El líder mundial de las baterías comenzará a fabricar celdas de sodio a gran escala mientras explora el potencial de las futuras baterías de litio-aire.

El mayor fabricante mundial de baterías ha confirmado que iniciará la producción masiva de sus nuevas baterías de iones de sodio en 2026, una tecnología que hasta hace pocos años era considerada una alternativa limitada a aplicaciones muy concretas, pero que ahora comienza a perfilarse como una pieza clave en la estrategia global del sector.
La confirmación llegó durante el Equipment Powerhouse Forum 2026, celebrado el pasado 30 de mayo, donde Wu Kai, científico jefe de CATL y miembro de la Academia China de Ingeniería, aseguró que la compañía ha logrado resolver los principales obstáculos técnicos asociados a la fabricación a gran escala de esta química.
Con ello, el grupo chino abre la puerta a una nueva fase de industrialización que podría alterar el equilibrio tecnológico de la industria de las baterías.
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La apuesta de CATL no se limita a un simple ejercicio de diversificación. La compañía lleva años trabajando en alternativas que permitan reducir la dependencia del litio, un material cuya disponibilidad y volatilidad de precios se han convertido en factores estratégicos para fabricantes y gobiernos.
Frente a ello, el sodio presenta una ventaja evidente: es uno de los elementos más abundantes del planeta y su obtención resulta mucho más sencilla y económica.
La diferencia no es menor. Según distintas estimaciones citadas por medios especializados, CATL considera que las baterías de sodio podrían llegar a ser alrededor de un 30% más económicas que las actuales baterías de fosfato de hierro y litio (LFP), una tecnología que hoy domina buena parte del mercado de vehículos eléctricos de acceso.
Además, el presidente de la compañía, Robin Zeng, ha llegado a señalar que esta química podría sustituir entre el 30% y el 40% del mercado mundial actual de baterías, una declaración que refleja la magnitud de las expectativas internas respecto a esta tecnología.
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La estrategia industrial ya está tomando forma. CATL ha confirmado que trabaja en la integración de estas baterías en una amplia variedad de aplicaciones que incluyen turismos, vehículos comerciales, sistemas de almacenamiento energético, infraestructuras eléctricas e incluso redes de intercambio de baterías.
El objetivo es aprovechar las ventajas de coste y disponibilidad de materias primas para crear una plataforma tecnológica capaz de complementar las actuales líneas de producción basadas en litio.
La industrialización llega además en un momento especialmente favorable para la compañía. Recientemente, CATL cerró un acuerdo de suministro de 60 GWh, considerado el mayor contrato mundial firmado hasta la fecha para baterías de sodio.
Este hito supone una demostración de confianza por parte del mercado y ofrece una base sólida para justificar las inversiones necesarias para escalar la producción. Uno de los aspectos que más interés está despertando es la evolución de las prestaciones.
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Durante años, el principal problema de las baterías de sodio ha sido su menor densidad energética respecto a las soluciones basadas en litio.
El mayor tamaño de los átomos de sodio implica que, a igualdad de volumen o peso, es posible almacenar menos energía.
Esta limitación había relegado tradicionalmente esta tecnología a aplicaciones estacionarias o vehículos de baja autonomía. Sin embargo, los avances recientes están reduciendo significativamente esa brecha.
CATL ha desarrollado su plataforma Naxtra, que alcanza densidades energéticas de hasta 175 Wh/kg, una cifra que comienza a situarse en niveles comparables a algunas baterías LFP actuales.
Según la información difundida por la compañía, las primeras aplicaciones comerciales estarán asociadas a paquetes de aproximadamente 45 kWh capaces de proporcionar autonomías cercanas a los 400 kilómetros bajo el ciclo de homologación chino CLTC.
Pero el verdadero objetivo está más allá. Los responsables de CATL han señalado que las futuras generaciones de esta tecnología buscarán alcanzar autonomías de hasta 600 kilómetros con una sola carga.
De lograrse, las baterías de sodio dejarían de ser una solución destinada únicamente a vehículos urbanos o de bajo coste para competir directamente con las configuraciones de litio utilizadas actualmente en segmentos mucho más amplios del mercado.
La primera demostración práctica de esta estrategia ya está en marcha. CATL y Changan presentaron en febrero un turismo equipado con baterías Naxtra cuyo lanzamiento comercial está previsto para mediados de 2026.
Diversas informaciones apuntan a que se tratará del Changan Nevo A06, que podría convertirse en el primer vehículo eléctrico de pasajeros producido en serie con esta química.
