, escalable y adaptado al crecimiento progresivo del coche eléctrico.
Si las previsiones se cumplen, esta estrategia podría facilitar que la ciudad responda con mayor agilidad a la demanda futura sin incurrir en costes innecesarios desde el principio.









