De gastar 600 euros al mes en gasolina a solo 60: el ahorro de un taxista con un coche eléctrico

Muchas taxistas han reducido sus gastos en más de 500 euros mensuales a apenas 60 euros, una diferencia que explica por qué cada vez más profesionales dan el salto al coche eléctrico.

De gastar 600 euros al mes en gasolina a solo 60 en electricidad las cuentas de un taxista con Tesla

La transición hacia el coche eléctrico suele analizarse desde la perspectiva del conductor particular, pero donde realmente se ponen a prueba las ventajas y los inconvenientes de esta tecnología es en los usos intensivos.

Pocos colectivos acumulan tantos kilómetros al año como los taxistas, lo que convierte sus experiencias en una referencia especialmente valiosa para evaluar el impacto económico real de la movilidad eléctrica.

Las cifras llaman la atención por sí solas: recorriendo entre 5.000 y 6.000 kilómetros al mes con un gasto eléctrico de apenas 60 euros.

Hay una gran diferencia con el modelo que fue el rey para los taxistas, el Toyota Prius híbrido, un modelo considerado durante años como la referencia entre los profesionales del taxi por su equilibrio entre consumo, fiabilidad y costes operativos.

Sin embargo, según los cálculos, el gasto mensual en gasolina se situaba entre los 500 y los 600 euros. Ahora, con su Tesla, esa cifra se ha reducido hasta un rango de entre 50 y 60 euros al mes.

La diferencia es tan notable que el propio conductor resume el impacto económico con una frase que se ha convertido en uno de los argumentos más repetidos entre los usuarios profesionales de vehículos eléctricos: “Con lo que me ahorro de combustible pago la letra del taxi”.

La financiación de un coche supone una cuota mensual cercana a los 500 euros, una cantidad que prácticamente queda compensada por la reducción de los costes energéticos respecto a su coche anterior.

Las cifras coinciden con los cálculos que diferentes análisis vienen realizando sobre la rentabilidad del coche eléctrico en el sector del taxi.

A diferencia de un usuario particular, que puede recorrer entre 10.000 y 20.000 kilómetros al año, muchos taxistas superan ampliamente los 70.000 kilómetros anuales e incluso alcanzan los 90.000 kilómetros en determinados entornos urbanos o interurbanos.

En estos niveles de utilización, cualquier diferencia en el coste por kilómetro adquiere una relevancia extraordinaria.

Tomando como referencia un profesional que recorra unos 87.000 kilómetros al año con una berlina diésel de consumo medio situado en 6,5 litros cada 100 kilómetros y un precio del combustible de 1,6 euros por litro, el gasto anual en carburante puede acercarse a los 10.000 euros.

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Esa cifra no incluye otros costes asociados al mantenimiento habitual de los motores térmicos, como cambios de aceite, filtros, correas, sistemas anticontaminación o intervenciones relacionadas con embragues y cajas de cambio.

Además, en un vehículo que permanece gran parte del día trabajando, cada visita al taller implica una pérdida de productividad. Para un profesional autónomo, el tiempo que el coche permanece inmovilizado también forma parte de la ecuación económica.

Cuando se trasladan esos mismos kilómetros a un coche eléctrico, los números cambian de forma considerable. Utilizando un consumo medio de unos 15 kWh cada 100 kilómetros, el gasto energético anual puede situarse alrededor de los 1.300 euros si la mayor parte de las recargas se realizan en casa.

Incluso incorporando una proporción importante de carga rápida pública, el coste puede aumentar hasta unos 4.800 euros anuales. En escenarios mixtos, combinando carga doméstica y pública, los cálculos sitúan el gasto energético cerca de los 3.000 euros al año.

La diferencia respecto a los aproximadamente 10.000 euros de combustible de un vehículo diésel permite entender por qué algunos profesionales comienzan a considerar la electrificación como una inversión más que como un gasto.

En determinados perfiles de uso, el ahorro energético anual puede acercarse a los 7.000 euros, una cantidad que aumenta todavía más cuando se incorpora el menor coste de mantenimiento.

En cuanto a mantenimientos el ahorro también es considerables porque aunque no estén exentos son mucho menores y más económicos.

Suspensiones, neumáticos, frenos, climatización o elementos estructurales continúan sometidos a un uso intensivo, especialmente en vehículos destinados al transporte profesional.

Los vehículos eléctricos prescinden de cambios de aceite, reducen significativamente la sustitución de filtros y eliminan muchos elementos mecánicos complejos que forman parte de los motores de combustión modernos.

También desaparecen sistemas como turbos, embragues o buena parte de los componentes relacionados con el control de emisiones.

Para un sector que basa su rentabilidad en optimizar cada euro gastado por kilómetro, la diferencia entre invertir miles de euros al año en combustible o reducir esa factura a una fracción de su coste puede terminar convirtiéndose en el factor decisivo.

La electrificación del taxi avanza a un ritmo imparable y es que los números hablan por si solos. Será difícil en unos años subirnos a un taxi que no sea eléctrico.