Changan confirma que montará baterías de estado sólido en sus coches este año

La carrera por llevar las baterías de estado sólido desde el laboratorio hasta la carretera entra en una fase decisiva y Changan quiere situarse en la primera línea.

Changan prepara sus baterías de estado sólido

El fabricante chino ha confirmado que instalará sus primeras baterías con electrolito sólido en vehículos antes del tercer trimestre de 2026, con el objetivo de completar la validación tecnológica ese mismo año y abrir la puerta a una producción en masa gradual a partir de 2027.

La compañía ha reiterado su hoja de ruta en comunicaciones con inversores, detallando que el proyecto avanza “de manera ordenada” y sin contratiempos significativos.

El calendario encaja con lo ya anunciado meses atrás: montaje en prototipos antes de finalizar 2025, validación en vehículo a lo largo de 2026 y escalado industrial posterior.

El núcleo de esta ofensiva tecnológica es la batería conocida como Jinzhongzhao, también denominada Golden Bell en algunas comunicaciones corporativas.

Bajo esa marca, presentada oficialmente durante el Salón del Automóvil de Guangzhou, Changan no solo agrupa su desarrollo de celdas totalmente sólidas, sino un ecosistema más amplio que incluye variantes líquidas y semisólidas.

En total, el plan contempla hasta ocho configuraciones distintas de aquí a 2030 y una capacidad productiva agregada que no debería bajar de 150 GWh. No es un proyecto experimental: es una apuesta industrial con escala.

Las cifras que acompañan a la batería sólida son ambiciosas. Changan habla de una densidad energética de 400 Wh/kg, un salto considerable frente a las químicas actuales dominantes en el mercado.

Sobre el papel, esa densidad permitiría superar los 1.500 kilómetros de autonomía con una sola carga en determinados modelos.

La compañía no ha detallado bajo qué ciclo de homologación se calcula esa cifra ni en qué segmento de vehículo se alcanzaría, pero el dato marca una referencia clara sobre la dirección tecnológica que persiguen.

Más allá de la autonomía, el discurso de la marca pone el acento en la seguridad. Según los datos comunicados, la nueva arquitectura permitiría mejorar en un 70% la seguridad respecto a soluciones convencionales con electrolito líquido.

Parte de esa mejora se apoya en sistemas de diagnóstico remoto basados en inteligencia artificial, capaces de monitorizar en tiempo real el estado del pack y anticipar posibles desviaciones térmicas o eléctricas.

La estrategia no se limita al cambio químico; integra software, telemetría y análisis predictivo como parte inseparable del producto.

El hecho de que las primeras validaciones se realicen también en robots no es anecdótico. Permite someter las celdas a ciclos de uso intensivos y controlados, además de diversificar aplicaciones antes de su adopción masiva en turismos.

En paralelo, los futuros eléctricos de la marca servirán como banco de pruebas en condiciones reales de circulación. Modelos como el Changan Avatr 06, mostrado en el Salón del Automóvil de Shanghái, anticipan el tipo de plataforma que podría beneficiarse de este salto tecnológico.

Changan no está sola en esta carrera. Otros fabricantes chinos han comunicado calendarios similares, con la vista puesta en 2026 como año clave para las validaciones en prototipos.

Geely Auto ha confirmado que completará la producción de su primer paquete de baterías sólidas desarrollado internamente y que iniciará pruebas de integración en vehículo.

En paralelo, Dongfeng Motor ha comenzado ensayos con prototipos que montan celdas de 350 Wh/kg y mantiene el objetivo de lanzar un eléctrico con esta tecnología en el mismo horizonte temporal.

Incluso actores tecnológicos ajenos tradicionalmente a la automoción, como Xiaomi, han mostrado interés en el desarrollo de baterías sólidas propias tras su entrada en el mercado del vehículo eléctrico.

La competencia no se limita a las marcas de coches: los grandes fabricantes de baterías mantienen una posición más prudente pero igualmente activa.

Los líderes mundiales del sector, CATL y BYD, han fijado 2027 como fecha para una producción a pequeña escala de baterías totalmente sólidas. Antes, planean introducir soluciones semisólidas que actúen como paso intermedio.

Esta cautela industrial contrasta con el tono más decidido de algunos fabricantes de automóviles, que buscan diferenciarse tecnológicamente en un mercado cada vez más saturado.

En este contexto, la estrategia de Changan combina ambición y diversificación. Mientras impulsa el desarrollo de la batería sólida de 400 Wh/kg, mantiene abierta la vía de tecnologías alternativas. La colaboración con CATL en baterías de sodio es un ejemplo.

De esa cooperación surge el pack Naxtra, con una densidad energética de 175 Wh/kg, autonomía superior a 400 kilómetros y capacidad para operar en condiciones extremas de hasta -50 °C. No compite en cifras absolutas con la batería sólida, pero ofrece ventajas en coste y robustez térmica.

Los primeros modelos en incorporar este pack de sodio serán el Changan Nevo Q05 y el Changan Nevo A06, ampliando el abanico tecnológico del fabricante. Esta dualidad evidencia que la transición no será binaria.

La batería sólida no sustituirá de inmediato a todas las químicas actuales, sino que convivirá con soluciones optimizadas para distintos segmentos y usos.

La pregunta clave no es solo si se alcanzarán los 1.500 kilómetros prometidos, sino en qué condiciones y a qué coste.

Una densidad de 400 Wh/kg puede permitir packs más ligeros o autonomías superiores con el mismo peso, pero también exige resolver desafíos relacionados con la durabilidad, la escalabilidad industrial y la estabilidad a largo plazo.

La validación en vehículos reales durante 2026 será el primer filtro tangible.

El movimiento de Changan llega en un momento en el que el debate sobre el coche eléctrico se desplaza desde la mera electrificación hacia la calidad tecnológica de sus componentes.

Ya no basta con ofrecer autonomía suficiente; el mercado empieza a exigir mayor seguridad, menor degradación y tiempos de recarga más competitivos.

En ese escenario, la batería sólida se presenta como una posible ruptura, aunque todavía debe demostrar su viabilidad a gran escala.

Si el calendario se cumple, 2026 marcará el punto de inflexión. Será el año en que las promesas de laboratorio empiecen a enfrentarse a la carretera, al uso cotidiano y a la presión industrial.

Para Changan, el éxito no dependerá únicamente de alcanzar una cifra espectacular de autonomía, sino de convertir esa cifra en un producto reproducible, rentable y fiable.

La industria observa con atención. Los próximos meses determinarán si la batería sólida abandona definitivamente el terreno de las expectativas para convertirse en una realidad comercial.

Changan ha puesto fecha y cifras sobre la mesa. Ahora deberá demostrar que su Golden Bell no es solo un símbolo tecnológico, sino el inicio de una nueva etapa en la electrificación global.