Las ventajas potenciales no se limitan al coste. Otro de los argumentos más relevantes de las baterías de sodio es su comportamiento en condiciones climáticas extremas.
CATL asegura que sus celdas mantienen más del 90% de su capacidad nominal incluso a temperaturas de -40 grados centígrados.
Este dato resulta especialmente importante para mercados donde los inviernos severos reducen significativamente la autonomía de los vehículos eléctricos convencionales. La seguridad constituye otro punto fuerte de esta tecnología.
Las baterías de sodio muestran una menor tendencia al sobrecalentamiento y a los fenómenos de fuga térmica respecto a algunas químicas de litio. Esta característica podría facilitar su implantación en aplicaciones donde la robustez y la fiabilidad sean factores prioritarios.
El interés por esta tecnología no se limita a CATL. Otros grupos industriales chinos también están acelerando sus propios programas de desarrollo.
Entre ellos destaca BAIC, que asegura haber desarrollado celdas de sodio con densidades energéticas de hasta 170 Wh/kg y capacidad de carga rápida 4C, lo que permitiría completar una recarga en apenas 11 minutos.
Según la compañía, estas baterías también mantienen un elevado rendimiento a bajas temperaturas y han superado exigentes pruebas de seguridad frente a sobrecargas, impactos mecánicos y condiciones extremas.
La entrada simultánea de varios fabricantes refuerza la percepción de que el sodio está dejando de ser una tecnología experimental para convertirse en una alternativa industrial real.
Además, su desarrollo podría tener implicaciones importantes para la estructura global de la cadena de suministro.
Al depender de materias primas mucho más abundantes y distribuidas geográficamente, la industria podría reducir parte de su exposición a las tensiones asociadas al litio y otros materiales estratégicos.
Pero la visión de CATL no termina en el sodio. Paralelamente, la empresa está destinando recursos significativos a la investigación de baterías de litio-aire, una de las tecnologías más ambiciosas que actualmente se encuentran en desarrollo.
El principio de funcionamiento es radicalmente distinto al de las baterías convencionales. En lugar de utilizar materiales activos almacenados íntegramente dentro de la celda, las baterías de litio-aire emplean litio metálico como electrodo negativo y utilizan el oxígeno presente en la atmósfera para completar las reacciones electroquímicas durante la descarga.
Esta arquitectura permite eliminar parte del peso asociado a los materiales catódicos tradicionales y abre la puerta a densidades energéticas extraordinariamente elevadas. Durante el proceso se genera peróxido de litio como producto de reacción.
Sobre el papel, esta tecnología podría superar ampliamente las capacidades de almacenamiento de las actuales baterías de estado sólido e incluso de los sistemas de litio más avanzados.
Algunas investigaciones ya apuntan a densidades superiores a los 700 Wh/kg, mientras que el límite teórico ronda los 11.000 Wh/kg, una cifra comparable a la energía contenida en los combustibles líquidos.
No obstante, el camino hacia la comercialización sigue siendo extremadamente complejo. Los problemas relacionados con la estabilidad química, la degradación de los materiales, la gestión de la humedad y la seguridad continúan representando desafíos considerables.
Por ello, CATL no ha establecido calendarios concretos para su llegada al mercado y mantiene esta tecnología dentro de sus programas de investigación a largo plazo.
Mientras tanto, el negocio principal de la compañía continúa creciendo. Según los datos del mercado chino, CATL instaló durante abril de 2026 un total de 29,06 GWh de baterías para vehículos eléctricos, alcanzando una cuota de mercado del 46,6%.
De ese volumen, 19,53 GWh correspondieron a baterías LFP y otros 9,53 GWh a baterías ternarias de níquel, manganeso y cobalto.
La incorporación de las nuevas líneas de producción de sodio permitirá ampliar aún más un catálogo que ya domina buena parte del mercado mundial.
La importancia de este movimiento va mucho más allá de una simple evolución tecnológica. Si CATL consigue materializar las reducciones de costes anunciadas y acercar las prestaciones del sodio a las de las actuales baterías LFP, el impacto podría sentirse especialmente en los segmentos más asequibles del mercado.
Vehículos eléctricos más baratos, cadenas de suministro menos dependientes del litio y una mayor diversificación tecnológica podrían acelerar la adopción masiva del coche eléctrico.
En un momento en el que gran parte de la atención sigue centrada en las baterías de estado sólido, CATL parece apostar por una solución mucho más cercana y tangible, una que podría comenzar a transformar el mercado antes de que lleguen las tecnologías que hoy monopolizan los titulares.
Fuente:carnewschina













