Manchester aprovecha las farolas para poner cargadores para coches eléctricos

Aprovechar las farolas existentes permite instalar recarga pública sin ocupar más espacio en la calle.

La transición al coche eléctrico se encuentra con frecuencia con un obstáculo que rara vez tiene que ver con el propio vehículo.

La autonomía ha dejado de ser, al menos en los modelos más modernos, la principal preocupación de muchos usuarios. Tampoco el precio de la electricidad frente al combustible.

El verdadero problema para millones de conductores europeos sigue siendo mucho más básico: dónde cargar.

La cuestión es especialmente compleja en las ciudades. Quien vive en una vivienda unifamiliar con garaje o plaza privada puede instalar un cargador doméstico y convertir la recarga en una rutina casi invisible.

Pero quienes viven en edificios de apartamentos, zonas densamente urbanas o calles sin aparcamiento privado dependen por completo de la infraestructura pública.

Manchester ha decidido probar una solución que, por sencilla, resulta especialmente interesante. El Ayuntamiento de la ciudad británica, en colaboración con la empresa AMEY, ha puesto en marcha un programa piloto que convierte farolas existentes en puntos de carga para coches eléctricos.

En total, ya hay 38 cargadores operativos distribuidos por distintos barrios de la ciudad.

La idea consiste en aprovechar una infraestructura ya instalada, alimentada eléctricamente y repartida por prácticamente todas las calles.

En lugar de desplegar nuevos postes, abrir zanjas o añadir mobiliario urbano adicional, el sistema integra el cargador dentro de la propia farola. El conductor simplemente aparca junto a ella y conecta su vehículo a nivel de calle.

El proyecto se presentó oficialmente el 26 de marzo de 2026 y forma parte de una estrategia más amplia del Ayuntamiento de Manchester para acelerar la adopción local del coche eléctrico y avanzar hacia su objetivo de convertirse en una ciudad neutra en carbono.

Aunque la fórmula no es completamente nueva en Europa, sí representa una de las implantaciones urbanas más ambiciosas realizadas hasta ahora en el Reino Unido utilizando infraestructura de alumbrado existente.

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El interés del proyecto no reside únicamente en el número de cargadores instalados, sino en el tipo de usuario al que va dirigido.

Manchester ha identificado que existe una parte importante de la población que no puede plantearse la compra de un coche eléctrico simplemente porque no dispone de un lugar donde recargarlo.

Son conductores que viven en pisos, edificios sin garaje, viviendas adosadas sin entrada privada o calles con escaso aparcamiento fuera de la vía pública.

En estos casos, instalar un wallbox doméstico no es una opción. Tampoco resulta práctico depender de estaciones rápidas o de cargadores comerciales situados a varios kilómetros de casa.

La consecuencia es que muchos potenciales compradores continúan retrasando el salto al vehículo eléctrico, incluso aunque les interesen sus menores costes de uso, su funcionamiento silencioso o la reducción de emisiones.

El Ayuntamiento de Manchester considera que esta es una de las barreras más importantes para la electrificación del transporte urbano.

Por eso ha optado por una solución pensada específicamente para la recarga de proximidad. No se trata de grandes estaciones de alta potencia destinadas a viajes largos, sino de puntos de carga cercanos al domicilio, donde el coche pueda permanecer conectado varias horas durante la noche o mientras el propietario está en casa.

Los 38 cargadores ya instalados se encuentran repartidos en distintos distritos y barrios de Manchester.La selección de estas zonas no ha sido casual.

Según el consistorio, se han elegido ubicaciones donde ya existía una demanda demostrada de más infraestructura de recarga, áreas en las que los residentes habían solicitado específicamente apoyo para el coche eléctrico y barrios donde el aparcamiento privado es limitado o inexistente.

Este último punto es clave. En muchas ciudades británicas, y también en buena parte de Europa, los centros urbanos y los barrios tradicionales están formados por calles estrechas y viviendas sin garaje.

La electrificación de estos entornos exige soluciones distintas a las utilizadas en urbanizaciones o viviendas unifamiliares.

Los cargadores integrados en farolas tienen varias ventajas evidentes. La primera es económica. Reutilizar una farola existente reduce notablemente el coste de instalación frente a la construcción de un punto de recarga independiente.

