España, entre los más baratos para cargar en Europa y a la cola en ventas

Los datos más recientes sobre el coste de recarga en el continente ponen sobre la mesa una paradoja que España debería analizar con más detenimiento.

Un estudio publicado por Switcher.ie, un comparador de precios irlandés, ha revelado las diferencias abismales en el coste de cargar un coche eléctrico entre los distintos países europeos.

Y lo más llamativo es que España, pese a ser uno de los más económicos, sigue a la cola en ventas de vehículos eléctricos.

Según este informe, cargar completamente un coche eléctrico en España cuesta de media 15,71 euros. Una cifra considerablemente más baja que los 25,73 euros que cuesta en Alemania, el país más caro de Europa en este aspecto.

¿Cuánto cuesta recargar un coche eléctrico en casa?

De hecho, la diferencia de diez euros por carga deja claro que el acceso económico a la movilidad eléctrica no es un problema en el mercado español. Entonces, ¿qué está fallando?.

El informe de Switcher.ie ha analizado 38 países europeos teniendo en cuenta tanto la carga doméstica como la pública, además de los precios medios de electricidad.

En este análisis, España aparece como el cuarto país más barato entre las principales economías europeas. Solo por detrás de naciones como Turquía (4,05 € por carga), Georgia (4,59 €) y Kosovo (4,87 €), que por su estructura de mercado o coste energético no compiten en igualdad de condiciones.

Con un precio medio del kWh situado en los 0,24 euros, frente a los 0,39 €/kWh de Alemania, España ofrece una ventaja clara para los usuarios que quieran dar el salto a la movilidad eléctrica.

Comparativa de los mejores cargadores de coche eléctrico.

Recorrer 100 kilómetros cuesta aquí 4,31 euros de media. En Alemania, esa misma distancia asciende a 7,06 euros. Incluso nuestros vecinos portugueses tienen un coste ligeramente superior: 4,70 euros cada 100 km.

Y sin embargo, en términos de ventas, la situación es casi humillante. En mayo de 2025, Alemania matriculó 43.060 coches eléctricos puros, lo que supone un crecimiento interanual del 44,9%.

Todo ello pese a que en el país germano se han eliminado los incentivos directos a la compra y se ha apostado por beneficios fiscales más sutiles.

España, por su parte, se quedó en las 9.051 unidades, una cifra que representa un espectacular aumento del 106% respecto al año anterior, pero que sigue estando muy lejos de lo que se considera un mercado maduro.

En lo que va de 2025, Alemania acumula ya más de 200.000 matriculaciones de coches eléctricos. España, en el mismo periodo, apenas ha superado las 35.000.

A pesar de que España cuenta ya con una amplia red de cargadores públicos, muchos usuarios potenciales desconfían de dar el paso al coche eléctrico.

Además, el proceso para acceder a ayudas como el Plan MOVES III sigue siendo un verdadero calvario burocrático. Los retrasos en los pagos, la falta de información clara y las diferencias de aplicación entre comunidades autónomas hacen que muchos compradores potenciales desistan.

En contraste, Alemania ha apostado por políticas más estables y un marco regulador más sólido. Aunque los incentivos directos hayan desaparecido, las ventajas fiscales para empresas, leasing atractivos y una potente red de recarga pública hacen que el mercado siga creciendo con fuerza.

Es una cuestión de visión de Estado. Alemania ha convertido la movilidad eléctrica en un asunto estratégico; en España sigue pareciendo una moda pasajera.

Una de las grandes fortalezas de España reside en su capacidad de generar energía limpia y barata. En 2024, las renovables representaron un récord del 56,8% de la producción eléctrica nacional.

Este crecimiento, impulsado principalmente por la solar fotovoltaica y la eólica, no ha hecho más que consolidarse en 2025. Solo en mayo, el 65,3% de la electricidad en la península se generó a partir de fuentes renovables.

Esto debería traducirse en una ventaja competitiva enorme: electricidad limpia, nacional y barata. Sin embargo, esa ventaja estructural no se está aprovechando para estimular la movilidad eléctrica.

Faltan políticas que conecten ambos mundos. ¿Por qué no se impulsa más decididamente el autoconsumo vinculado a la movilidad?. ¿Por qué no existen más programas de recarga gratuita o ultraeconómica en zonas rurales alimentadas por solar?.

La paradoja es evidente: tenemos una de las electricidades más baratas de Europa, producimos más energía renovable que nunca, y aun así seguimos siendo uno de los países más rezagados en adopción de vehículos eléctricos.

En un contexto europeo en el que se aceleran los plazos para prohibir la venta de coches con motor de combustión, 2035 está a la vuelta de la esquina, no aprovechar la actual ventaja de coste energético puede salir caro a medio y largo plazo.

España podría estar liderando el cambio, exportando conocimiento, tecnología y soluciones. En su lugar, parece estar esperando que el mercado se mueva solo.

El bajo coste de recarga, la expansión renovable y una ciudadanía cada vez más concienciada deberían ser los tres pilares sobre los que se construyera la nueva movilidad.