No es necesario instalar una nueva columna, ni ocupar más espacio en la acera, ni realizar grandes obras.

La segunda ventaja es visual y urbanística. Muchas ciudades se enfrentan a un problema creciente de saturación del espacio público.

Bancos, señales, cámaras, bolardos, papeleras, terrazas y nuevos postes de recarga compiten por un espacio limitado. Integrar el sistema dentro de una farola evita añadir más elementos a la calle y reduce el impacto visual.

La tercera ventaja tiene que ver con el precio para el usuario. El Ayuntamiento de Manchester subraya que estos puntos de carga deberían ofrecer una alternativa más asequible que muchos cargadores comerciales gestionados por terceros.

Aunque no se han detallado todavía las tarifas, el objetivo es que los residentes dispongan de una opción cercana y económica, algo especialmente importante para quienes cargan el coche varias veces por semana.

Además, el sistema se ha diseñado para que sea fácil de utilizar. Cada farola incorpora instrucciones visibles para explicar cómo activar el servicio y conectar el vehículo.

El consistorio quiere evitar que la experiencia de uso se convierta en una barrera adicional, especialmente para conductores que nunca han utilizado antes un punto de carga público.

La concejala Tracey Rawlins, responsable de Aire Limpio, Medio Ambiente y Transporte en el Ayuntamiento de Manchester, defendió el proyecto como una pieza importante dentro de la estrategia climática local.

«A medida que el Consejo continúa su trabajo para hacer de Manchester una ciudad sin carbono, iniciativas como esta desempeñarán un papel vital en el logro de ese objetivo», afirmó.

Rawlins reconoció que el mercado del coche eléctrico ha avanzado con rapidez durante los últimos años, pero insistió en que todavía existe un obstáculo fundamental que frena a muchos compradores: la facilidad para cargar.

«Muchos de nuestros residentes no tienen aparcamiento fuera de la calle, y para ellos acceder a una recarga de vehículos eléctricos que sea asequible y accesible es particularmente difícil. Esta es una gran brecha en la infraestructura de carga de vehículos eléctricos, en Manchester y en otros lugares», explicó.

La concejala añadió que el proyecto ofrece una respuesta práctica a un problema urbano muy concreto. «Este esquema proporciona una solución práctica y eficiente. No requiere ningún desembolso adicional para nuestros residentes, pero les proporcionará todos los beneficios de tener un punto de carga en casa».

Sus palabras resumen una de las ideas más interesantes de este tipo de iniciativas. Aunque técnicamente no se trata de un cargador doméstico, para el usuario la experiencia puede llegar a ser muy similar. Aparcar cerca de casa, conectar el vehículo por la noche y encontrarlo cargado a la mañana siguiente.

La administración local incluso ha invitado a los ciudadanos a proponer nuevas ubicaciones y a comunicar en qué barrios consideran que existe necesidad de más infraestructura. Esto sugiere que la siguiente fase podría desarrollarse de forma progresiva, priorizando las áreas con mayor demanda.

El potencial de esta fórmula va más allá de Manchester. Muchas ciudades del Reino Unido presentan un perfil urbano similar, con elevada densidad de población, abundancia de viviendas sin aparcamiento privado y un parque automovilístico todavía muy dependiente del motor de combustión.

En ese contexto, las farolas-cargador pueden convertirse en una herramienta especialmente útil. No sustituyen a las estaciones rápidas ni a los grandes centros de recarga, pero cubren un hueco que hasta ahora ha recibido menos atención: la carga lenta y asequible junto al domicilio.

También es una solución exportable a otras ciudades europeas. En España, por ejemplo, buena parte de los centros urbanos comparte el mismo problema de falta de garajes y aparcamiento privado.

Municipios con calles estrechas y edificios antiguos podrían beneficiarse de una infraestructura de este tipo sin necesidad de transformar radicalmente el paisaje urbano.

La expansión del coche eléctrico no dependerá únicamente de fabricar vehículos más baratos o con más autonomía. También exigirá encontrar formas inteligentes de llevar la recarga allí donde viven las personas. Y en muchos casos eso significa actuar sobre el espacio público y aprovechar infraestructuras ya existentes.